En su laberinto, los Kirchner se golpean, tropiezan, nublan su frente de chichones; en busca deuna salida a tientas, a veces retroceden más gordos cuando paredes y pasillos se angostan.Angustia. Por supuesto, el enigma los altera, más cuando saben que en política la mágica soluciónal dédalo indescifrable no se resuelve desde el aire, subiendo: ruboriza la sola mención de esaalternativa, pensar en el helicóptero. Pero el cuerpo padece, castigado por estrellarse de frente operfil, y ante la falta de alternativas (o no poder encontrarlas), se pregunta impotente: ¿es queacaso no hice nada bien? (el ministro Randazzo, recuperado como vocero de la pareja). De injuriador(Aníbal Fernandez) a víctima, del portazo de la renuncia al “me quieren echar”, del“vamos por todo” al “siempre hemos perseguido el diálogo”. Igualito aDomingo Cavallo en tiempos de Carlos Menem, no casualmente entonces el héroe económico delmatrimonio.
Patologías al margen, ahora se dicen más abiertos y flexibles que sus opositores, dispuestos aconciliar, y que en todo caso el drama argentino son determinados enemigos de la patria como elmonopolio Clarín, Julio Cobos, descendió un tanto en la consideración Martín Redrado, objetosinanimados como la carne vacuna, eventualmente el yuyito. Hacen repetir, a su vez, que en suamplitud convaleciente Néstor consulta a economistas propios (cuando no lo hace sano ni enfermo) y,por si esa generosidad oficial no alcanzara, promueven consultas como la del miércoles venidero conempresarios y cámaras de distintos pelajes, olvidando que algunos de los convocados fueron críticosen los últimos meses, muestra de que la Presidenta no guarda rencor. Ni que tampoco, cuando fueronapartados o incluidos en un libro negro, esa nominación se convertía en eterna.
Siempre ella brinda una oportunidad, en este caso de la mano de Julio De Vido, cada vez menosconvencido de su continuidad (lo imaginan trasladado a Santa Cruz para competir electoralmente) ycon algunos faltazos al domicilio de su ministerio. Tenida gastronómica, entonces, igualita a lasde Raúl Alfonsín cuando en sus finales se entusiasmaba con esas tertulias en las que una estrellade las galletitas le cocinaba fideos con tuco. Todo se repite, menos quizás el final. Quienesgeneran estos eventos suponen, en forma más modesta y doméstica, que pueden reiterar las llamadascomo las del vecino José Mujica, en Punta del Este, con la pretensión de que los concurrentesformen un círculo sobre el Gobierno, lo protejan y alienten, envuelvan a Cristina en los capullosque merece y le confirmen con asentimientos silenciosos (si es con declaraciones, mejor) que losdatos económicos buenos (crecimiento, ingreso de divisas por exportaciones de soja) son preferiblesa la suba del nivel de precios, el exagerado gasto público o a la recurrente falta de inversión. Depaso, para que el invitado parta con un obsequio, promesas de subsidios (tasas o préstamos) para elincremento de la actividad económica. Se supone que este encuentro puede otorgarle un respiro a ladama, ella que viene lastimada por una suma de episodios lamentables.
Ella, como tantos en la Argentina, vive un proceso interior desgastante. Imprevisto, acelerado,además, por el percance de salud de su querido esposo, quien además de estrellarse con la“corrupción terrenal de la carne” –el momento en que uno toma conciencia de querepentinamente puede pasar de una cancha a la otra–, ahora entre algodones médicos agregópreocupaciones personales al quehacer de gobierno sin horarios: posibles secuelas (mínimas yreversibles, sin duda) en su brazo izquierdo y, sobre todo, por otra acechanza latente, fantasmal.Sucede que en las intervenciones de la carótida, aunque producen trombos que pueden afectar elcerebro, el origen del problema suele proceder de las coronarias, esa “corona”–descripción que la memoria le atribuye a Leonardo Da Vinci– que le provee oxígeno alcorazón. Ya debe saber Néstor como paciente inquieto que, en tiempos del peronismo (1951), hubo unmédico argentino (doctor Carrea) que habría iniciado este tipo de operaciones, poco antes que eleminente DeBakey, por lo tanto no ignora también que él mismo ahora requerirá de prolijasobservaciones y recorridos sobre su sistema arterial para prevenir desagradables sorpresas. Uncambio, sin duda, a esa vida sin demasiados reparos en la salud. Y no sólo físico. A menos que letoque en suerte el mismo destino de otro ex mandatario, su innombrable Menem: cuando al riojano lecorrigieron la vía de la carótida, en los estudios luego no le encontraron ningún tipo dealteración en su sistema de coronarias. Se considera ese hecho poco frecuente.
Le costará a Cristina confesar su nueva tribulación, más a Néstor aceptar el diagnóstico (si nofuera el deseado); se sumergen en aguas poco conocidas. Y vienen arrastrando otros fangos: desde elenredo por falsa figuración sobre sus pasadas permanencias en la cárcel –alimentandoridículas contradicciones que vuelven ridículas las imposturas sobre la“militancia”–, como si a quienes les suben los precios más de 20% les interesaraese brumoso pretérito, hasta la vertiginosa prosperidad de la pareja. Tema en el cual ciertosmedios ahora han descubierto pastura interminable para sus animales lectores, multitud deprecisiones y denuncias que se arrojan sobre ellos y hasta su personal cercano. No se discuten yalegalidades o no, más cuando la Justicia siempre los preserva. Si hasta ha crecido la presión ysuspicacia por licitaciones pasadas y a venir, una lista de la obra pública que generará en lacúpula más de un dolor de cabeza. Se podrían detallar ciertas anomalías, pero corresponde señalarpuntos elementales:
La habilidad de un mandatario para gobernar y, al mismo tiempo, desprenderse en breve tiempo ya buen precio de 19 departamentos, sin mencionar otras multiplicaciones; o de adquirir gracias a suojo clínico, también mientras ejercía su función pública, lotes y terrenos magistralmenterevaluados luego, igual que los emprendimientos allí instalados.
La realidad de que ningún pariente, como sí ocurrió con Roberto Ortiz en los cuarenta, lesreprochará distracción a los Kirchner por haber perdido la fortuna por exagerada atención a laPresidencia y a la gestión.
Debate o no sobre la concesión de obras, lo riguroso es que no se ignora la deserción deimportantes empresas o consorcios que ya no se presentan siquiera a las licitaciones, como siexistieran condiciones previas no escritas que les incomoda satisfacer. El dato vale doble porquese trata de compañías que, en ese universo de la construcción, se ampliaron con dirigentes que nofueron santos de la espada, menos de la cuchara o el fratacho.
Por esta sucesión de episodios, saben los dos ya lo que se esconde tras la mirada de quieneshabrán de entrevistarlos, sean empresarios locuaces en la admiración o más halagadores jefessociales o de organismos de derechos humanos. Por la razón que sea, una brecha de falta deconfianza se dibujó en el aire entre las partes. Ahora le resta al dúo atravesar no sólo la largamarcha de la economía, sino el desértico mundo parlamentario que ha descubierto debilidades másfuertes en Cristina que la falta de maquillaje.






