•25 aos de democracia

La deuda

Hace 25 años, la democracia volvió a amanecer entre nosotros. La llegada de un gobierno electo fue el cierre de una etapa siniestra e instaló la esperanza de que nunca volveríamos a atravesar ese horror. Hay palabras y frases que, en su sencillez, condensan una potencia increíble, se vuelven consigna, bandera, saludo, síntesis perfecta de una identidad compartida, de un deseo plural, de una voluntad colectiva.

La deuda
21-08-2026 | 16:57

Hace 25 años, la democracia volvió a amanecer entre nosotros. La llegada de un gobierno electofue el cierre de una etapa siniestra e instaló la esperanza de que nunca volveríamos a atravesarese horror. Hay palabras y frases que, en su sencillez, condensan una potencia increíble, sevuelven consigna, bandera, saludo, síntesis perfecta de una identidad compartida, de un deseoplural, de una voluntad colectiva. El “nunca más” no necesita ser explicado; nadie quesepa al menos algo de las últimas décadas argentinas preguntará ‘nunca más’ qué. Lamuerte temprana, la tortura, el dolor, la usurpación, la mentira, el silencio, la apropiación, laspreguntas sin respuestas, las madres sin hijos, los hijos sin padres, las abuelas desesperadas, elexilio, la guerra de un borracho, el mundial cínico, el ministro de la desigualdad… Ladesigualdad. Nunca más.
En nuestro país más de 11 millones de personas son pobres. Uno de cada dos niños lo es. Unode cada tres hogares pobres, están bajo la línea de indigencia.
Por eso creo que es importante señalar cuál es la principal deuda de estos 25 años dedemocracia.
No se trata de una consecuencia inevitable. Nuestro país fue sometido desde mediados de los70 y los 90, a fuertes intervenciones destinadas a transferir ingresos desde la base de la pirámidesocial hacia la cúspide. Y se usaron diversos recursos para lograrlo: primero fue mediante ladesaparición, persecución y asesinato de una generación de militantes políticos y sociales. Luego,vinieron la extorsión de la llamada gobernabilidad, los “golpes de mercado” o lascampañas de desprestigio de lo público; maniobras que resultaron tan eficaces para el desaguace delEstado y la concentración de la riqueza como perjudiciales para los trabajadores y los sectoresmayoritarios de la población. En este lapso de más de tres décadas, la desigualdad casi llegó atriplicarse entre el 10% más rico del país y el 10% más pobre; es decir que el ingreso per cápitade los que están en el decil más alto de la pirámide es hoy 30 veces mayor a los que se ubican enel decil más bajo.
Nuestra democracia debe elaborar respuestas urgentes para este drama social; debe ampliarse yprofundizarse para ponerles fin a la exclusión y la desigualdad. Así como nos acostumbramos avotar, a exigir respuestas, a manifestarnos en libertad o a militar en un partido o en unaorganización, debemos como sociedad desacostumbrarnos al hambre, a la desnutrición, a la falta deacceso a los derechos esenciales como la salud, la educación o la vivienda; debemos desnaturalizarel desempleo o la informalidad laboral, la falta de oportunidades para los jóvenes o la pérdida devalor adquisitivo de los salarios; debemos deshabituarnos a que miles de personas vivan en lacalle, cenen las sobras de un local de comidas o recurran al delito para sobrevivir. Una porciónimpresionante de compatriotas están al margen, hundidos en situaciones miserables o aferrados alborde, con una vulnerabilidad que no desean ni merecen.
Saldar esta deuda es una tarea de todos y todas, pero esencialmente de quienes asumimos unlugar de representación. De los dirigentes, de los partidos, de las organizaciones y antes quenada, del Estado. Si el Estado no interviene redistribuyendo la riqueza, recortando los privilegiosde unos pocos y garantizando asimismo los intereses de la enorme mayoría, seguiremos aceptandoinjustamente que una parte de nosotros no merece vivir con dignidad. Si el Estado no garantizacrecimiento equitativo, economía inclusiva y solidaria, desarrollo sostenido y para todos,seguiremos fingiendo la ilusión de un mañana mejor mientras condenamos a millones a un presenteinjusto. Construir una democracia de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y un Estadoque los garantice debe ser el objetivo.
Los partidos políticos populares y progresistas deben expresar intereses colectivos,principios, ideales que se sostienen en el tiempo. Necesitamos volver a enamorarnos de la idea deque es posible un presente sin desigualdad, sin injusticia y en el que nadie quede al margen. Esees el gran desafío de la democracia.

*Intendente de Morón. Referente del Encuentro por la Democracia y la Equidad.

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