•inflacion y tipos de cambio

La Argentina macro: un país a la deriva

Si la suba de precios no se espiraliza y el nuevo récord de cosecha permite administrar un peso competitivo, se logrará una baja estacional en productos sensibles. Es lo máximo que se puede pedir a un Gobierno sin rumbo.

24-08-2026 | 06:57

La economía argentina empezó un proceso inflacionario, después de la tranquilidad que siguió ala explosión del 2002, a partir del 2006.

En ese momento, se instrumentaron diversos acuerdos y controles de precios, al menos, paraciertos productos y servicios específicos.

Ante el fracaso de estas medidas, y en un intento de evitar que esa aceleración de la inflaciónse propagara a las negociaciones salariales y escalaran las expectativas, se decidió, a principiosdel 2007, dejar de controlar los precios, y pasar a controlar el índice.

Se intervino el INDEC y se comenzó a alterar la metodología y los datos de precios de distintosrubros, de acuerdo a su variación estacional, para manipular el resultado.

Este intento de “coordinar expectativas” con un índice trucho también fracasó, dadoque la gente empezó a notar, claramente, las burdas diferencias entre lo que sostenía el Gobierno ylo que le costaba llenar el changuito. Hasta los líderes sindicales más afines a la gestión Kcomenzaron a negociar sin tener en cuenta los precios oficiales.

Obviamente, como este Gobierno nunca reconoce un error, se persistió en la destruccióninstitucional de un bien público central, como lo son las estadísticas, ahora con la“excusa” de reducir los pagos de la deuda indexada. Es decir, se decidió“defaultear” parcialmente la deuda en pesos ajustables, que había emitido el mismoGobierno, cerrando, de esta manera, la posibilidad de acceder al mercado voluntario de deuda atasas razonables.

Por lo tanto, la política antiinflacionaria oficial se concentró en manipular el índice deprecios oficial. En controles y acuerdos de precios sectoriales para algunos productos y serviciossensibles. En una maraña de subsidios, repartidos con total discrecionalidad e intermitencia, paraalejar los precios de la energía y de algunos alimentos, de sus verdaderos costos de producción, ode sus precios alternativos en la región y en el mundo. Desalentando la oferta privada de largoplazo de petróleo, gas, generación de electricidad, carne, lácteos, etc. Mientras tanto, lapolítica fiscal seguía aumentando el gasto al doble del ritmo de crecimiento de los ingresos. Y lapolítica cambiaria se concentraba en mantener, en lo posible, el diferencial entre el real, el euroy el peso a favor de un tipo de cambio “competitivo”. La política monetaria, por suparte, hacía lo que podía para acomodarse a la evolución del PBI nominal y no exagerar con laexpansión monetaria derivada de la compra de dólares del balance comercial. Con este panorama, lainflación argentina se posicionó “tranquila” en la banda del 20-25% anual, de la quesólo se bajó a la banda del 15-18%, con la recesión de la primera mitad del 2009. Desde el punto devista de la política antiinflacionaria macro, la Argentina es, claramente, un país a la deriva. Ocomo expresó sin eufemismos un colega “heterodoxo” hace unos días en otro medio,“un país sin gobierno”.

Pero no se preocupe tanto, aun un barco a la deriva, si los vientos y el oleaje le sonfavorables, puede llegar a buen puerto.

¿Qué es buen puerto, en este contexto? Que la inflación no espiralice descontrolada y sedestruya la demanda de pesos. ¿Cuáles son los vientos favorables? Un nuevo récord de producción desoja a buenos precios, que le permitirá al Banco Central administrar el tipo de cambio y maniobrar,como hasta ahora, entre el real y el euro, quizás atrasando el peso un poquito. Los controles decambio, que le impedirán a Néstor y al resto de los compatriotas comprar más de US$ 2 millones pormes (aunque seguramente aumentará la brecha con el mercado libre). Alguna baja estacional enproductos sensibles. Y el mercado que impedirá el traslado total de ciertos costos e incrementossalariales. Eso nos dejaría, con suerte, de nuevo, en la banda del 20-25% anual en la que veníamosantes del 2009. Es lo máximo que podemos pedirle a un país sin rumbo en materia macroeconómica. Conun Gobierno dedicado a negociar caja y poder para llegar de la mejor manera posible al 2011. Y unBanco Central que, además de hacer lo mismo que ya se venía haciendo, intenta ahora“inventar” crédito para alentar la oferta que el mismo Gobierno desalentó durante todosestos años.

Un amigo me recordó los otros días una extraordinaria frase de Tato: “Si no fuera porquees en serio, sería para c… de risa”.

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