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La causa justa

El fútbol, que de por sí no es nada, tiene por eso mismo el poder de significarlo todo. Buena parte de las metáforas sexuales que genera y estimula, por no decir que la totalidad de esas metáforas, mencionan desde siempre esta certeza: el macho verdadero, el macho cabal, no es el que les da a las mujeres, es el que les da a otros hombres.

La causa justa
23-08-2026 | 17:46

El fútbol, que de por sí no es nada, tiene por eso mismo el poder de significarlo todo. Buenaparte de las metáforas sexuales que genera y estimula, por no decir que la totalidad de esasmetáforas, mencionan desde siempre esta certeza: el macho verdadero, el macho cabal, no es el queles da a las mujeres, es el que les da a otros hombres. No hay que pensar en “el héroe de lasmujeres”, como escribió Bioy Casares; hay que pensar mejor en algunos personajes de Osvaldo ode Leónidas Lamborghini, no menos que en aquellos rústicos federales de El matadero que desnudan alunitario y se disponen a darle verga. Junto con la denigración discriminatoria, tan propia delmundo popular, del homosexual pasivo, va el prestigio viril del que lo acomete siendo activo. Putosiempre es el otro, por definición, como los cantos de tribuna no dejan de expresar con rudezadomingo a domingo; pero además no hay nadie más macho que el que hace puto al puto, el que le da(para que tenga).

El escándalo general que produjo recientemente Diego Maradona, con sus dichos, no ha sido menoral que en su momento produjera Héctor “Bambino” Veira, con sus hechos. Pero el largotrecho que lleva de una cosa a la otra, es decir del dicho al hecho, arrastra en todo caso siempreesa misma sanción singular de la erótica futbolera: vencedor es quien rompe un culo, vencedor es elque se la hace chupar (a un varón, por un varón).

De estos mismos asuntos trata La causa justa, aquel cuento de Osvaldo Lamborghini: de un partidode fútbol, de chuparla o no chuparla, de llevar la palabra al acto, del carácter nacional ypopular. Lo que a Maradona le ha estado faltando en todo esto es una especie de Tokuro, el japonésintransigente del cuento de Lamborghini, que impone la obligación de cumplir con la palabra dadamás allá de la circunstancia de ser puto o no ser puto.

¿Se puede pensar a la literatura argentina contemporánea bajo el sello de Osvaldo Lamborghini?En ese caso, no habría razones valederas (razones literarias por lo menos) para desafectar a DiegoMaradona de la galería de celebridades argentinas del pabellón nacional de la Feria de Frankfurt en2010.

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