El barco que lleva al país hacia el puerto de las elecciones del año que viene entró en aguastormentosas con pronóstico de vientos huracanados. Los Kirchner resolvieron acelerar los tiempos,huir hacia delante y tal como es su costumbre, apostar al todo o nada. No tienen otro remedio:están en el medio del río y no pueden volver atrás. Son conscientes de que disponen de un mínimomargen de maniobra para que la Corte Suprema resuelva a su favor varios de los conflictos con losque han intentado quebrarle el espinazo al Grupo Clarín. Por eso ni el matrimonio presidencial niAníbal Fernández cuidaron las formas para presionar con sus declaraciones al Máximo Tribunal. Lefaltaron el respeto al dar por hecho que son dependientes del poder económico y exigirles quedejaran de serlo. A la Corte le espera un destino de arquero y son varios los penales que les van aejecutar en el corto plazo.
La judicialización de la política es un embudo lleva al despacho de Ricardo Lorenzetti. Y noestamos hablando sólo de la Ley de Medios Audiovisuales y su artículo 141, que es su ADN porqueobliga a los grupos dominantes a vender radios y canales. Más temprano que tarde, también deberándar su veredicto en otras batallas de la misma guerra: Papel Prensa, Fibertel-Cablevisión y elvacío legal o no que puede generar la caída de las facultades delegadas por el Congreso al PoderEjecutivo. El gran obstáculo para el Gobierno es que la Corte, respetada por su excelenciaacadémica e independencia, tiene tiempos mucho más lentos que los que necesitan Néstor y Cristina.Pero, sobre todo, “los supremos” sienten dolores de úlcera cada vez que los obligan aresolver problemas que no son de estricta raíz legal y suenan a persecuciones políticas. En laCorte desprecian ser convertidos en una suerte de cuerpo de bomberos para apagar los incendiosproducidos por los gobernantes.
La gran pregunta es: ¿logrará el oficialismo desarticular a los grandes medios y conformar supropio monopolio de comunicación para-estatal en forma exitosa? ¿Decidirá en forma urgente la Cortesobre estos temas o los guardará en un cajón hasta que el pueblo resuelva en las urnas lacontinuidad o el fin del kirchnerismo?
De esas respuestas depende el rumbo inmediato del país. Todo lo demás es accesorio. Aún lasderrotas parlamentarias parciales de los K (82% móvil, INDEC, glaciares) son escaramuzas para ganartiempo, erosionar al rival, reagrupar fuerzas y en, algunos casos, puros fuegos artificiales quedistraen la mirada estratégica que la oposición aún no encuentra.
Son pasos positivos, pero que no terminan de sacudir al oficialismo. La rigurosa denuncia de laUCR sobre el escandaloso manejo del Fútbol para Todos entra en ese contexto. También elcuestionamiento al doble discurso permanente de los Kirchner. En su momento, cuando las relacionesGobierno-Clarín eran carnales y Héctor Magnetto cenaba en Olivos) la renovación de las licencias detelevisión y la autorización para la fusión de Cablevisión y Multicanal eran “nacionales ypopulares” para los que bajaban línea oficialista. Eso le costó el cargo a Jose Sbatella.Hoy, la necesidad de supervivencia lleva a los K a sostener todo lo contrario sin que se les muevaun músculo. ¿Se vienen “Internet para todos” y el dominio“kkk.cristinaeslamejor.com.ar”?
El Gobierno mejoró su posición en las encuestas, pero para romper el techo y garantizar unavictoria electoral necesita sumar nuevas figuras para reemplazar a las que se fueron. Le cuestamuchísimo. No puede exhibir éxitos rotundos porque la permanente generación de enemigos polarizatanto las cosas que el costo de adherir al Gobierno es muy grande. El asalto final sobre el poderpara eternizarse es un arma de doble filo. Genera mística militante en sectores juveniles que seinteresan por primera vez en la política, pero, como reacción, aleja a dirigentes experimentadosque temen que ese infantilismo empuje a la derrota política de esta generación por cometer losmismos errores que llevaron a muchos de esos protagonistas a la derrota militar de los 70.
Espantados por el maltrato autoritario y el fin que justifica cualquier medio, muchos cuadros dediverso perfil ideológico pero igualmente eficientes como Roberto Lavagna, Alberto Fernández,Graciela Ocaña, Miguel Bonasso, Jorge Taiana, Victoria Donda, Jorge Ceballos, Sergio Acevedo,Alberto Iribarne, Jose Octavio Bordón, Jose Scioli, Felipe Solá, Gustavo Béliz dejaron a losKirchner. Por eso hoy deben refugiarse en históricos compañeros muy desgastados ante la opiniónpublica, como Julio de Vido o Ricardo Echegaray. Y apelar a jóvenes casi sin trayectoria pero deabsoluta fidelidad. Es el caso de la cuñada de Máximo Kirchner, ascendida a la dirección de la AFIPde Santa Cruz con la orden de custodiar que no prospere ninguna pesquisa por evasión oenriquecimiento de ningún pingüino.
Los intelectuales de Carta Abierta se lamentan de que el Gobierno no pueda recrear latransversalidad y quede como rehén del pejotismo, aunque reconocen con pragmatismo que semejantepoder “no se le puede regalar al neoliberalismo restaurador” del Peronismo Federal. Detodos modos, les va a costar mucho digerir que sus candidatos en los principales distritos seanDaniel Scioli ( Buenos Aires) y Amado Boudou (Capital), cuya matriz ideológica es precisamente ladel neoliberalismo menemista. Ni Scioli ni Boudou fueron paridos por el matrimonio entre FranzFanon y John William Cooke y mucho menos por el concubinato entre los movimientos populares y elneomarxismo. Sí puede encontrarse en esa usina, en el materialismo dialéctico e histórico, elconcepto de agudizar las contradicciones como una forma de convertir cierto caos en el partero delo nuevo. En un cambio de pantalla dirían los cyber militantes.
Esa novedad será alumbrada por las urnas. La soberanía ciudadana dirá si esta es la última fasede un kirchnerismo que se pertrecha para resistir desde la oposición o la consolidación de unproyecto que entrará en la tercera etapa de una continuidad sin antecedentes en la historiaargentina.





