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Karma radical

Llegaron las Pascuas, pero el Dr. Chupete no fue el primer radical que zarpó anticipadamente. Setenta años antes lo había precedido don Hipólito, víctima de la descomposición de sus fuerzas más que del teatral desfile militar de Uriburu.

Karma radical
22-08-2026 | 09:19

Llegaron las Pascuas, pero el Dr. Chupete no fue el primer radical que zarpó anticipadamente.Setenta años antes lo había precedido don Hipólito, víctima de la descomposición de sus fuerzas másque del teatral desfile militar de Uriburu. Treinta años después lo precedió el Dr. Illia, en partede la inoperancia de su gobierno, pero más a causa del sólido bloque montado con la careta deOnganía por la Sociedad Rural, la industria farmacéutica, las cámaras empresarias y la Iglesia. Yapenas doce años atrás lo precedió Alfonsín que abrevió su mandato constitucional y anticipó laentrega del poder a Menem, cuando el Estado y la sociedad se le habían puesto incontrolables.Cuando asumió Alfonsín escribí en Primera Plana: “Creer que las palabras de las personasreflejan su voluntad; creer que las voluntades –al sumarse– producen losacontecimientos; creer que el valor histórico de los acontecimientos expresa la intención que losalentó son las ideas radicales”. No bien su ministro de Economía abrió la boca y dijo“no soy un keynesiano ni un neokeynesiano ni un estructuralista, soy un radical y estoy alservicio de un proyecto político, no de una teoría económica”, escribí en El Porteño que asícomo el Dr. Illia (que dio mil pruebas de haber sido siempre un hombre bueno) había legado unaética, Alfonsín sólo legaría una retórica. Conocía la intimidad de su retórica. Un oscuro redactorpublicitario lo persuadió de la potencia de la fórmula “estoy persuadido” en reemplazode “pienso” y del autoritario “estoy convencido”. Y un brillante creativográfico –Juan Fresán– le aconsejó posar autoabrazándose o estrechándose sus propiasmanos, lo que a algunos les pareció payasesco, pero dibujó a un hombre con buen humor, blando ydispuesto a simular, y le rindió millones de votos a la hora de enfrentar a un adusto einsignificante Dr. Luder. Sus agentes de marketing evaluaron las fórmulas “pactosíndico-militar” para estigmatizar al peronismo, y “hacia el tercer movimientohistórico” para desvincularlo de la historia de fracasos radicales y mimetizarlo con algo delperonismo. Todo era falso, como su amago de mudar la capital a Viedma. ( “al sur, al mar, alfrío” convocaba a una platea electoral que no necesitaba tomarlo demasiado en serio). Todoera retórica en ese supuesto gran demócrata, que a poco instalarse Videla anunció que en cuanto aderechos humanos, “podemos empezar a alentar algún optimismo” y que en pleno 1977,escribió: “Todos sentimos la necesidad de llevar a feliz término este proceso”, yreclamaba que dieran mayor participación de los políticos para “centralizar y unificar larepresión”. Felices Pascuas.

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