Implacables

Por donde se lo mire, no tiene vueltas. Lo que dicen y callan es lo que piensan y ya no ocultan. Exhiben furor, desprecio, ira y despecho.

24-08-2026 | 07:29

Por donde se lo mire, no tiene vueltas. Lo que dicen y callan es lo que piensan y ya no ocultan.Exhiben furor, desprecio, ira y despecho.
El decisivo miércoles de la ausencia de Carlos Menem del Senado, festejada por los Kirchnercomo gran triunfo, el siempre hipertenso y agarrotado Miguel Angel Pichetto lo enunció sin pudordesde el canal del Gobierno. Se quejó de una presunta falta de autoestima nacional de políticos,empresarios y periodistas que admiran –dice– lo que sucede en otros países, pero noaprecian lo propio. Pichetto peroraba en la TV gubernamental sin interrupciones ni repreguntas.
En el penoso show nocturno 6, 7, 8 que la televisión “pública” tiene paradefender “el modelo”, sólo hay espacio para el Gobierno, el resto no existe. DanielFilmus y Pichetto se explayaban sin ser importunados, acompañados de otro senador, un fueguino exARI conchabado por el oficialismo. “Las instituciones son menos importantes que el cambiosocial”, decía, impunemente, otro panelista, ufanándose de ser periodista y politólogo,mientras que la única mujer de esa mesa nocturna acusaba con voz metálica a la oposición, a la quetildaba de ser sólo una confesión religiosa.
En ese marco de unanimidad blindada que caracteriza al programa emblema del más obsecuenteoficialismo todo terreno, Pichetto denunció la supuesta deficiencia de autoestima que lleva aenvidiar lo que, en realidad, abundaría por aquí.

Cuando en Le doy mi palabra le subrayé hace un par de semanas a Ricardo Forster, por Canal 26,ese rasgo totalitario de falta absoluta de pluralismo en la radio y la TV gubernamentales, elintelectual K me replicó, molesto: “¿Cómo decís eso, si una vez en la TV‘pública’ la invitaron a Sandra Mihanovich para que debata conmigo?”.
Michelle Bachelet fue a la cumbre de Cancún de la semana pasada junto al presidente electoSebastián Piñera, mientras que hace una quincena el uruguayo José Mujica se presentó en Punta delEste junto a los ex presidentes Sanguinetti y Lacalle para recibir a inversionistas potenciales enUruguay. Son casos inimaginables en una Argentina abrumada por el monocolor excluyente delkirchnerismo. Para no hablar de los Estados Unidos.
Mientras Cristina Kirchner vive desesperada porque Barack Obama no le concede su soñadaentrevista bilateral, y se presenta como logro que Hillary Clinton tal vez la salude en Montevideo,a donde viaja para la asunción de Mujica como presidente, Washington muestra la exacta contracaradel pedregoso kirchnerismo argentino.
El jueves, el presidente Obama cruzó caminando la calle que separa la Casa Blanca de la BlairHouse, una mansión pública usada para recibir a huéspedes oficiales. Allí participó de un foroorganizado por él mismo para discutir con la oposición la nueva ley de salud pública, estancada enel Congreso y a la que los gobernantes demócratas han convertido en clave de su gestión.
Obama, el vicepresidente Joe Biden y la presidente de la Cámara de Representantes, lademócrata Nancy Pelosi, se sentaron junto a unos cuarenta legisladores de ambos partidos, en unamesa en forma de o.

El foro, de varias horas, se transmitió en vivo por televisión. Obama no habló desde un atril nise valió de teleprompter. Ni siquiera abrió con una arenga; se limitó a pedirles a los dos partidosque abandonen sus caballitos de batalla y se involucren en una discusión real y sin libreto previo.Admitió que el foro tal vez no lograría reducir profundas diferencias filosóficas existentes entrerepublicanos opositores y demócratas en el poder: “No sé si ese abismo puede franquearse ypuede que al final digamos ‘bueno, tenemos algunas honestas discrepancias’, pero mequiero asegurar de que esta discusión sea un debate de verdad y no sólo un intercambio de temas deconversación”, aclaró.
No le fue bien, al cabo, y al terminar el foro se evidenció que Obama y la oposición nohabían logrado ponerse de acuerdo. Pero Obama lo intentó. Ambas partes se reconocieron y selegitimaron, como expresiones de un mismo país.

¿Alguien imagina a Néstor o a Cristina Kirchner en un foro con opositores como el organizado porObama? Obama apostó a la sociedad civil y a que el pueblo norteamericano reconocerá en losdemócratas mejores ideas para la cuestionada salud pública de los Estados Unidos. La oposición y elGobierno se vieron las caras en un maratón cara a cara y a la vista del público.
No es baja autoestima lo que impulsa a muchos argentinos a suspirar de melancolía ante losejemplos de Bachelet, Mujica y Obama, versus la estólida realidad argentina, con un gobiernovisiblemente desinteresado en acordar algo con nadie. Es un impresionante contraste.
Cristina vive obsesionada por ser recibida por Obama o, en su defecto, al menos por Hillary,pero sería sencillamente incapaz de hacer aquí lo que es mera rutina para Bachelet y Mujica,aceptar que existen otras realidades, otras personas,
otras ideas.

La patética escapada de los kirchneristas del Senado ratifica que el Gobierno se ha parado en elring dispuesto a prevalecer como sea. Si no puede superar al adversario por derecha, lo hará comoesos boxeadores que cabecean para lastimar o pegan donde está prohibido. Es capaz incluso dearrojar el banquito donde descansan entre rounds. O, de última, colgarse de las sogas delcuadrilátero.
Todo vale, hasta el apoyo indescriptible del hasta ayer “innombrable” Carlos SaúlMenem. El único funcionario que jamás agravió al ex presidente, e incluso le manifestó cariño, esel jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, pero Kirchner en cambio hizo cuernos con los dedos y se tocólos testículos ante las cámaras de televisión cuando el Dr. Menem juró como senador nacional en2007.
Con una Presidenta que zamarrea a Obama (“me decepcionó”) y un oficialismo quedeja sin quórum al Senado para evitar quedarse en minoría, con medios estatales convertidos entribunas cloacales del más pedestre stalinismo, la Argentina exhibe la lúgubre y deprimente imagende una sociedad vieja, gobernada por gente sistemáticamente enojada.

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