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Invocando a los muertos

Para los convencidos de que habitamos un continuum entre la vida social, el arte, el comercio, la política y la guerra, la sombra de la muerte y la muerte –de uno o del otro– están presentes en todos los actos sociales, salvo en las expresiones del amor, y a veces, hasta también en ellas.

Invocando a los muertos
23-08-2026 | 20:52

Para los convencidos de que habitamos un continuum entre la vida social, el arte, el comercio,la política y la guerra, la sombra de la muerte y la muerte –de uno o del otro– estánpresentes en todos los actos sociales, salvo en las expresiones del amor, y a veces, hasta tambiénen ellas. Veo muerte en las distintas formas que asume la sumisión del otro: desde la esclavitud–que a fin de cuenta, no era una relación social tan anormal, infrecuente, extrema ni tanmala– hasta la aplicación de las artes sutiles del secuestro tal como se manifiestan hoy enla arquitectura siniestra de fábricas y oficinas, en los encierros rentables de shoppings,supermarkets, festivales de “música” (?), estaciones, aeropuertos y resorts. Veo muerteen toda forma de expropiación desde las burdas que comenten ladrones y rateros, hasta lasfraudulentas que ejercen bancos y tarjetas de crédito, incluyendo los fraudes políticos ejecutadosdesde partidos y desde el estado y subrayando las que comete nuestra AFIP con plomeros, albañiles yempleadas domésticos (que, según el nuevo código tributarán un tercio de sus escasísimosingresos…) y las que cometían antes las AFP y ahora los plutócratas y cleptócratas de laANSES y nuestra Presidenta, con los aportes jubilatorios. Diría que todo eso mata, y si seregistrasen las respuestas vasculares a la indignación, la humillación y la contrariedad cotidiana,se vería con precisión cuántas horas, años y siglos de vida humana destruyen la soberbia de losgobernantes y la ineficiencia de los servicios del estado entre los que se deben destacar losservicios de salud, pero también los indispensables servicios de protección al ciudadano y a susderechos a la salud, la seguridad y al uso legítimo del espacio público. Todo eso mata y mata másque el hampa. No solo mi demonio de cabecera –la industria del tabaco, y la agricultura y losservicios confluyentes a ella– matan: también matan la industria de la bebidas alcohólicascon sus promesas falsas, los laboratorios medicinales con su promoción de panaceas de temporada ylos servicios médicos con sus malas prácticas toleradas y con la explotación feroz de losasalariados profesionales. Ah: y la industria automotriz, con su desarrollo y publicitación demáquinas asesinas y los medios como Clarín y La Nación que celebran cada certamen de su potencialasesino –carreras, rallys– y cada lanzamiento de prestaciones superveloces invitando alos compradores a burlar la ley: todos matan. Por eso, es bueno que aparezcan muchachos de PCR o dela CCC, como Alderete, con la amenaza de muertos para ambos bandos: nos recuerdan la naturaleza delmundo salvaje que disimuladamente habitamos.

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