•RUSSO, POLiTICAMENTE CORRECTO, LO DEJo SIN NADA A BORGHI, EL SIN FILTRO

La batalla del sofista y el honesto brutal

La batalla del sofista y el honesto brutal
24-08-2026 | 16:12

Una buena gran parte del arte del bien hablar consiste en saber mentir congracia.”

Erasmo de Rotterdam (1469-1536), filósofo, filólogo y teólogo holandés.

Pese a los rutilantes nombres allá arriba, en Racing los goles los hacen sus defensores.Cáceres, además, fue el mejor jugador de la cancha, junto al emocionante segundo tiempo de Yacob.Giovanni Moreno, pisador compulsivo, es largo, hábil, no muy rápido y, por ahora, livianito. Igual,promete.

Boca no tanto. Sobre todo con futbolistas fuera de forma, como Battaglia; perdidos, comoEscudero; o en franco descenso, como los dos laterales volantes, claves en el esquema borghiano,que empezaron bien y se cayeron después. Otra: la convivencia Palermo-Viatri parece entrar encrisis. ¿Un antecedente? En Argentinos, el dúo Pavlovich-Calderón duró diez minutos con Borghi, queenseguida puso a Chuco Sosa, tan abierto y vertical. Y, sí… no son las mismas cédulas deidentidad, ya lo sé. Ni siquiera el mismo banco. No será fácil encontrarle la vuelta.

Racing ganó bien, con lo justo. Pero más que el choque de los equipos, me interesó el dueloentre los DT. Es que Borghi y Russo son –si me permiten la exageración– el colmo de lasdiferencias. Dos opuestos simétricamente perfectos. Uno descuidado, panzón, irónico, espontáneo. Elotro siempre en línea, prolijo como un escolar, obvio y medido hasta la exasperación. El agua y elaceite enfrascados en el ambiente caníbal del fútbol, sentados en la misma silla eléctrica,ejerciendo un oficio de narcisistas, líderes, chantas y masoquistas con CUIT. Por segunda vez en elaño, ganó Russo.

Miguel Angel Russo tiene un fisique du rol bien cotizado en estas pampas. Esa imagen siemprecomponedora que, cada tanto, nuestra sociedad impone con culpa en alguna elección para compensarfugazmente excesos anteriores. Gente elegante, de discurso florido y vacío, políticamentecorrectos, opacos, previsibles, inocuos. No da ni para tenerles grandes odios. Luder, De la Rúa,Scioli, Cobos, De Narváez, Macri. En fin, esas cosas.

Volvamos a Russo. Su discurso, circular, se reafirma siempre en sí mismo. “Yo digoque…” es la muletilla que acompaña cada una de sus afirmaciones, por así llamarlas. Suúnico aporte a la dialéctica nativa fue su ya célebre frase: “Y… son decisiones”.Poco. Es, sin embargo, un técnico serio. Trabajador, responsable y sólido, además de aburrido. Uneficiente. Ayer lo demostró.

En Vélez armó un equipazo donde alcanzaron su techo Gracián, como enganche, y Castromán, en unaversión goleadora que jamás repitió. En Boca ganó una Libertadores y apuntaló, nada menos, elúltimo capolavoro del Enganche Melancólico. Tuvo un paso olvidable por San Lorenzo, salvó deldescenso a Central y a Racing, pero su nombre jamás se borró de la libreta secreta en la que donJulio I, el Papa de Viamonte, anota a sus candidatos para la Selección. Después del caóticoMaradona, su estilo onda galán maduro de elegante sport, con frases hechas y sonrisa Kolynos, ledebe parecer la gloria. En fin.

Menos dogmático que práctico, Russo prefiere jugar con enganche. Aunque tampoco duda si deberecurrir al seguro, viejo y querido 4-4-2. O a otra variante, como ayer. Un 4-4-1-1 con Lugüerciopeleándola de 8, pobre. Conoce el oficio. Suma puntos y si la cosa va bien, festejará. Veremos. Nobrilla, es cierto, pero tampoco come vidrio. Aunque podría, con ese impecable teclado Steinway quetiene en la boca. Y bueh, ya lo dijo él: son decisiones.

Claudio Borghi, en cambio, es un transgresor metido en el rígido mundo de los códigosfutboleros. Se ríe de cuestiones que suelen ser dogma de fe para muchos de sus colegas y ciertaprensa. Y se divierte desconcertando a los noteros, virtuosos en el arte de elaborar preguntas conrespuesta incorporada. “Sí… ¡pero vamos invictos, muchachos!”, ironizó cuandodirigía a Independiente, mientras a su lado se peleaban por tirarle sal en la herida después decinco empates. Otro día, después de escuchar a otro que insistía en trasladarle “lapreocupación del hincha” por sus métodos, repreguntó sin anestesia: “Y vos, ¿qué merecomendás que haga?”. Glup.

Aunque su nombre también resuena en los pasillos de la AFA, no dudó cuando le preguntaron por elhoy poderoso Doctor Balbuceante. “Me sorprendería mucho que me llame Bilardo porque piensomuy diferente a él”, dijo. ¡Wow! Pura honestidad brutal.

“No es fácil escuchar a cualquier cabeza de pescado calificando tu laburo. Perobueno… ¡de sexo y de fútbol cualquiera opina y todos creen que lo hacen bien!”,reflexiona, lapidario. Tiene razón, no lo es.

Con Argentinos, sin tanta histeria, empezó tan mal como ahora y después ganó el título. Peroahora está en Boca. Mmm… Veremos cómo convive con ese universo despiadado que exige alimentarcon triunfos y títulos la bestia de mil cabezas; la tirada masiva de los diarios, el rating de latele y la pasión de miles de hinchas que vuelcan en sus colores tribales la ilusión perdida. Ojalále vaya bien a Borghi. O al menos eso deseo. Desde esta columna, compatriotas, siempre hincharemospor los buenos.

Bah… Por Racing; y también por los buenos.

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