•negacion y reprimenda

Inflación, la palabra maldita

El aumento de precios no se detiene y el oficialismo reacciona con selectiva esgrima verbal. Los Kirchner ya tienen su plan B para 2011.

24-08-2026 | 10:47

Prohibido pronunciar la palabra inflación.” Esa es la orden que bajó a susfuncionarios el matrimonio presidencial. Por lo tanto, cada vez que alguien habla de eso, lasespadas mediáticas del Gobierno deben salir a negarlo y a defenestrar a la persona que pronuncia lapalabra maldita. Obvio que no a todas las personas: así, por ejemplo, si el que habla de “lainflación” es Julio Cobos le toca al ministro del Interior, Florencio Randazzo, tratarlo de“mentiroso”. Pero si el que dice exactamente lo mismo que el vicepresidente es HugoMoyano o el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, un hombre K, nadie del oficialismo osadecirles nada. Claro que abajo está la gente que no necesita que ningún funcionario gubernamentalle cuente la realidad, ya que esa verdad la vive a diario cuando va a hacer las compras. Allí lasgóndolas de los supermercados enflaquecen cada día un poco más los bolsillos de los consumidores.Es por ello que los obispos han decidido ponerse a trabajar en la elaboración de un documento en elque se exponga esta realidad. La idea es que coparticipen de su firma tanto empresarios comorepresentantes de los trabajadores. Los efectos deletéreos que sobre quienes menos tienen producela inflación es algo que la Iglesia conoce muy bien. Las demandas sobre Cáritas siguen siendoincesantes, y no sólo por parte de personas que no tienen trabajo sino también de muchos otros que,aun cuando se desempeñan en algún empleo, no llegan a fin de mes. El nivel de asistencialismo quese requiere en la Argentina es altísimo y es la consecuencia de una gran desigualdad social quesigue sin achicarse significativamente. Y este no es sólo un problema de este gobierno. Locriticable de esta administración es su obcecación en creer que, por el camino que vamos, sinacuerdos políticos básicos que permitan cambios estructurales del modelo económico vigente,llegaremos al paraíso.

A pesar de conocer esta realidad, los gobernadores oficialistas que en Olivos compartieron elalmuerzo con el matrimonio presidencial el lunes pasado, decidieron no abrir la boca. Allí laPresidenta les pasó facturas por lo que ella entiende que es una defensa débil de su gestión. Elresultado de ese encuentro, en el que el Gobierno volvió a usar la metodología de apropiarse de lostemas de sus adversarios con la finalidad de neutralizarlos, fue de suma cero. En esta ocasión eltema fue el de la ley del cheque y su derogación a futuro. “En realidad lo que la mayoría delos gobernadores quiere no es la derogación del impuesto sino una redistribución diferente, másequitativa y menos discrecional”, confiesa el asesor de uno de los mandatarios provincialesque no salió contento de Olivos pero que se mantendrá leal a los Kirchner. Lo mismo que con la Leydel Impuesto al Cheque ocurrirá con la de Coparticipación; el ex presidente en funciones laanunciará esta semana como un proyecto a discutir, en la seguridad de que esa ley nunca saldrádurante el gobierno que comparte con su esposa.

De lo ocurrido en esa reunión con los gobernadores oficialistas se desprende claramente que nila Presidenta ni su esposo tienen la más mínima intención de soltar la caja. “Es que sin cajano hay proyecto presidencial posible”, ratifica una voz del kirchnerismo. Y el desvelo, tantode Néstor Kirchner como de su esposa, pasa por el 2011. En el ideario del matrimonio presidencialanidan dos aspiraciones: una, de máxima, es la de Néstor Kirchner como futuro presidente de laNación; la otra, de mínima, ante un eventual triunfo de Julio Cobos, es la del hoy ex presidente enfunciones como jefe de la oposición. “Saben que cualquier otra circunstancia los dejará a laintemperie y eso les traerá consecuencia políticas y judiciales adversas”, agrega esa mismafuente.

Desde ese punto de vista, la semana que pasó fue buena para el Gobierno. El fallo de la Sala IVde la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo le permitió destrabar el uso dereservas del Banco Central y avanzar con la reapertura del canje de deuda que se intentaráoficializar el próximo 14 de abril. Esta vez, por lo tanto, la Presidenta no habló del partidojudicial. Es que para ella los jueces que dictaminan a favor del Gobierno son honestos, probos eindependientes, y quienes lo hacen en su contra son deshonestos y están comprados. Claro que haymagistrados deshonestos; un ejemplo de ello es el del destituido juez federal de Zárate-Campana,Federico Faggionato Márquez. El problema es que al Gobierno sólo le preocupa la deshonestidad delos que dictan sentencias que le son adversas.

La salida del default es un asunto que, salvo en los sectores de la izquierda, es reconocidocomo fundamental para buscar la reinserción de la Argentina en el mundo. Fue una de las ideas conlas que inició su gestión Martín Lousteau, el primer ministro de Economía de Cristina Fernández deKirchner. Por ende, sólo un gobierno con una filosofía basada esencialmente en la confrontaciónpermanente ha transformado un tópico en el cual habría podido lograr acuerdos con buena parte delarco opositor, en otro en el cual lo que abunda es el enfrentamiento sin cuartel. “Hay unhecho que explica esto: tales acuerdos habrían dejado al descubierto la necesidad de sincerar elPresupuesto 2010, un dibujo que, sin el aporte de las reservas del Banco Central, no cierra. Y esesinceramiento es algo que el Gobierno no está dispuesto a conceder”, cuenta una voz deloficialismo que el lunes pasado, con gran euforia y llenándola de elogios, saludaba a la Presidentaen Olivos.

La ecuación política de suma cero que hoy experimenta la Argentina tiene su otra pata en laoposición, cuyo problema principal, que comparte con el Gobierno, es no haber comprendido elmensaje de las urnas de la elección del 28 de junio pasado. Producto de esto es la poca capacidadque ha demostrado tener, hasta aquí, para generar acuerdos mínimos que sirvan de base para llevaradelante el rol que le corresponde en un gobierno democrático: el de control. Y por ese resquicioel matrimonio presidencial avanza sin pausa y con prisa en la concreción de su objetivo de máxima:el de paralizar al Congreso, cosa en la que hasta el momento viene siendo exitoso.

En la oposición, además, hay varios dirigentes que se comportan como si ya fueran los candidatospara una elección en la que creen que ganarán con comodidad. Al actuar así, cometen un doble ygrave error de apreciación: el primero es el de subestimar a Néstor Kirchner; el segundo, el de nodarse cuenta de que el exceso de personalismos produce, en aquella porción de la población quebusca alternativas al kirchnerismo, un alto nivel de frustración, porque denota la misma falta devocación por generar acuerdos mínimos que se le critica al matrimonio presidencial.
La fragmentación de la oposición es uno de los objetivos del oficialismo, y en eso, quientrabaja a destajo es Néstor Kirchner. Cuenta para ello con la ayuda inestimable de varios de susmás enconados adversarios.

Es por ello que, en la semana que pasó, reapareció con fuerza el recuerdo de la figura de RaúlAlfonsín. A un año de su fallecimiento, la imponente manifestación que se produjo durante susexequias fue un claro mensaje enviado por parte de quienes, aun discrepando con su gobierno,valoraron su honestidad, su voluntad de acuerdo y su vocación de tolerancia en aras de laconstrucción de una sociedad plural. Es un mensaje que una parte importante de la clase políticaargentina aún demuestra no haber comprendido.


Producción periodística: Guido Baistrocchi.

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