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Infalibilidad papal

Basta un sencillo análisis estadístico para probar que la pedofilia –ese flagelo que amenaza las finanzas de la Iglesia con demandas en no menos de dos mil despachos judiciales del mundo occidental– no es causada por el celibato de los sacerdotes, aunque la tasa de pedófilos entre laicos célibes nunca sea tan alarmante como entre curas.

Infalibilidad papal
23-08-2026 | 07:25

Basta un sencillo análisis estadístico para probar que la pedofilia –ese flagelo queamenaza las finanzas de la Iglesia con demandas en no menos de dos mil despachos judiciales delmundo occidental– no es causada por el celibato de los sacerdotes, aunque la tasa depedófilos entre laicos célibes nunca sea tan alarmante como entre curas. El mito del celibato–y de los estigmas a él asociados, la castidad y/o la soltería– es tributario del mitomachista y seminal de la descarga del Antiguo Testamento que culmina, con una leve sofisticación,en las tesis sobre la “energía libidinal” del Dr. Freud. Habrá que recordar que elonanismo de Onán que movió al Dios de los judíos (y padre del Salvador), a fulminarlo con su rayodivino no era el onanismo tal como lo practicamos. El pecado de Onán fue desobedecer la ley dedarle hijos a la viuda de su hermano y aprovecharse de esta herencia fraterna, copular“arrojando sus semillas a la tierra”, según se cuenta en Génesis/38, inaugurando así laeficiente práctica que nosotros reconocemos como “acabar afuera”. La prohibición deaquel “onanismo” apuntaba a fortalecer la familia y a promover varones de relevo parasus trabajadores y soldados, y fue reformulada por la Iglesia Romana en la temprana Edad Media,aplicándola al combate contra la masturbación, deporte nacional de todos los pueblos y de muchoscolumnistas de PERFIL. En fuentes tan antiguas como Clemente de Alejandría y San Jerónimo, queescribieron hacia final del Impero, se funda la proscripción del preservativo, que tantas vidassuele salvar. Este y otros tantos falsos dogmas son los factores que convierten a la Iglesia en unainstitución donde prima el ridículo y el sinsentido. Y cuando alguien tolera tanto ridículo sevuelve un hipócrita proclive a la pedofilia y a toda clase de perversiones mal practicadas, puestoque las hay bien y delicadamente practicables. Consta que este Papa no es pedófilo, lo que noexcluye que pueda llegar a ser hasta cosas peores. Ahora cuentan que ha dicho que la pobreza en laArgentina es un escándalo, como si estuviese conjurado con el demonio para ocultar la evidencia deque el escándalo es la riqueza, no sólo por su insatisfactoria distribución, sino por su propianaturaleza de “becerro de oro” adorado como meta colectiva de una sociedad que quierecrecer para ser como las tan admiradas que han crecido. Nadie querrá entenderme: a mí me hanacusado de apoyar al Papa por compartir con Roma el repudio al aborto. Ojalá alguien a mi derecha oa mi izquierda llegue a comprender que la aceptación del crimen prenatal es otro síntoma del mismomal que funda la sed de crecer y la escandalosa riqueza.

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