•el kirchnerismo vuelve a los 50

Juan Domingo básico

Con sus últimas medidas, el oficialismo recupera a Perón en estado puro: un partido fuerte y un sindicalismo robusto.

24-08-2026 | 17:48

Nadie sabe aún la velocidad que el kirchnerismo le concederá al proyecto. Quizá corra como laasignacion universal, sin límites. O, tal vez lo duerman como a la Ley de Entidades Financieras,proyecto con Lexotanil incorporado a pesar del barullo que hicieron ciertos impulsores a controlremoto del Gobierno. También, podría ser que la iniciativa padezca de la impericia que demostró elinicial intento de encarcelar a Héctor Magnetto, hace un mes y medio, cuando la mandataria derivóla improvisada pretensión en busca de mayor sustento jurídico –por respeto a sí misma o porpresiones externas, léase los Estados Unidos– para no hundirse en un fangal institucional.Así habrá que observar, entonces, el propósito por favorecer a los sindicatos –y porextensión mínima, al sector trabajador– para repartir 5% de las ganancias empresarias y, enel mismo combo, la permisividad para que dirigentes gremiales hurguen y opinen sobre lo que debedecidir cada compañía privada. Justo cuando más reclama Cristina la llegada de inversiones, quizála mayor restricción hoy a su “proyecto”, desempolva este ardid electoral que al menoscontiene cualquier voluntad para traer dinero a la Argentina. Pero, como ya se advirtió en otraoportunidad, agotados los 70, Kirchner & Cía. pretende volver a dos presupuestos elementales delos 50 con miras a los comicios de 2011: un partido peronista fuerte, de primera minoría,polarizador, y un sindicalismo robustecido, poderoso, ascendente, que complete ese dominio. JuanDomingo Perón básico, manual de primer año.

Nadie le puede atribuir carga ideológica al proyecto legislativo que auspicia Hugo Moyano con laletra del abogado Héctor Recalde y la bendición presidencial. Se trata, más bien, de una venganzacon forma de ley y obvio criterio electoral. Se supone que ningún alma tarda más de siete años enel poder para advertir la situación de los trabajadores en la Argentina y la conveniencia de unarecuperación protagónica. Más que un planteo reivindicativo, se trata de una retaliación a lossectores industriales –principalmente–, semejante al castigo que en su momento se leaplicó al campo por haberse rebelado contra las medidas oficiales. Como se sabe, la UIA se negó aconvalidar con su presencia aquella jornada unipersonal en que Cristina la emprendió contra elmonopolio Clarín, hasta ahora con resultados pirricos, faltazo que hoy purga con esta condena querepentinamente demanda la CGT en el Parlamento. Para mantener otras comparaciones, habría queconsignar que si los industriales vuelven al besamanos de la alfombra roja que repudiaron, quizáeviten apremios y logren dilaciones legislativas como sus colegas de la banca.

Tal es la paradoja del reclamo gremial que hasta Cristina ajustó su forma de ser, se corrigió enel aire. Para encontrarle justicia a su iniciativa, ha hablado laudatoriamente del período deIsabel Martínez, cuando el sector trabajador compartía –fixty fixty– parte del PBI conlos empresarios (hoy, con su gobierno, debe estar a lejanos ocho puntos de esa ecuacion). Lo queimplica un homenaje a quienes habían alcanzado esas cifras, entre otros, Lorenzo Miguel, JoseRodríguez, Casildo Herrera, José Rucci, Jorge Triacca, Rogelio Papagno, figuras que no existían enel altar de los santacruceños, quienes más bien se retrataban –y ellos parecían estarorgullosos de esa imagen– junto a la “juventud maravillosa” que aparte deasesinar a muchos de esos dirigentes, se especializó en difamarlos, convertirlos en bestias negraspara la sociedad. De ahí que buena parte de ella se entusiasmó entonces con la cantidad deorificios que las balas de los guerrilleros hicieron en el cuerpo de Rucci, sin reparar luego si laesposa e hijos de este presunto venal más tarde tendrían que vivir casi de la solidaridad de sugremio. Como la viuda de Augusto Timoteo Vandor, otro al que asesinaron bajo el mote de corruptocuando pasó casi toda su existencia en una pension y en lugar de valijas, cuando viajaba alexterior, ataba sus bártulos con papel madera y piolines. Era, claro, la “justiciarevolucionaria”. Ninguno de ellos, curiosamente, se refiere hoy al poder económico del gremioCamioneros, seguramente mucho mayor al que tuvo en su esplendor la Unión Obrera Metalúrgica. Aproposito, ¿tiene fecha la aparición de un diario de la CGT, como una remake de Democracia?

