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La anteúltima antología

Ahora que Interzona, tal vez la editorial cuyo catálogo literario resultó más estimulante a lo largo de los últimos años, ha dejado de editar, varios se disputan el lugar de prestigio y visibilidad que supo ocupar, publicando autores noveles, raros o marginados por los grandes sellos.

21-08-2026 | 23:56

Ahora que Interzona, tal vez la editorial cuyo catálogo literario resultó más estimulante a lolargo de los últimos años, ha dejado de editar, varios se disputan el lugar de prestigio yvisibilidad que supo ocupar, publicando autores noveles, raros o marginados por los grandes sellos.Dentro del terreno de la ficción, Entropía es uno de los proyectos independientes mejor perfilados;Mansalva es otro; y, entre todos, el más nuevo es Eterna Cadencia, nacido en 2008, y que en suflamante colección de literatura ya cuenta con títulos de Daniel Guebel, Naty Menstrual, ClaireKeegan, Matías Capelli y Miguel Vitagliano –cabalgando entre lo inédito, lo académico, lavanguardia y el pop. En tono con el resurgir de las compilaciones de relatos grupales, temáticas ygeneracionales, dentro de sus primeras ediciones Eterna Cadencia publicó tiempo atrás Vagónfumador. Antología de relatos sobre el tabaco. Y ahora vuelve sobre el formato con El futuro no esnuestro. Nueva narrativa latinoamericana, una selección de veinte cuentos a cargo del peruano DiegoTrelles Paz.

¿Qué es lo que hace ya no digamos necesaria, sino relevante a una antología generacional? Tododepende, en última instancia, de la intención del compilador. Pero, por lo general, se espera queeste tipo de libros logren presentar un mapa de la producción literaria contemporánea lo másvariada y representativa posible; que evidencie (al seleccionar apenas un texto de cada uno de losautores) una calidad por encima de la media; que apueste por instalar a escritores nuevos o pococonocidos; que capte el espíritu de una época; que no siga los mandatos de la industria; y, por quéno, que sea una proyección de los caprichos y la visión de futuro del antólogo. Según puede leerseen el prólogo –interesante y exhaustivo en su intención de establecer una suerte degenealogía de las compilaciones de relatos dentro de la historia de la literaturalatinoamericana– de El futuro no es nuestro, algunas de estas claves guiaron el trabajo deTrelles Paz. Aunque no pueda decirse, con seguridad, si el resultado final del libro está a laaltura de las expectativas creadas. Hay, claro, por lo menos cinco relatos notables en sudiversidad narrativa: el ambiente claustrofóbico de Camas gemelas, de la boliviana Giovanna Rivero;Arbol genealógico, el cuento nefando del chileno Andrea Jeftanovic; el breve delirio del uruguayoIgnacio Alcuri en Sopa de pollo; y los inquietantes ambientes de los dos escritores argentinos dela selección, Oliverio Coelho y Samanta Schweblin, donde se advierte el nivel de madurez narrativaal que, por caminos bien distintos, cada uno ha llegado.

Entre los quince textos restantes hay de todo: cuentos correctos y ejercicios experimentalesfrustrados, y relatos que desbarrancan hacia las peores buenas intenciones. El riesgo que todaantología debería evitar no es el de volverse canónica (esa sería, en todo caso, una aspiraciónlegítima), sino el de haber nacido desde dentro mismo del canon: en este sentido, no ayuda quemuchos de los cuentos aquí presentados hayan sido publicados antes en otros libros; ni que seis delos veinte autores figuraran en 2007 entre los elegidos por lo que se dio en llamar “Bogotá39”, una selección que se hiciera en Colombia de los treinta y nueve autores jóvenes másdestacados de Latinoamérica. En beneficio del antólogo puede decirse que la (buena) idea de ofreceruna muestra de lo más interesante que se produce en la actualidad en un continente tan extenso yvariado como el nuestro no debe ser, ni por asomo, una tarea sencilla.


*Desde Barcelona.

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