Es la consigna del momento. No se conseguirá nada de lo que los ciudadanos exigen comoperentorio –fin de los caprichos de un Estado nacional en manos privadas de bandas deaventureros y cleptócratas, ineficiencia judicial, corrupción policial, hacinamiento carcelario,caóticas políticas de salud, seguridad, energía, recursos naturales mineros, distribución de lariqueza, agricultura, ganadería, comercio, estadísticas, previsión social, expropiacionesarbitrarias de jubilados y a los usuarios del espacio público–, mientras la política siga enmanos de los políticos sin una supervisión idónea y una severa vigilancia de los ciudadanos. LaConstitución nacional vigente es producto de un oscuro acuerdo de alternancia –el llamadoPacto de Olivos– que habrá que revisar. Mientras tanto, las leyes electorales y las queregulan el funcionamiento de los partidos penan transgresiones como las diarreas monetarias de DeNarváez y Kirchner; deben derogarse en lo que, según me acaba de decir un dirigente indignado enrespuesta a mi comentario, sería un “verdadero golpe de Estado civil”. En buena hora:harían falta muchos golpes de Estado civiles para prevenir los golpes de Estado de otros orígenesque la profundización de la crisis institucional llevará a que la gente los reciba –una vezmás– con embobados aplausos. Le digo al político que un tercio del padrón ha repudiado lavotación de junio con votos en blanco, anulados y ausentismo y él me habla de los muertos. Que“hace veinte años que no se actualizan las defunciones”, dice, y yo le digo que esoexplica dos cosas: por un lado, un siete por ciento de ausentes, y por otro, la voluntad delsistema político por mantener un stock de muertos en condiciones de votar y hasta de renovar su DNIen las circunscripciones que los “vivos” pueden manejar a su gusto la administraciónpública, es decir, en la mayoría de las circunscripciones del país. Las leyes le niegan licencia deconducir a los menores, a los epilépticos y a los no videntes, pero les permite participar en eljuego del poder a sujetos de peligrosidad probada y consensuada por el ochenta por ciento de losciudadanos que votaron en su contra. Claro que no hay un comité médico habilitado para eliminarlos.Para eso están las internas abiertas. En los pocos momentos del año en los que me sientodemocrático opino que los partidos tienen derecho a presentar sus candidatos, siempre y cuandoreúnan las condiciones formales para serlo y representen corrientes de opinión interna, pero que lapoblación –afiliada o no– merece su derecho a inhabilitar a los que considereréprobos.

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