•la mirada de roberto garcia

La bomba de Cobos

Es una visita imprevista, no deseada en ocasiones. Aparece sin avisar, a la hora de la siesta, cuando uno ya se había acostado; o interrumpe, justo en la cena, cuando ya se había servido el primer plato. Con esa inoportunidad parece operar Julio Cobos en la política argentina.

22-08-2026 | 21:43

Es una visita imprevista, no deseada en ocasiones. Aparece sin avisar, a la hora de la siesta,cuando uno ya se había acostado; o interrumpe, justo en la cena, cuando ya se había servido elprimer plato. Con esa inoportunidad parece operar Julio Cobos en la política argentina, al menosfrente a otros sectores –kirchneristas, radicales, peronistas disidentes, alumnos deCarrió–, generando escándalos con episodios parroquiales (su entrevista con Francisco deNarváez, por ejemplo), pero advirtiendo sobre cuestiones más serias y graves con declaraciones quecualquiera calificaría de insignificantes. Como persiste la agonía argentina en el subdesarrollo,casi todos se ocupan del lugar donde se fotografía Cobos y no del sitio en el que pone el huevo.Habrá que distinguir entonces los dos casos.

Para un observador común, Cobos se reunió con De Narváez para expresarle una comprensiblesolidaridad –como si fuera un pésame– por la imputación atribuida al Gobierno, yobviamente desarrollada por uno de los tantos jueces de la Nación, de que estaba vinculado alsórdido negocio de los precursores químicos, más exactamente de la efedrina. Justo al Colorado queno es precursor en nada. Hasta allí, un gesto de bonhomía de Cobos. Otra gente, sin embargo, no leeesa actitud caballeresca: le atribuyen intencionalidad perversa, una búsqueda de rédito adicional.Debe ser así porque el mendocino no es ingenuo (recordar que fue gobernador de una de lasprovincias que aportó al país la mayor cantidad de pérfidas y brillantes personalidades; tambiénque no casualmente fue adoptado como número dos por los Kirchner luego de varios examenes de ADN),de ahí que en los ataques a su persona aparecen, con argumentos diferentes, la AdministraciónKirchner (de Randazzo a Massa) y sus secuelas de temporales serviles (Eduardo Fellner), losradicales de Margarita Stolbizer, también Elisa Carrió y su compañía.

Matar al Colorado

Aumentan entonces los Kirchner su odio contra el vice –primer target en su cartera devenganzas– por acercarse a quien le mueve el piso de las encuestas bonaerenses; a su vez, laStolbizer se preocupa porque esos cónclaves incrementan el grado de polarización electoral que laempiezan a perjudicar en la estantería provincial y la otra dama en cuestión, Lilita, se suma almismo pensamiento: protestan ambas como si Cobos las hubiera descubierto a la salida de un hotelcon horarios rotativos. Hasta Mauricio Macri se indispone –más con el alimento constante yconspirativo de quienes lo cercan, los que le proponen “matar al Colorado” porque éste,si le va bien el próximo 28, en 2011 se postulará para presidente y no para gobernador–, puesla entrevista habilita a pensar que De Narváez no agradeció simplemente la actitud de Cobos, sinoque lo estimuló como posible aspirante a presidente de la República. Al margen de que los dosprotagonistas no provienen de un jardín de infantes, la evolución intolerante de los políticos poruna simple fotografía sorprende a cualquiera que no participe de estos menesteres. Si hasta seperdió la noción del horizonte: nadie habla de la intervención de los servicios de inteligencia enel operativo de la efedrina con De Narváez (incautación de mails de terceras personas, porejemplo), hasta se ignoran los montajes urdidos, las improvisaciones y hasta el descuido amateur enese ejercicio con sueldos que pagan todos los contribuyentes. No en vano, en el último cumpleañosde uno de los más enigmáticos referentes del radicalismo, a uno de los invitados –casi unincunable en reuniones sociales– con mayor responsabilidad al frente del espionaje local, sele atribuyó esta confesión: “El 95% de nuestra actividad hoy se la llevan laselecciones”.

Peligro de derrota

Tanto revuelo interesado en la entrevista, sin embargo, permitió distraerse y no reparar en otraalerta (como lo consignó el experto Rosendo Fraga en una conferencia): las manifestaciones deCobos, horas antes de la famosa reunión, expresiones obvias, casi idiotas, que parecen correspondera la caricatura que le han concedido sospechosamente los programas cómicos más que a su propia ycomplicada personalidad (a propósito de la televisión, en sus ratos libres, ¿Marcelo Tinelli sededicará el año próximo a la política?). Dijo entonces el vicepresidente: “No voy arenunciar”. Casi un delarruismo esa declaración en este momento, cuando todos suponen que yase extinguió la voluntad kirchnerista por hacerlo dimitir. Para agregar: “Seré candidato en2011”, otra recurrencia inapropiada cuando todo el mundo la conoce. A nadie se le ocurrió,por la extensión estúpida que produce la imagen televisiva, que el vicepresidente se expresabasobre otras conjeturas más atinentes. Al menos, para él.

