•EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

Inflación: profecías autocumplidas

Según la mitología griega, Pigmalión esculpió la estatua de una mujer tan bella que se enamoró perdidamente de su obra.

28-07-2026 | 13:11

Según la mitología griega, Pigmalión esculpió la estatua de una mujer tan bella que se enamoróperdidamente de su obra. Afrodita, la diosa del amor, se conmovió y le concedió vida a laescultura: la piedra se hizo carne y el deseo de Pigmalión, realidad. La psicología social,basándose en uno de los significados de este mito, denomina al fenómeno descripto “profecíaautocumplida”, “realización automática de las predicciones” o “efectoPigmalión”. Esto es, una premonición que, una vez hecha, es en sí misma, la causa de que sehaga realidad.

Paralelamente, gran parte del fenómeno inflacionario argentino se explica a partir de lasexpectativas de los agentes económicos; los precios empiezan a tener una dinámica propia que surgede la percepción o –mejor dicho– de la incertidumbre de los agentes.

Esto es, empresarios que remarcan los precios de sus productos, en función de lo que ellos“creen” será la inflación del año y trabajadores cuyos reclamos salariales intentanrecuperar el poder adquisitivo de su ingreso, según su propia percepción acerca de los incrementosfuturos.

La distorsión de precios relativos que implica este proceso, se potencia por la falta deestadísticas confiables que muestren fehacientemente cuál fue la inflación del período pasado.

En este marco de desconcierto, nadie quiere ceder parte de su ingreso, todos ajustan para arribay una vez comenzado, este círculo vicioso se hace muy difícil de detener. A fin de cuentas, el“verdadero” aumento de precios termina siendo similar al que los agentespredijeron.

Demás está decir, que el verdadero germen de la inflación deviene de las políticas públicas deimpulso a la demanda agregada (política fiscal expansiva, inyección de liquidez y tipo de cambiodevaluado) en un contexto de escasa inversión y con una utilización de la capacidad instalada enpleno empleo. Sin embargo, en este caso el mecanismo de transmisión del incremento de preciostermina siendo más peligroso que la causa primigenia. La inflación ya no crece en línea con laexpansión monetaria, ni se parece a la tasa de devaluación del peso respecto del dólar, ni a latasa de aumento del déficit fiscal. Por el contrario, el espiral inflacionario parece tomar vidapropia y crece por encima de cualquier indicador.

Por lo tanto, si bien es importante desarrollar un programa integral que revierta las causasoriginarias de la inflación, resulta urgente atacar frontalmente las expectativas de losagentes.

Mientras se decide comenzar a ordenar la política fiscal, moderar el gasto público y definirpolíticas –monetaria y cambiaria– subordinadas a frenar el aumento de precios, resultaimprescindible la implementación de reglas claras e inquebrantables que generen estabilidad yconfianza, empezando por la normalización del Indec y siguiendo con la instrumentación de unesquema de metas de inflación por parte del BCRA.

Ahora bien, para que la actual administración lleve a cabo estas acciones concretas, debe nosólo reconocer la voracidad del incremento de precios, sino también interpretar este fenómeno comoun problema, más que como una herramienta de política electoral.

Precisamente, la pérdida de valor de la moneda local que genera la inflación incrementa en unprimer momento la velocidad de circulación del dinero, haciendo aumentar circunstancialmente elconsumo. A su vez, una tasa creciente de inflación implica una expansión análoga de la recaudación,además de licuar una parte significativa del gasto público (que se actualiza siempre con mayorretardo que los ingresos).

En otras palabras, en el corto plazo, la inflación puede pensarse como un instrumentoconveniente para un gobierno anémico de ingresos genuinos y sin intenciones de llevar a cabo uncambio sustancial de su política económica.

En definitiva, antes de debatir las causas de la inflación, el mecanismo de transmisión delincremento de precios y sus consecuencias en la economía local, cabe preguntarse cuáles son lasintenciones del Gobierno nacional: si revertir la espiral inflacionaria atacando sus causasoriginarias (y el mecanismo de transmisión) o aprovechar el contexto y evitar el costo político queimplicaría un ajuste explícito (el ajuste “implícito” se está dando de hecho de la peormanera, con la pérdida del poder adquisitivo del salario).

Esto último, sin bien aparece como seductor para una administración que hace del cortoplacismoun culto, tiene riesgos obvios para un país con los antecedentes de la Argentina en estamateria.

La inflación es como el alcohol, en un primer momento genera cierta sensación placentera y laidea de que uno es capaz de controlar su consumo, sin asumir ningún costo y disfrutando todos susprovechos. Sin embargo, si uno se entusiasma y se descuida, la jaqueca del día siguiente esinevitable. Nuestra historia económica es una prueba incontrastable de esta dinámica.

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