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La cosa es no acosar

En su magnífica novela La ley de la ferocidad, Pablo Ramos narra un episodio que expresa mis sentimientos.

La cosa es no acosar
23-08-2026 | 23:04

En su magnífica novela La ley de la ferocidad, Pablo Ramos narra un episodio que expresa missentimientos. No recuerdo si con maíz o alpiste, atrae palomas a una terraza para ganar suconfianza y después brindarles más alimento pero mezclado con estricnina y termina agitado y gozosocontemplando la calle cubierta por cadáveres emplumados. No me atrevería a hacer lo mismo, peroodio a esas ratas voladoras, mugrientas y llenas de piojos que cagan la ciudad y que por sucapacidad reproductiva y su voracidad terminan usurpando el espacio vital que fue de benteveos,zorzales, surirís, picabueys, golondrinas ceja blanca y de otras trescientas especies de aves queconvivían en paz. Los vibrantes picaflores de colores eléctricos que anidaban en los jardineshuyeron ahuyentados por el planeo de roñosas palomas que abundan allí donde haya viejas y viejosboludos, podridos por la soledad, que van con sus perros y convocan a los pajarracos ofreciéndolesmigas de pan o restos de comida. En el club Ciudad, hacia agosto empiezan a aparecer cisnes,biguás, patos y jilgueros y benteveos que no bien empieza la ominosa temporada de Pepsi Rock yExtasis&Drug Music desaparecen atormentados por el ruido, pero crece la población inmunda depalomas. Por suerte están cambiando las disposiciones comunales y una comisión directiva rockera yproclive a los negocios acaba de ser reemplazada por una orientada hacia el deporte y juramentadaen recuperar el espíritu original de ese ámbito, ideado por Jorge Newbery, diseñado por elarquitecto Thays y mil veces enchastrado por los carteles y los borrachos de la Personal Fest.Ojalá vuelvan todos los buenos bichos. Pero la cosa es no acosar. Acosar es trabar o negar lavoluntad del otro. Las palomas son cosas, su voluntad no merece consideración y no pueden vengarse.Ahuyentémoslas. El Pepe Mujica no es hombre de acosar. En la víspera de su triunfo electoralcelebró el gesto de Lula hacia el presidente Ahmadinejad. Se le agradece: el mundo no deberíaolvidar que Irán es una civilización milenaria con tanto derecho a programar su supervivencia comocualquier potencia occidental. No dijo “acosar” el uruguayo. Eligió una metáforacampera bien expresiva sentenciando: “Nunca hay que acorralar”. Es bueno acosar a lascagantes palomas porque no piden nada a cambio de desaparecer de nuestro hábitat. Pero aquí laoposición ha descubierto que acosar a estas dos aves de rapiña rinde votos y avanzan. Pero nohabría que acorralarlos. Sería mejor conseguir que el juez firme que el enriquecimiento es cosajuzgada para que se vayan en paz a su hotel sin más daños colaterales que los tantos que yaprodujeron.

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