Los otros días un amigo me recordó una frase de la señora Robinson (no me refiero al seductorpersonaje desarrollado por Anne Bancroft en El graduado, sino a una extraordinaria economistakeynesiana del siglo pasado): “Algo peor que ser explotado por un capitalista es no serexplotado”. O, en mi versión libre: “Algo peor que un mal trabajo, es un buendesempleo”. La versión contemporánea de aquella reflexión podría ser: “Algo peor queser explotado por un capitalista, es ser explotado por un capitalista en un país con un gobiernokirchnerista”.
En los últimos días, volvió a la primera plana del debate económico nacional la cuestión dela seguridad jurídica y la estabilidad y previsibilidad de las reglas de juego. Reclamada desdecírculos empresarios de primer nivel, ¡hasta el presidente de la Corte Suprema de Justicia!.
Lo curioso es lo poco que se relaciona el nivel de empleo y de ingresos de los trabajadorescon dicha falta de reglas claras y estables.
Una aclaración previa. Estabilidad y previsibilidad de las reglas, no implica certeza respectode la rentabilidad de un negocio. O que una empresa no puede quebrar. Lo que implica es que elentorno regulatorio, impositivo, legal, y, en menor medida, el macroeconómico (si no, ¡de quéviviría!) que sirve de precondición a cualquier proyecto de inversión, permanece más o menosconstante, a lo largo del período de maduración de dicha inversión.
Ahora sí, me explico. Un país en donde un secretario de Estado puede decidir, por una ordentelefónica y al margen de la ley y las normas vigentes, los destinos de un negocio o larentabilidad de una empresa; en donde, por una simple resolución de un ministro del gabinetecambian las alícuotas impositivas; en donde la interpretación de las leyes por parte de los juecesvaría con gran amplitud de juez a juez; en el cual muchas normas son retroactivas, es un país endonde hacer negocios de manera honesta, o relativamente honesta, es más costoso y más riesgoso. Porlo tanto, a todo proyecto de inversión en tal país, supongamos, la Argentina, cualquier inversorlocal o internacional le pide una ganancia que compense, no sólo el negocio “normal”,sino la probabilidad de que dicho negocio cambie por modificaciones imprevistas de las reglas. Porlo tanto, si un negocio tiene que “rendir” mucho más que lo habitual, eso significa quemuchos proyectos no se hacen o que una parte importante de esa rentabilidad extraordinaria seobtiene pagando menores salarios que en otras condiciones. Dicho de otra manera, como para invertiren un país imprevisible hace falta una rentabilidad extraordinaria, se concretan menos proyectosque los que habría en otras condiciones. Por lo tanto, si todo lo demás no cambia, menos proyectosconcretados es menos demanda de trabajo. Y los que se concretan, para que esa rentabilidadextraordinaria se produzca, pagan salarios más bajos a fin de remunerar más el capitalinvertido.
Va de nuevo. Si hay menos demanda de trabajo, a igual oferta, los salarios son, en promedio, másbajos que los que habría en condiciones normales, y si hace falta una rentabilidad extraordinariapara el capital, también los salarios son más bajos que los que existirían en condiciones“ordinarias”.
Otra forma de eludir la inseguridad jurídica es concretar sólo proyectos de rápido retorno o debaja inversión inicial. De manera de reducir el riesgo de que las reglas cambien durante laduración del proyecto o que el capital en juego, si se pierde, no sea mucho. Esto, otra vez, limitael tipo de inversiones que se hacen y la demanda de empleo.
Obviamente, existe siempre la alternativa, para bajar el riesgo, de hacerse “amigo delpoder”. Pero el poder es efímero y cambiante y, por definición, tiene pocos amigos, de maneraque esto también limita la inversión disponible.
Resulta claro porque los capitalistas locales o los gerentes de los capitalistas extranjerosreclaman seguridad jurídica y estabilidad de las reglas. Los primeros, porque pueden hacer másnegocios en un entorno de este tipo. Los segundos porque, si bien en niveles altos, también sonasalariados y su salario está en función del tamaño del negocio que manejan.
Lo que no queda claro, sin embargo, es por qué, siendo el salario y el empleo las variablesde ajuste de la imprevisibilidad de las reglas y de la incertidumbre, el reclamo por un escenarioregulatorio más estable no lo haga la CGT.





