•el gobierno contra clarin

La batalla

Aunque están maltrechos, perceptiblemente escorados, los tres poderosos aún son Kirchner, Magnetto y Moyano. En ese orden.

22-08-2026 | 08:18

Aunque están maltrechos, perceptiblemente escorados, los tres poderosos aún son Kirchner,Magnetto y Moyano. En ese orden. El poder político que maneja los prioritarios resortes económicos.Kirchner. El poder de la comunicación, que administra, a discreción, la imagen del conjunto y decada uno. Magnetto. El poder sindical que puede signar la actividad o la parálisis. Moyano.

Para los que se suponen informados, hoy se asiste a los tramos finales de la alianza entreKirchner y Moyano. En contra de Magnetto. Sin embargo se registra, según nuestras fuentes, uncambio sustancial que modifica la placidez del esquema. Un acuerdo de entendimiento entre Moyano yMagnetto. Si aún no se suscribió, tal vez está por suscribirse. Ocurre que la comunicación y elsindicalismo hoy presentan vigencias más intensamente estables. La legitimidad de Kirchner es, encambio, transitoria. Y en declinación. Tanto los sindicalistas, como los sobrevivientes del negociode la comunicación, saben percibir, envidiablemente, el olor a muerto. El perfume intransferible delas calas.

Entre 2003 y 2007, en la Argentina se asistió a la alianza, consagratoriamente funcional, entreKirchner y Magnetto. De conveniencia rigurosamente explícita. Sin que se registren, durante elromance, mayores interferencias. Una armonización admirable. Un Bolero de Ravel que le facilitó, aKirchner, la conquista de la hegemonía política. A través del beneficio recíproco que producía ladosificación informativa. Kirchner y Magnetto, juntitos como Thompson y Williams. Explotaban laselectividad en “materia del relato” que se le presentaba a la sociedad. Como leencanta intelectualizar a La Elegida. Mientras acomoda los micrófonos, con fondo verde vegetal, alos efectos de cautivar a la carne de aplauso que suele amontonarse en Olivos. Para la programacióninalterable de su eternidad, Kirchner debía garantizarse la docilidad mediática. Supimos definirla,ya en 2004, como “el complemento de la complacencia cómplice”. De los grandes medios decomunicación. Un eufemismo para no identificar a Clarín. Con apetecibles zanahorias, Kirchner solíacautivarlo a Magnetto. Cuando Magnetto estaba saludablemente entero. En la conducción, como hoy,del Grupo Clarín. El emporio que se alejaba vocacionalmente de la responsabilidad periodística.Para no obstaculizar al gobierno que lo favorecía. Con ninguna interferencia informativa. PorqueClarín se aferraba, en exclusiva, a la dinámica del crecimiento empresarial. Al que Kirchnercontribuía, aún sin interferir. Hasta 2007 Kirchner supo asegurarse la falta total deinterferencias. Ausencias que le permitieron imponerse. Hasta desprenderse, incluso, de Duhalde, elmáximo benefactor de Clarín. La ruptura de la alianza Kirchner-Magnetto es el origen de lasinterferencias que nublan la beligerancia de la actualidad. El agotamiento de un modelo de relaciónque, en realidad, no daba para más. Indulgencia informativa contra la aprobación extorsiva dediversas reivindicaciones. Obturación de competencias foráneas. Españoles abstenerse. Menos aúndaba, la relación agotada, para atenuar la reconocida insaciabilidad de Kirchner. Un hipersensibleque supo desbordarse con la portada de un domingo, justamente en contra del juego, en un artículoamparado por los temibles adversarios de sotana. Para hacerla corta, Kirchner tomó la portada, deaquel domingo, tío Plinio querido, como una provocación. En cambio Rendo, hombre de punta deClarín, lo tomó como otra “rabieta del presi”. Al presi, como lo llamaban en el CuartoPiso, con un afecto que evocaba, casi, el cariño. Sin embargo, ante la fragilidad física deMagnetto, Kirchner decidía comerse, también, el bocado de Clarín. La primera interferencia fueaquel cartelito enarbolado por Moyano. “Clarín miente”. Anticipatorio de lasinterferencias planificadas, próximamente, para los camiones de distribución del diario. En lacruzada, de pronto, a destrucción. A los efectos que Clarín, con interferencias informativas, no lodestruyera. En realidad, Clarín no hacía falta para destruirlo. Porque Kirchner, en su desborde, sedestruía, impacientemente, solo. Profundizaba la aniquilación del segundo gobierno. Con el mascarónde La Elegida, devaluada al rol de Locutora.


*Escritor. Su último libro es La elegida y el elegidor.

Extraído de www.jorgeasisdigital.com

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