How much?

No estábamos acostumbrados a tanto pragmatismo. Sobre todo, no estábamos habituados a que ese ejercicio desaforado de la practicidad viniera de la mano de una resolución tan taxativa y rotunda que los encadena a proseguir su propia hoja de ruta, no importa a qué precios, ni superando qué obstáculos.

How much?
23-08-2026 | 09:42

No estábamos acostumbrados a tanto pragmatismo. Sobre todo, no estábamos habituados a que eseejercicio desaforado de la practicidad viniera de la mano de una resolución tan taxativa y rotundaque los encadena a proseguir su propia hoja de ruta, no importa a qué precios, ni superando quéobstáculos.
Más importante aún, no se había formateado aún en la Argentina la capacidad de deglutir connaturalidad el otro ingrediente clave de esta malvada trinidad oficial. Porque el pragmatismo másimpiadoso, unido al decisionismo más indoblegable, ha venido adherido a una asombrosa ilusiónóptica, una verdadera farsa.
Es que el Gobierno se presenta, habla y actúa como si fuera alma máter de una obra de audaztransformación social, vanguardia efectiva de una magna epopeya de igualitarismo y reparto de losbienes terrenales. Prácticos, resueltos y, además, conmovedoramente solidarios: así es comoquisieran ser vistos.
Los pocos medios grandes que confeccionan el discurso de la agenda mundial y que merecenrespeto por su rigor y trayectoria (los casos del New York Times y The Economist) suelen retrataral Gobierno argentino como “izquierdista”. Lo alinean, con proverbial candoranglosajón, del mismo lado de Chávez, Ortega, Morales y Correa, todos ellos ardorosos protagonistasdel actual ciclo latinoamericano, aunque es difícil que a la Argentina de los Kirchner se la asociedemasiado con la otra variante posible, seria y consistente, la que suelen personificar Brasil,Chile y Uruguay.


Esencialmente lejos de toda transformación verdadera, lo cierto es que, siempre atípica ycasquivana, la Argentina suele perfilarse como un país cambiante, imprevisible y desconcertante,una comarca cuyos gobiernos de estos años (y el viento social favorable que los ha acompañado), espropicia a los desplantes cosméticos más audaces, un país donde las construcciones colectivas y lasolidez de las arquitecturas institucionales son de una indigencia patética.
La historieta del pobre diputado Alberto Cantero es de poder simbólico perfecto. Presidentede la Comisión de Agricultura de la Cámara baja, Cantero ha confesado con una enternecedorasinceridad un pifie, un error. “Cuando los asesores técnicos me trajeron todos losexpedientes para firmar, pregunté si se habían hecho las correcciones, y me respondieron que sí.Por eso los firmé. Si lo hubiera leído como correspondía, no se me pasaba semejantecontradicción”, le dijo a Laura Serra, de La Nación. Pasó que en el plenario de lascomisiones de Diputados, admite, “todos los bloques habíamos acordado que en los proyectos deemergencia agropecuaria provinciales se eliminarían todos los beneficios que no estuvierancontemplados en la ley de emergencia general. Así se hizo, pero en el proyecto referido a BuenosAires se eliminó sólo un artículo –el que disponía una ayuda de 300 millones de pesos–pero no el artículo 4, que establecía la suspensión de las retenciones en varios distritos”.¿Entonces? “El Congreso tiene todos los mecanismos de análisis y control de los proyectos,pero en la dimensión humana siempre está la posibilidad del error. Lo que la gente quiere es que sereconozca la equivocación y se la repare, que es lo que estamos haciendo. Tenemos queacostumbrarnos a decir la verdad y a no sentirnos omnipotentes”, filosofa.
Esgrime una sinceridad elogiable, pero en verdad la chapucería que obligó al vetopresidencial de una ley embarrada por sus propios diputados, revela, otra vez, pura anomia,vocación de manada e imperio crudo de la voluntad monárquica del Ejecutivo.
Los casos de Roxana Latorre y María del Carmen Alarcón, succionadas por el Gobierno conefectividades conducentes, es otro recordatorio atroz de la fragilidad desesperante de la cosapolítica argentina. Sumergido en un nihilismo rancio y desorbitado, el sistema ha dejado de ser unedificio de normas, entendimientos y convergencias racionalmente meditadas y avaladas, paratransformarse en un campo de batalla desopilante y a la vez apestoso, además de ser ya un sitio desubasta pública. Las ínclitas mujeres santafesinas fueron literalmente adquiridas en el mercado decompra-venta política, como los senadores de Tierra del Fuego, electos como representantes de ARI yahora masticados por el Gobierno nacional.


Ante cada dilema de políticas estratégicas, reina, majestuosa, una sola pregunta verdadera:¿cuánto cuesta cada quien? En ese sentido, el Gobierno es buen pagador.
Ahí está, por otro lado, el caso del kirchnerismo porteño, obliterado de la Legislatura de laCiudad luego de sacar sólo el 11 por ciento de los votos el pasado 28-VI.
Parte de este raquitismo escandaloso y que no sólo afecta al oficialismo, se exhibió en elmás bien penoso caso de la Policía metropolitana, a cuyo frente Mauricio Macri designó a unprofesional de trayectoria cuyo nombramiento nunca supo defender. Más que sacrificado porimputaciones que hasta ahora no de-mostraron solidez plausible, el comisario Jorge Palacios fuedevastado por el desesperante cabildeo y las flaquezas del propio jefe de Gobierno porteño parajugarse por sus decisiones, algo potenciado por la endeblez de PRO, un partido que no se haconstituido en una colectividad política orgánica y enjundiosa.
Por todas partes, el mismo virus reina supremo, y prevalece en consecuencia eseindividualismo exacerbado que, lejos de premiar el talento, ha convertido a la Argentina en unasociedad permisiva para los despotismos mesiánicos de bajo o alto voltaje.


Es la era del maquillaje. La Presidenta presenta un proyecto de ley para democratizar a losmedios y se hace buches con la palabra pluralismo, pero, sin necesidad de nuevas leyes, ¿cuántopluralismo verdadero hay en los contenidos de los medios gubernamentales, a los que, supremaperversión, bautizó como públicos? ¿Puede creerse en el supuesto compromiso con la diversidadcrítica de un gobierno que, en sus propias responsabilidades de informar y permitir el acceso a lanoticia, practica un vergonzoso dogmatismo monocolor?

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