La arena del siglo XX

La arena del siglo XX
24-08-2026 | 14:56

La deriva del zapping trasnochado me dejó en el canal Volver viendo una película argentina enblanco y negro: Tute cabrero. Escrita y actuada por Tito Cossa, la historia trata sobre tresdibujantes industriales, uno de veinticinco años, otro de cincuenta, y otro ya casi en edad dejubilarse. Cuando la empresa, donde trabajan con bastante buena camaradería, tiene que reducir elpersonal, las moléculas del miedo burgués se empiezan a agitar entre ellos, llevándolos a latraición y el silencio. Además de estar bien lograda la tensión dramática, me hipnotizó lafotografía de la película filmada en gran parte en exteriores en la Buenos Aires de 1968. No sécuánta voluntad de lograr un documento de época tenía el director Juan José Jusid, pero sin duda,al filmar por las calles del centro, capturó la textura de una ciudad que todavía mostraba sumodernidad frondicista por debajo de la atmósfera del gobierno militar. Hay muchos planos de gentecomún caminando por la calle, algo que ya en el cine actual no se puede hacer sin autorización:hombres de traje por el Microcentro al final de los sesentas, la corbata finita, los tiradores, losanteojos de marco grueso; chicas lánguidas, con vestidos cortos, al estilo Twiggy; matrimoniosmayores híper pulcros, de una dignidad irrefutable, como engominados a la par. Se notaba ciertoabuso de la geometría en el diseño. Los autos ruidosos, pero más espaciados, menos abarrotados. Yde fondo, el tango urbano del Tata Cedrón.
El estado de una ciudad es tiempo revelado: la resultante de una suma de proyectosurbanísticos en conflicto, ideas de país, imitaciones extranjeras, el súper yo faraónico de losgobiernos de turno, la inversión, los enviones económicos, la desidia burocrática, el tironeoedilicio, la plata que aparece, la plata que falta, la plata lavada, la estafa, el yuyal comiéndoseel megaproyecto interrumpido para siempre.
Cuando vemos imágenes viejas de la ciudad, toda esa transformación se pone en evidencia, comosi uno pudiera presenciar cuarenta años en cámara rápida.
En Tute cabrero, un Luis Brandoni de veintipico, flaco, sin barba ni banca de diputado,camina con su novia por la Costanera Sur, cuando el río todavía estaba ahí, cuando todavía nohabían empezado a ganarle terreno tirando las toneladas de escombros provocados por la construcciónde la Autopista 25 de Mayo y el ensanchamiento de la avenida 9 de Julio. En total, 350 hectáreas decascotes sobre los cuales se acumuló el barro que baja del Paraná y el Uruguay, y creció lavegetación que ahora forma la Reserva ecológica donde trotan o andan en bici las familias y donde,según la página web oficial, viven mamíferos, pájaros y reptiles diversos como la yarará.
El otro fin de semana estuve por ahí. Ahora la estatua del héroe Luis Viale, ya no frente alhorizonte de agua sino al camalotal, le está por arrojar el salvavidas a las nutrias de la laguna.Empecé a caminar desde la vieja costanera hacia el río. Cerca, en la abandonada Ciudad deportiva deLa Boca, en un involuntario homenaje a Juan Carlos Onetti, van a construir un barrio llamado SantaMaría. Otro megaproyecto.
Habría que fotografiar el estado actual de la sicodélica ciudad deportiva en ruinas,registrar esa melancolía, antes de que la perdamos: el pajonal creciendo en el gran comedor, loscamalotes comiéndose las lámparas acuáticas... Todo va a cambiar, como cambió desde el ‘68hasta hoy.
Algún día esas nuevas torres tendrán una vista privilegiada a la petroquímica vecina, algúndía las filmaciones hechas en la actualidad tendrán una textura antigua.
Cuando alcancé la orilla, después de caminar quince minutos, una chica lloraba desconsoladamirando el río.
Me parece que el paisaje no la ayudaba a rescatarse.
Nuestro Río de la Plata, sin la esperanza de una orilla de enfrente a la vista, es un marmuerto que no levanta el ánimo.
No le dije nada.
Fui hasta el agua.
Había una línea de resaca de juncos y basura, una arena industrial hecha de plástico yladrillos, y hormigón.
La arena de todo el siglo XX.

También en Perfil