Tal vez tenga razón Rafael Spregelburd al señalar que “la diferencia entre el ViejoContinente y el nuevo es sensata”. Pero tal vez, también sea cierto que esa misma sensatez,que pone a los procesos históricos como madre de todas las diferencias y repeticiones, embrolletodavía más el panorama. Porque para representarse a sí misma, como quiere Spregelburd, la culturaeuropea necesita de dos espejos simétricos, América y Asia, a los que respectivamente considera (enTristes trópicos, Lévi-Strauss estableció el sistema) el pasado y el futuro de la humanidad(entendida como esa cosa típicamente europea). Somos, para los europeos, el pasado, y les llevamoscon nosotros un espíritu festivo, una sensación de cosa no reglada del todo, el permanente derramehacia los márgenes de las codificaciones: la montonera y la indiada. Eso es lo que les gusta denosotros (un nosotros que sólo ellos son capaces de sostener con tanta inocencia): la mescolanza delo alto y lo bajo, lo trágico y lo cómico, lo público y lo privado. El teatro de Spregelburd lesparece, en ese punto, el ejemplo más acabado de esa mixtura que ellos ya no pueden mirar sinmelancolía. ¿Qué entenderán de tales desenvolvimientos culturales? Ellos, que se reservan el lugarde supuesto saber, pretenden poder categorizarlo todo y hacen, de los buenos salvajes que a susojos somos, motivo de entretenimiento. Nos alaban, nos envidian y nos reclaman la ficción, lagracia, la imaginación portentosa y desmesurada. Pero en cuanto la conversación, se corre un ápicehacia cuestiones estatales, mueven la cabeza con pena. Ay, ay, ay: cómo les cuesta entendernuestras políticas.
Paranoia, de Rafael Spregelburd, no hace sino presentar eso al público europeo: lasinteligencias superiores, para no destruir el planeta, reclaman un tipo de ficción que supone almismo tiempo la variación infinita, el reconocimiento, la impersonalidad y la generalidad (pero no,nunca, la universalidad). Para decirlo de otra manera, el eurofascismo cotidiano encuentra hoy unlímite en los desbordes sudamericanos (sean éstos de llanura, de selva o de montaña). Sólo nosotrossalvamos al mundo de su inminente catástrofe.





