Horrores baratos

Es difícil resistirse a un libro que se llama Los hombres topo quieren tus ojos. Más si viene en una edición espléndida de tapa dura, con una fabulosa ilustración de John Newton Howitt, buen papel y bella tipografía.

Horrores baratos
24-08-2026 | 10:42

Es difícil resistirse a un libro que se llama Los hombres topo quieren tus ojos. Más si viene enuna edición espléndida de tapa dura, con una fabulosa ilustración de John Newton Howitt, buen papely bella tipografía. La editorial madrileña Valdemar sólo produce libros atractivos, pero sucolección Gótica, tal vez su nave insignia, contribuye a darles respetabilidad a ciertos márgenesde la literatura gracias al formato lujoso y a la convivencia en el catálogo con autores ilustrescomo Dickens, Hawthorne o Henry James. Hace poco se agregaron a la lista los dos tomos de laNarrativa completa de Lovecraft, buena ocasión para estudiar a un escritor al que se sigueconsiderando alternativamente como un genio y como un subnormal. Pero si Lovecraft es objeto decontroversia, no hay duda de que Los hombres topo... está mucho más cerca de los infiernos del malgusto.

En realidad, el libro es una antología dedicada a un tipo muy particular de pulp fiction, laspublicaciones periódicas en papel barato que florecieron entre los lectores populares de lostreinta y los cincuenta y que fueron parientes cercanas de la historieta y del cine B. En estecaso, se trata de un subgénero muy especial del terror llamado weird menace, que apareció enEstados Unidos en revistas específicas llamadas shudder pulps y que llevaban nombres tales comoDime Mistery, Spicy Detective o Weird Tales, indistinguibles en principio de las que albergabanotros estilos como el terror fantástico, la ciencia ficción o el policial negro, familiares quealcanzaron una continuidad mayor y ejercieron una influencia innegable en la ficción literaria ycinematográfica más mainstream. Las historias de la weird menace presentan una mezcla del relatopolicial, el erótico, el grand guignol, el fantástico y la aventura exótica con sus vampiros,sectas, científicos locos, cultos esotéricos y todos los elementos que componen el magma de laimaginación de bajo precio, aunque su rasgo principal es que las intrigas sugieren una presenciasobrenatural de algún tipo, pero se explican finalmente por causas realistas. Las otrascaracterísticas del género son menos nítidas, pero se podrían describir como una gran ambigüedadentre erotismo e hipocresía puritana y una tendencia hacia lo políticamente incorrecto, más bienhacia el ala derecha. En ese sentido, no son infrecuentes en la antología los desbordes demisoginia y racismo, aunque el punto culminante del libro es el último relato, el extraordinarioNovias frescas para las hijas del diablo, una obra maestra del gore de Bruno Fisher, que fue en suvida (1908-1992) un notorio militante socialista y que aquí hace estallar la respetabilidadburguesa sin transgredir en apariencia las fronteras del género.

El trabajo como antólogo de Jesús Palacios es brillante. Aunque es posible que haya queachacarle la invención del neologismo “usamericano” y cierta tendencia al populismo, elprólogo y la selección ilustran el corazón rutinario del género pero también algunas de sus gemas,como los trabajos de Robert Howard (el creador de Connan), Hugh B. Cave, David H. Keller o E.Hoffmann Price. Su descripción y sus comentarios permiten formular algunas preguntas difíciles,como por qué la weird menace se extinguió como una especie devorada por una plaga irremediable opor qué el género no salió nunca del rincón de las curiosidades y los placeres culpables y resultamuy difícil pararse frente a él sin proponer el consumo indiscriminado ni prorrumpir en exabruptoscomo trash, kitsch o camp. A la weird menace le faltó probablemente una ola de críticos francesesque hicieran de algunos de estos jornaleros de la escritura los equivalentes de Alfred Hitchcock,Howard Hawks o Samuel Fuller. Pero algunos no tienen suerte en la vida y ni siquiera después deella.

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