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La declinación de la educación pública

La declinación de la educación pública
24-08-2026 | 19:41

La pasividad con la que la sociedad argentina acepta la declinación de la educación es una clavepara entender por qué somos una nación con mal desempeño, por qué venimos declinando –desdehace por lo menos sesenta años– en muchos indicadores con los que podemos comparamos con elresto del mundo. La educación ha pasado a ser una de esas cosas que en la Argentina resultanintocables, un tabú que inhibe a los políticos, a los empresarios y a muchísimas personas. El tabútiene marca ideológica típicamente argentina: si alguien sostiene que hay que mejorar la formaciónde los maestros, evaluar a los colegios o mejorar la calidad de la enseñanza, inmediatamente estildado de “derechista”; los políticos evitan caer en ese oprobio, los empresarios seprotegen de las represalias de los “progre” y la gente común, de clase media paraarriba, se desentiende porque sus hijos estudian en escuelas privadas.

Es algo increíblemente necio. No hay nada menos “progresista” en Brasil o en Uruguayque en la Argentina, pero allí los gobiernos llevan adelante políticas educacionales audaces y losdirigentes productivos no sólo las acompañan, sino que a veces se adelantan a ellas. La educaciónpública argentina fue instituida y desarrollada hace más de un siglo por gobiernos que erancualquier cosa menos de izquierda; de hecho, el folclore ideológico suele llamarlos“oligárquicos” –cuando en realidad, representaban a una burguesía modernizante y“progresista” en el sentido de la expresión en el siglo XIX.

La educación pública, en los tres niveles de enseñanza, fue el cimiento sobre el cual se edificóel desarrollo social y económico de la Argentina moderna. Su declinación es la causa principal dela declinación argentina. Es difícil establecer cuándo empezó.
En 1958, la sociedad fue conmovida por la ardiente oposición en las calles entre partidariosde la enseñanza “laica” (pública) y “libre” (privada). Me cuento entrequienes manifestamos a favor de la “laica”. Todo aquello no impidió la habilitación deuniversidades privadas, contra las cuales las fracciones reformistas de las universidadesnacionales continuaron oponiéndose durante algún tiempo. Como fui parte de eso, y ahora pertenezcoorgullosamente a una universidad privada, y mis hijos se educaron en establecimientos primarios ysecundarios privados (como los hijos de la mayoría de los dirigentes políticos y empresarios delpaís) puedo decir que aquello fue una tontería. En pocos años, los académicos de las universidadesnacionales y los de las privadas se relacionaron productivamente y el resultado fue una mejora dela calidad universitaria general. La “libre” se ideologizó tanto como la pública; suaporte de cuadros a los movimientos subversivos de los 60 y 70 no tuvo nada que envidiar a lasestatales.

En 1966, el gobierno militar intervino la UBA. Creo que eso marca un hito en la declinación. Porlos gobiernos militares, pasaron ministros de Educación con ideas tan extraordinarias como prohibirla enseñanza de la matemática moderna, por su potencialidad subversiva, imponer principiosdisciplinarios más propios de cuarteles que de colegios, prohibir a las maestras vestir pantaloneso desalentar las expresiones culturales “foráneas”.

No fue la educación privada la que provocó la declinación de la educación pública. Fue elcreciente desinterés de los sectores dirigentes argentinos por la calidad de la enseñanza.Progresivamente, fue creciendo la matrícula privada en todos los niveles de enseñanza, las elitesargentinas fueron enviando a sus hijos a los establecimientos privados y la educación pública quedólibrada a la burocracia estatal y los sindicatos. Y a nadie le importó realmente lo que empezó apasar. Así es hasta hoy.

Recuerdo el día en que el entonces presidente de la Nación Néstor Kirchner, junto con suministro Daniel Filmus, otorgó la habilitación definitiva a un grupo de universidades privadas.Tuve el privilegio de estar presente. Recuerdo las palabras de Kirchner porque pronunció un elogiocasi sin límites del papel de la educación privada en la Argentina. Su ministro de entonces, y elque lo sucedió, Juan Carlos Tedesco, y el actual, como tantos otros antes, han formuladodiagnósticos muy correctos del problema de nuestra educación. Pero no pasa nada. El problema defondo no es “ideológico”; es el desinterés de los sectores dirigentes por laeducación.

Escuché decir a Tedesco, antes de ser ministro, que el objetivo debe ser ofrecer a los chicosque nacen en los ambientes de la pobreza la mejor educación posible, porque las familias de lasclases medias pueden conseguirla por sí mismas. Eso no está ocurriendo. Estamos contemplando cómonuestro país se desmorona entre las ruinas del cimiento sobre el cual fue edificado y no estamoshaciendo nada.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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