•SITUACION DE HONDURAS

La democracia: entre la ley y el voto

La situación en Honduras ha vuelto a poner en un primer plano un viejo problema ya conocido en muchas partes del mundo, y en particular en América Latina.

La democracia: entre la ley y el voto
23-08-2026 | 04:28

La situación en Honduras ha vuelto a poner en un primer plano un viejo problema ya conocido enmuchas partes del mundo, y en particular en América Latina. Recuerdo que en los años del primerPerón (años de mi infancia y mi adolescencia) circuló una expresión de un político antiperonistaque dio bastante que hablar: “La democracia –dijo– es el gobierno de losdemocráticos, no el gobierno de la mayoría”. A mi modo de ver, esa frase planteó bien unproblema: qué ocurre cuando la mayoría vota a gobiernos no democráticos. La solución implicada porel autor de la frase y por otros muchos argentinos –presumiblemente algo menos de la mitad,porque de haber sido mayoría no hubiera existido el problema– fue el golpe militar, el cualciertamente no calificaba como una respuesta democrática al problema de la democracia; pero ése esotro asunto. El problema estaba planteado, y se plantea en esos mismos términos en nuestrosdías.

Honduras reactiva el dilema: un presidente electo desafía las reglas democráticas y es depuestomediante procedimientos no democráticos. Ahora bien, si se piensa que existen procedimientosdemocráticos para resolver el problema, entonces hay que aceptar que la democracia es algo más quela elección de un gobierno por el voto ciudadano. En Honduras, el presidente depuesto se ampara enla legalidad de su elección y cuestiona la legalidad de su destitución. El sistema interamericano–la OEA y los gobiernos de las naciones miembros–, así como gran parte del mundo,apoyan ese punto de vista. Aplicando la misma doctrina, la OEA está respaldando al presidente EvoMorales en Bolivia y no objeta a Hugo Chávez en Venezuela –aunque sí mantuvo excluida a Cubadel sistema interamericano durante cincuenta años, hasta hace pocas semanas–.

Al tomar posición de manera tan contundente, exenta de matices, la OEA y la mayoría de lasnaciones del hemisferio están sentando el principio de que un gobierno es democrático si ha sidovotado, se ajuste o no, en el ejercicio de su mandato, a la ley vigente, y reconozca o no esa leylos derechos de las minorías y las libertades públicas y de expresión. Es la idea de que lademocracia es algo relativo al voto y no a los derechos de todos.

En los años en que en América latina prevalecían los gobiernos militares, emergió una corrientede opinión que postulaba –en forma igualmente extrema, exenta de matices– un punto devista opuesto: lo importante no es cómo se elige al gobierno sino que éste se ajuste a la ley. Esadoctrina estuvo en la base de la justificación jurídica de muchos golpes de Estado. Por cierto,resulta difícil encontrar casos de gobiernos de facto que se ajustaron a la ley pero, segúnaquellos doctrinarios, si los hubiera, deberían ser considerados democráticos.

En la doctrina hoy prevaleciente que pone el acento sólo en el voto –esto es, en lalegitimidad de origen– y que quita prioridad a la vigencia de los derechos de todos, no seconsidera importante el principio de la limitación de los mandatos de los presidentes. Obviamente,tampoco los gobiernos de facto consideraban eso importante; aun en el supuesto de que alguno deellos se sometiese a las leyes preexistentes, es evidente que podía durar eternamente. El caso esque uno de los puntos más controvertidos alrededor de estos gobiernos de nuestro tiempo que hansido ungidos mediante el voto popular y que no consideran importante respetar las leyes es surecurrente voluntad de reformar las Constituciones para perpetuarse en el poder.

La noción de que lo único que define a un gobierno como democrático es el haber sido votado esextremadamente peligrosa. Tan peligrosa como la noción de que si un gobierno avasalla ciertas leyesexiste algún derecho superior al orden jurídico que autoriza a derrocarlo.

En el caso de Honduras, el lúcido político y comentarista salvadoreño Joaquín Villalobos–un ex dirigente de la guerrilla de su país que adoptó plenamente los principios de unademocracia más integral– está intentando poner matices en la presente confrontación que laOEA quiere resolver a favor del presidente hasta ahora depuesto. Honduras –diceVillalobos– sufre un problema difícil; ha dado una respuesta desprolija, posiblementeinaceptable, a ese problema; pero el problema existe. Se hace un flaco favor a la causa de lademocracia cuando se simplifican los términos del problema y se toman posiciones pasando por altosus raíces. Son éstas las que requieren respuestas creativas.


*Sociólogo.

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