Extraño, sin duda, este giro derechista de Cristina, quien casi irónicamente también dijo:“No nos pudimos juntar, en aquellos tiempos, con la juventud trabajadora”. Como siignorara que esa juventud sindical era opuesta a la “maravillosa” a la que ella y sumarido han adherido con lágrimas en los ojos, que el jefe era Felipe Romeo –al cual pareceque ahora le rinden homenaje–, organización con la cual no sólo evitaban juntarse sino con laque se machacaban a golpes y a crímenes. Esta nueva interpretación histórica, otro relato dentrodel relato, sorprende por parte de Cristina; quiza sea consecuente con las necesidades de votos querequiere su marido para 2011. Y, sin duda, para no permitir una grieta imperceptible en suconcepción del poder.

Aunque haya que discutir la colisión entre el artículo l4 y el l4 bis sobre la propiedad privaday las ganancias, más seriamente sobre la facultad sindical para intervenir en la lectura debalances, movimientos y planes empresarios, eventualmente sobre un progresivo avance a favor desistemas cogestionarios que alguna vez propiciaron la Iglesia e intelectuales existencialistas comoMaurice Merleau Ponty. Temas vastos, bizantinos, de los cuales se supone que los sindicatosobtendrán ganancias, más que sus propios afiliados. Son los nuevos, viejos tiempos, sólo falta lacola para el kerosén, también la del pan dulce y la sidra. Con parte de ese folclore, entonces seganaban elecciones. Habrá que ver ahora.

Mientras se discute filosofía, jurisprudencia y sentido de la gestión empresaria con los nuevosproyectos legislativos de los gremios, otros ni siquiera discuten: instrumentan el modeloproductivo actual y se entretienen en su ejercicio. Como en algunas municipalidades bonaerenses,donde un intendente habilita un predio, un sindicalista compra las tierras y algún funcionariologra la concesión de un crédito para instalar una megaempresa. Nada más ni nada menos que launidad de fuerzas para la producción, el discurso oficial a pleno, y el futuro de una planta deenergía a partir del reciclado de la basura. Un proceso que, en apariencia, aparte de la poblaciónhabrá de beneficiar en particular al municipio por el cobro de un impuesto adicional (a pagar porlos clientes industriales), quizá alguna mejora ecológica y hasta una oferta de mayor ocupación,mientras gana también el gremio que traslada la basura con ruedas, la compañía dedicada a larecolección de residuos, más otros que no vale detallar. Por alguna razón misteriosa, este loableemprendimiento no prosperó en cierto distrito. Y la matriz del negocio hubo que trasladarla a otromunicipio más sensible, donde también hubo debates y gente tan porfiada y opositora que juraba noentender este modelo de producción tan especial. Se multiplicaron las sesiones y, por fin, en unacumbre de los ediles se autorizó la instalación. Raro: se aprobó en una sesión especial a las 7 dela mañana, que, como se sabe, no es horario habitual para legisladores. Sin embargo, se supone, laimportancia de la obra así lo requería. Si alguien quiere conocer nombres, pregunte en La Matanza;en cuanto a la naturaleza de ese proyecto, se supone, es como la nueva reforma para las gananciasempresarias: para que no se beneficien unos pocos, sino todos.

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