•Aprender de los errores

Inflación y política de ingresos

En la anterior nota –en PERFIL del pasado 8 de noviembre–, aludimos a la posibilidad de arrimar un mayor horizonte de sustentabilidad y de visual inversora al repunte económico que se insinúa.

23-08-2026 | 21:45

En la anterior nota –en PERFIL del pasado 8 de noviembre–, aludimos a la posibilidadde arrimar un mayor horizonte de sustentabilidad y de visual inversora al repunte económico que seinsinúa. Hablamos de una versión “intermedia” o de un “segundo mejor”,puesto que el exitoso modelo competitivo productivo de pocos años atrás se desdibujó y no hayintentos estrictos para reciclarlo. Por lo demás, las autoridades, no sin idas y venidas, abordanuna hoja de ruta algo distinta, que enfatiza la “vuelta” a los mercados financierosmundiales.
El “segundo mejor” parte de las decisiones o intenciones traducidas por lasautoridades. Les marca, sí, recaudos, que si bien no son incompatibles con aquéllas, le otorgan alas mismas un mayor encuadre. Acerca de todo esto, nos remitimos a la nota citada.
En la presente –y con el trasfondo de la visión de conjunto– se enfocará el temade la inflación y de la llamada política de ingresos. Lo importante aquí, creemos, es no repetir elmismo grave error en que se incurrió en la bisagra 2007/2008.
Como se recordará, en 2007 comenzó la parafernalia en torno al INDEC y la“bifurcación” entre la inflación de los índices oficiales y la efectiva (incluida lalectura de índices alternativos). Salarios acordados a inicios de 2007, ante los acontecimientos,se reforzaron para compensar, con “bonos” de fin de año.
Ahora bien, dentro de service o adecuación modélica que proponíamos para ese entonces, comoparte de un complejo de medidas, figuraban los capítulos atinentes a la fijación de una meta deinflación oficial –respaldada por un barómetro de inflación con su credibilidadsaneada– y a una política de ingresos acorde.
Nada de esto ocurrió al arrancar 2008. No se determinó un objetivo de inflación o deinflación “esperada”, más las políticas pertinentes al caso, ni se saneó el barómetro.Entonces, para tomar un ejemplo, una variable clave como los salarios –sensible a lainflación y a las expectativas efectivas– operó vía un ajuste adaptativo. O sea: recogióinercias y expectativas del 2007, extrapolándolas y potenciándolas, en lugar de apuntar a unainflación esperada, como era lo aconsejable.
Un complemento, a modo compensatorio, lo fue el juego de los senderos de ajustes de preciosad hoc –bienes “premiun” y demás–, combinándose, en resumen, una serie defactores que alentaron una clara puja de ingresos pro inflacionaria (que, aunque suavizada, perduródurante la crisis). A la postre, como siempre se concluye aspirando a un ancla de la inflación,reapareció la idea, molesta, de tomar al tipo de cambio como ancla. Este enfoque prosperó hasta quela reciente crisis lo tensionó.
Aprendamos de los errores. Evitemos que las inercias y las expectativas de arrastre actuales,con su presión, establezcan la impronta de 2010, en lugar de que gravite una referencia deinflación esperada que las autoridades fijen como meta, respaldadas por compromisos de políticas yde los agentes económicos. La discusión salarial debería guiarse por ese marco, como así también elmanejo de precios y de tarifas de los empresarios. Si en lugar de esto, prevaleciera el desborde,la toma de decisiones productivas se resentiría. Las propias finanzas provinciales podrían verseafectadas, sin descartar que se refuerce la tentación proclive a las altas tasas de interés y aluso del ancla cambiaria, con su mensaje de apreciación –dañando la competitividad aúnaprovechable– y de castigo a la creación de empleo.
Naturalmente, es relevante que la meta de inflación esperada, quizás dotada de un suaverango, exprese cierto gradualismo declinante con relación a la inflación efectiva previa. Claro quetodo esto es arduo de realizar si no se consolida un remate definitivo en favor de la credibilidaddel INDEC. La cifra de inflación del 6% del presupuesto, luce atractiva como tal, pero flaca encredibilidad. Si se apuesta al “segundo mejor”, se impone un enfoque más realista yorgánico, con los pasos inexcusables citados en cuanto a la filosofía y a los instrumentos delasunto. Y, ¿cuándo se debe empezar? Fácil: ¡ayer!

*Economista.

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