Uno supone que, dentro de 200 años, los protagonistas de esta Argentina del Bicentenario seránaceptados como los miembros de la Primera Junta de l8l0. Falsa suposición: con el muestrario actualde mezquindades y ambiciones, vanidades e ignorancias de quienes hoy pueblan el poder, una dudarazonable es sospechar que tal vez no haya Argentina dentro de dos siglos en esta parte delcontinente. Tendencia no atribuible solamente a la manifiesta falta de madurez de su pueblo, a lacondenada interpretación tanguera de que 200 años no es nada, sino a la contumacia de persistir enla fragmentación, en postergar ciudadanos, reducirlos, hacerlos emigrar si se pudiera; la felicidadefímera, en suma, de quienes reiniciarían la guerra civil que siguió al Cabildo abierto de entoncesporque suponen que el país les pertenece. Una demencial vorágine, deliberada, justo en la fecha delas celebraciones.
Solicito disculpas por la intromisión futurística del anterior párrafo, pero alguna frasepropia merece el Bicentenario (finalmente, la vanidad argentina es general). Después, lachamusquina de siempre, como el descalabro paraoficial a la hora de conseguir un determinadonegocio (Telecom), quizás por nominar empresarios de cierta índole nacional, no lugareños (como losexitosos Ferrreyra, López, Báez), menos idóneos de lo que la pareja oficial imaginaba. Deslizinaceptable para un Néstor que, en ocasiones, no puede estar en la misa y en la procesión.
Desde hace dos meses Duhalde organizaba su acto en Córdoba, con asistencia de tres mil almas.Ya es público su armado presidencial (la candidatura, obvio), acompañado por Obeid en Santa Fe,Busti en Entre Ríos, Mondino en Córdoba, el vice de Jaque en Mendoza, tratando de convencer a Macripara que se limite a la Capital y otorgándole preeminencia a Massa en Buenos Aires –dice quemide más que De Narváez, que habría cedido en los sondeos más populares por su origenextranjero–con Graciela Camaño de segunda. Con este paquete, cree, ya puede salir al exteriordespués del Mundial, predicar su fe y convencer de que el peronismo federal es una alternativa. DeReutemann no habla: le parece que ya lo sometió por haberlo primereado. También muestracolaboradores cercanos, tipo Roberto Lavagna, a quien le garantizan la jefatura de Gabinete. Eleconomista asiente, aunque también dialoga con el radical Cobos, quien le ofreció lavicepresidencia en su fórmula. Otro que subió raudo es Martín Redrado, promesa de Ministerio deEconomía si ganan, a pesar de que las mediciones duhaldistas sobre el ex titular del Banco Centralsuperan a las de Macri y las de Gabriela Michetti en la Capital.
Para Scioli, el mundo se ha dislocado: viene aceitada la relación con la Casa Rosada (fondos)pero ha comprobado que su propia aspiración presidencial está sepultada: ese cartel le pertenece aNéstor. Por lo tanto, debería confiar en que podría renovar en la gobernación. Sin embargo, algúnterror interno lo sacude: teme que el kirchnerismo haga un arreglo con De Narváez y éste,finalmente, se postule a gobernador en esa franja y lo desplace. Ya trascendió que Néstordisfrutaría con el tucumano José Alperovich como segundo y, por lo tanto, el destino de Scioli–para robustecer el kirchnerismo bonaerense– podría ser el de candidato a senador. Unadisminución amenazante. Igual, esa aritmética tropieza con un De Narváez que continúa como críticomoderado del Gobierno en su improbable afán presidencial. Y algo más: la velocidad de una nuevacausa judicial contra De Narváez, impulsada desde el exterior y radicada en Mar del Plata, puedeacelerarse –según mentas– de acuerdo a la voluntad o no del Gobierno.
Macri se agranda en la gente con las imputaciones judiciales y sus reyertas con el juezOyarbide y la señora de Kirchner, pero se aterroriza de que alguna lo pueda quebrar. Por estascontingencias se ha desenfocado, pierde el tiempo, aunque gana hasta en terrenos insólitos. Laanécdota ética entre Macri y Cristina por el Colón han sido sustanciales; importa, sí, la claseteórica de Economía que brindó la Presidenta en España sobre la continuidad del capitalismo.Sorprende que estas propuestas adelantadas, casi revolucionarias para Ronald Reagan, no logreninteresar a los posibles inversores en la Argentina.
Más allá de discursos, de este nuevo capitalismo, a la Presidenta y su marido los indigestóel último fiasco con Telecom: creyeron que habían alcanzado el orgasmo cuando le llevaron lapresunta conformidad de la compra de la mitad de Telecom por parte de Matías Garfunkel, por unacifra superior a los 700 millones de dólares, operación celebrada en Italia por el joven empresarioquien, antes de viajar, estuvo con la mandataria. Duró poco la vigencia de ese mensaje escrito queacercó José María Olazagasti, influyente secretario de Julio De Vido, entusiasta del grupo de rockdel hijo del ministro y hasta colaborador del estadio ad hoc que grupos cercanos planean en SanIsidro, con la asistencia del intendente Gustavo Posse y de Bruno Quintana por el Jockey Club. Unnegocio trae al otro. Sea por falta de avales u otras efectividades conducentes, Garfunkel –aquien acompañaron su ahora alter ego Jorge “Corcho” Rodríguez y Raúl Moneta– sedesvió a Nueva York con una pimpante eslava para salir del stress, no sin antes firmar contratos ypagarles a nuevos abogados y a un gestor, Lucca Simoni, un hombre conocido en la noche romana yyerno de Carlos Sergi, imbatible ganador de licitaciones y otros convenios con el Estado argentinoa lo largo de los últimos cuarenta años, sin distinción de militares, radicales, peronistas,menemistas o kirchneristas. Notable la capacidad dispendiosa de este Matías, con escaso estilo porser también un Madanes, casi un pródigo desde que se divorció, comprando aviones, casas y figurandoen los catálogos de las discotecas como número uno como cliente, hábitos que deben revolver en latumba a su austero abuelo Marcos, que hizo la fortuna y que, con diversas suertes, mantuvieron susdos hijos, el ya muerto Jorge y Andrés. Nadie sabe si este elegido por el dúo presidencial ya estáen condiciones de adquirir el porcentaje libre de Telecom. Lo cierto es que por ahora la operaciónentró en un impasse y los otros oferentes (del oficialista Román al no menos oficialista Ellsztain,y al siempre oficialista Eurnekian) no parecen disponer del efectivo que reclaman los italianos,que juran que nunca les venderán su parte a los kirchneristas, aunque si aparece la plata tal vezse dignen a conversar. La última conversación fue un desastre.