Tal vez, el exceso de información privilegiada (¿hablará de estos temas con Enrique Nosiglia oRaúl Baglini?) lo obligó a Cobos a formular advertencias preventivas. Con relación, claro, a unamentada eventualidad sobre el proceso institucional en el caso de que al kirchnerismo le resultaraestrepitosa la derrota en todo el país. Bajo la inspiración de aquellos días anómalos que el mismovicepresidente provocó con su voto “no positivo”, cuando los Kirchner amagaron dejarOlivos en represalia por la presunta pérdida de poder y el repudio de buena parte de la población,más de uno ha imaginado una deserción semejante después del 28. Con otro condicionamiento engañoso:llamar de inmediato a elecciones generales. Fantasías en un terreno de arena que, naturalmente,supone la dimisión también del vice (de ahí lo de “no voy a renunciar”, a pesar de quealgunos radicales le han sugerido esa conveniencia pues lo colocaría en inmejorables condicionespara participar en futuros y perentorios comicios presidenciales).

Sin decirlo, Cobos señala –si alguien mira detrás de sus palabras como suelen mirar detrásde sus actos o fotografías– que se abstiene de cualquier pergeño de combinación electoraldiseñado con un criterio de Lampedusa, ya que un kircherismo castigado el 28 bien podría ser unaalternativa como primera minoría un par de meses más tarde con otra figura como estandarte (¿DanielScioli?). Sobre todo si se logra convencer de la necesidad de “salvar el modelo”.También en ese marco habría que inscribir esa inocente declaración: “Sólo seré candidato en2011”. Blanco y en jarra, leche.

Candidatos experimentales

No parece, sin embargo, que esas especulaciones de continuidad irregular hoy embarguen a NéstorKirchner, aunque éste ha demostrado capacidad técnica e iniciativa para todo tipo de experimentospolíticos (adelantamientos, testimoniales, sosias). Más bien se entrega a sus inconductas públicasen la campaña –pasar de pacífico veterano que brinda consejos a un imberbe expropiador de los70– que le alteran el barómetro de las encuestas, ésas que le prometen amplios triunfos yotras que le auguran fracasos estrepitosos. Una irrevencia científica, si es que esa actividadpuede encuadrarse en esa calificación. Igual, refunfuña, habrá que aceptar la afrenta que padececomo profesional experimentado frente a un frívolo amateur de origen porteño a la hora de contarlos votos. Al margen de opiniones, sabe que el asedio de De Narváez sobre él merece, por lomilagroso, más causa de estudio en Harvard que el antecedente que allí se estudia sobre su sucesiónfamiliar en Casa Tía.

Vendettas post 28-J

Se inflama de ira también con ex asistentes –desprecio absoluto por Alberto Fernández, hoyen los medios como si no hubiera sido conspicuo miembro del Gobierno– y se indigesta connombres y apellidos, también con empresas, a los que anota en una libreta negra y a los que habráde atender luego de los comicios. Salgan como salgan.

Piensa en ese compromiso personal, dicen, con medidas anticipadas sobre Clarín (de ahí elnerviosismo empresario si los negociadores fracasan), mayor control sobre ciertas empresas deservicios públicos (se inquietan las de origen español), zanjar para su gusto el tema Telecom(¿habrá que decir quiénes serán los beneficiados?), operar sobre el sector industrial más rebelde,quizá proceder sobre los bancos en materia de depósitos en dólares (no casualmente aumentan losdesvíos al exterior), incrementar la alianza con los gremios, instrumentar otras acciones derepatriación de capitales si no funciona el blanqueo (¿hay una experiencia ecuatoriana al respecto,sobre obligaciones a las empresas en ese sentido?), afectar posiblemente la rentabilidad en granosy aceites de exportación, alguna nacionalización (finalmente, como Aerolíneas, ¿Somisa –hoyen manos de nefastos empresarios que su dinero del exterior lo mantienen en el exterior– noperteneció antes al Estado argentino y fue privatizada en los malditos noventa y hasta por unaimpronunciable María Julia Alsogaray?).

Un listado aterrador que construyen los propios aterrados y que se fundamenta en inauditosprecedentes de los últimos días: tal el caso de los accionistas de Telecom, a los cuales un simplefuncionario, no un juez, les impidió un movimiento de personal jerárquico. O la declaración delpropio Kirchner sobre Nordelta, cuando a los vecinos humildes de la zona norte les dijo:“Nordelta es de ustedes”, invitándolos al ingreso al country como si fuera D’Elíao para que establezcan un asentamiento en tierras que ese emprendimiento privado comparte con elEstado por las acciones conservadas en la ANSES.

Experto en encuestas

Mientras, Kirchner jura que gana por 10 puntos –como si también supiera de encuestas y deéstas, por lo que se conoce de muestreos, no sabe nadie–, al tiempo que se presta a despedirla campaña con la pompa justicialista de antaño en el Mercado Central (se debe recordar que, parael Gobierno, la Argentina se reduce hoy a la provincia de Buenos Aires). Con Leonardo Faviocantando un pegadizo tema oficial sobre “los compañeros” (ya que la marcha, por consejode Aníbal Fernández, quedó en un rincón precioso de algunos opositores al régimen) en un final defiesta que fuerza el recuerdo siniestro: el de un Favio más potente en voz, hace décadas, cuandoregresó Perón y a él le tocaba presidir el palco con peronistas que se masacraban arriba y abajodel escenario. Curioso: no demasiados metros separan, en el camino a Ezeiza, aquella bienvenidafrustrada, infausta, con montoneros rabiosos, recién iniciados de la Triple A y voluntarios de laviolencia, de esta otra despedida. Que, se supone, será en paz, ya que los Kirchner no permiten–y es comprensible observando la barbarie de la historia peronista– ningunadisidencia.

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