•el desacople de los emergentes

La Argentina que lo mira por TV

Con anterioridad a la crisis de las hipotecas subprime, desatada a mediados de 2007, se especulaba con que una eventual recesión en el mundo desarrollado, originada en el necesario ajuste contractivo, post gran fiesta del crédito, no iba a afectar a las economías emergentes, que se encontraban a salvo y “desacopladas” del ciclo global.

23-08-2026 | 14:55

Con anterioridad a la crisis de las hipotecas subprime, desatada a mediados de 2007, seespeculaba con que una eventual recesión en el mundo desarrollado, originada en el necesario ajustecontractivo, post gran fiesta del crédito, no iba a afectar a las economías emergentes, que seencontraban a salvo y “desacopladas” del ciclo global. La violenta crisis de pánicofinanciero, generada con la quiebra de Lehman Brothers, echó por tierra con esta teoría.

Los efectos de la situación financiera en el mundo desarrollado se expandieron rápidamente alresto del planeta.

El comercio mundial se desplomó y explotó la burbuja de los precios de las commodities por menordemanda y por la recuperación del valor del dólar como moneda de reserva, en medio de la búsquedade refugio seguro por parte de los inversores (los precios de dichos bienes están expresados en lamoneda estadounidense, de manera que un aumento en el valor de esa moneda implica un debilitamientodel precio de esos productos), mientras que los capitales financieros huían de los paísesemergentes.

El desacople no se produjo, porque la caída del comercio global originada en el shock dedemanda, y la salida de capitales, llevó al mundo emergente también a la contracción de laactividad económica.

Lejos del desacople, asistimos a la sincronización. Todos los países cayeron al mismo tiempo,empujados por el pánico y por la necesidad de ajuste a la nueva situación crediticia en el mundodesarrollado.

La salida de la crisis, por su parte, también refleja una sincronización. Las muy agresivaspolíticas monetarias y fiscales instrumentadas por la mayoría de los bancos centrales y gobiernoshan frenado la caída libre de la actividad económica de finales del año pasado y principios deéste.

Mientras que la idea de que “ningún banco grande más caerá” le puso un piso válidoal pánico. Sin pánico, y con alta liquidez, la sobredemanda de dólares terminó y comenzó labúsqueda de inversiones más rentables en instrumentos denominados en otras monedas y el proceso deendeudamiento en dólares, especulando con la devaluación de esa moneda, el diferencial de tasas deinterés, y la “ganancia cambiaria”.

El gasto público y el déficit fiscal compensaron el fuerte freno del consumo privado, y lacerteza de que no habría más sorpresas desagradables en el mercado financiero revirtió la demandade dólares de los momentos de pánico.

La debilidad del dólar incrementó el precio de las commodities mientras que parte de la liquidezglobal acumulada en el viaje de ida del “hacia el refugio” se volcó a la compra deactivos financieros, acciones, bonos y hasta, tímidamente, viviendas. Otra gran depresión fueevitada y los mercados de capitales reflejaron subas en dólares espectaculares, claro que viniendodel tercer subsuelo.

Sin embargo, si se bucea en aguas más profundas, comienzan a surgir diferencias importantes.

En efecto, en los países con sectores privados “sobreendeudados”, en especial enEstados Unidos, como se mencionó, el déficit público reemplazó al brusco ajuste del consumoprivado.

En ese sentido, una eventual “vuelta a la normalidad” implica crecimientos modestos,dado que el sector público no puede insistir en déficits fiscales tan enormes, mientras que elsector privado necesita ahorrar para cancelar la deuda preexistente. A menos que la enormeproductividad de la revolución tecnológica permanente en la que está inmerso ese país permitacrecer más fuerte.

Europa y Japón, por su parte, también tendrán que ajustar gasto público y consumo privado, perocon productividades más bajas, dada la rigidez de sus mercados, en especial el de trabajo.

Los grandes emergentes, por su parte, China y su región de influencia, India, Brasil, presencianel regreso de los capitales que habían huido, nueva inversión extranjera directa y recuperación delconsumo de un sector privado que no estaba tan altamente endeudado.

El resultado, al menos en el corto plazo, y si no hay ninguna sorpresa desagradable, es que lasincronización se da en el signo de la recuperación, mientras que en las “velocidades”de crecimiento se da, finalmente, el desacople. El mundo emergente se recupera a tasas más altas yde manera más “genuina”.

Esta diferencia de “ritmo” empieza a reflejarse en los mercados de capitales y enlos precios relativos de los bienes y servicios que producen y demandan los ciudadanos de lospaíses que crecen más rápido, frente a los que se recuperan más lentamente.

La Argentina, lamentablemente, se bajó, al menos por ahora, del mundo emergente que atraeinversión. Es como la “barra brava” de un club grande cuando a su equipo le va muybien. Recibe los beneficios de manejar el estacionamiento cerca del estadio. Un negocio rentablepero muy menor, y a repartir entre pocos.

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