Según han dejado trascender sectores involucrados, el secretario de Comercio Interior, miquerido amigo Guillermo Moreno, ha ordenado “verbalmente” la prohibición de importarproductos alimenticios que tengan alternativas de producción en el país, en especial desde Europa.El argumento central de esta medida, al parecer, es el temor a una invasión de productosimportados, dada la perspectiva de una baja en la cotización del euro, y una fuerte recesión enEuropa, que haría que dichos productos “sobraran” en su mercado original o fueran, porrazones cambiarias, mucho más baratos que en la actualidad. Una importación de estascaracterísticas terminaría, siempre según este razonamiento, por destruir el trabajo argentino, alobligarlo a competir con productos “artificialmente” más baratos.
Aun aceptando este planteo, existen medidas alternativas a la de la prohibición lisa y llana,con mejores resultados, pero sobre ello me explayaré al final.
Quería, mientras tanto, tomar el argumento de la prohibición para analizarlo con mayorprofundidad.
Supongamos, economista al fin, que la importación de productos bajo estas característicasefectivamente “destruye trabajo argentino”. Si esto es así, lo primero que deberíamoshacer es cerrar la frontera a la inmigración de trabajadores.
En efecto, cuando ciudadanos extranjeros emigran a la Argentina a ofrecer trabajo, compiten contrabajadores argentinos; por lo tanto, “destruyen trabajo argentino”. No sólo eso,también reducen los salarios de los trabajadores locales, dado que, en comparación, estándispuestos a trabajar por una remuneración menor. Desde el punto de vista estrictamente económico,resulta equivalente que se importe trabajo extranjero a través de un producto elaborado fuera delpaís a que se importe trabajo extranjero, directamente, con un trabajador produciendo ese productoen la Argentina.
Se podría argumentar que no es lo mismo, dado que si el producto se fabrica localmente“agrega valor” en el país. Eso es cierto, pero también agrega valor en el país unproducto importado. Dado que ese producto, para llegar al consumidor, pasa por la misma cadena queuno fabricado localmente. Un producto importado, salvo por el componente de fabricación, tambiéngenera “trabajo argentino”. Por lo tanto, la Argentina debería cerrar sus fronterashasta que nuestra tasa de desempleo sea cero. Antes que sea tarde, no estoy proponiendo laprohibición de la inmigración (aunque la Argentina se debe un debate serio y no demagógico,populista y electoralista, sobre el tema), estoy planteando la inconsistencia del razonamiento delGobierno. Si se trata de proteger el trabajo argentino contra el extranjero, da lo mismo que esetrabajo venga en “forma de producto” o en “forma de trabajador”.
Permítanme seguir un poco más por este camino del absurdo.
Imaginemos ahora que nuestros socios comerciales deciden “copiar” la medida deMoreno, dado que les parece brillante. Por lo tanto, prohíben la importación de productosargentinos, puesto que nosotros mantenemos nuestra moneda “depreciada” (el tipo decambio alto que siempre rescata el Gobierno), mientras que ellos, en especial los brasileños, hanrevaluado su moneda frente al dólar. Es decir que vendemos trabajo “artificialmente”barato al resto del mundo. Si toman una medida equivalente, no podríamos vender autos argentinos,ni alimentos argentinos, ni software argentino y estaríamos mucho peor.
Dicho sea de paso, prohibir la importación de alimentos “gourmet” es una medidatotalmente regresiva, porque aquellos argentinos que pueden viajar y frecuentar los free-shops (delos que el Gobierno argentino es socio) podrán acceder a estos productos, y encima sin impuestos,mientras que el resto de los argentinos no.
¿Y entonces? Entonces, muy sencillo. Si lo que le preocupa a la Secretaría de Comercio es unaeventual invasión de productos alimenticios europeos importados, basta con establecer, como ya hahecho para otros sectores, restricciones cuantitativas (cuotas voluntarias o no) o, inclusive, unsobrearancel transitorio para mantener el valor actual de dichos productos, recaudando, de paso,más impuestos. La verdad, si es cierta, no se entiende el objetivo de la prohibición. A menos quehaya algún “negocio” detrás que, como todos los negocios de este Gobierno, a mí se meescapa.




