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Imágenes discordantes

24-08-2026 | 19:08

Escribo esto hace unos días. Es miércoles. Mientras espero que me censen me invade una certerapero indefinible sensación de recuerdos futuros. En tres días más las exequias lo habrán ocupadotodo, y esta columna lanzada hace tres días será noticia vieja.
Kirchner se ha muerto.
Mi suegra llama para avisar, porque supone que aún no nos hemos enterado. En efecto, prendola televisión y descubro que no funciona. Algo en el tubo se venía quemando desde hacía unos meses,y en casa se usa tan poco que seguramente se quemó hace días y no nos dimos cuenta. Justo hoy, queocurren las ceremonias por excelencia del peronismo de mi época (el peronismo sabe mezclar exequiascon festejo de una manera intraducible a otras realidades), me resigno a escuchar programas sin vernada. No es la muerte de un ser cercano. Tampoco me deja indiferente. La televisión sin imagentiene hoy algo digno de un relato de Murakami. Las voces (usualmente chillonas y llenas depropaganda) se han puesto graves y medidas. Los amigos reunidos a aplaudir al ex presidente pasanrevista a sus actos y la lista de episodios que lo dignifican es detallada y extensa. Los enemigospolíticos suenan más dispuestos a la consternación que al festejo. El cardenal Bergoglio hace unamisa y usa 35 veces la palabra “ungido”. Las descripciones de banderas a media asta enPlaza de Mayo, y por qué no en el Banco Central, son –en la imaginación sin imágenes que meofrece mi pantalla– más grandilocuentes que su constatación visual. ¿Pasará todo el día sinpoder atisbar nada de este evento, tan singular e irrepetible como la muerte misma? En lo que quedade esta semana alguien ya armará un cóctel con lo mejor, alguien curará el evento por mí y lo veréen todos los rincones. Pero no hoy. Así es que hoy aprovecho para pensar sin los ojos. Las imágenesson –como la figura que despide el país entero– contradictorias. Y obligados al balanceque impone esta desgracia, descubro que –no siendo muy kirchnerista– no me da ningunavergüenza reconocer que todos los otros presidentes que he tenido me daban una vergüenza enorme.
Y éste no.

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