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La escritora que vino del frío

No siempre, pero conviene desconfiar de las contratapas, y sobre todo de las citas de autoridad y recomendaciones de las contratapas de los libros.

23-08-2026 | 04:28

No siempre, pero conviene desconfiar de las contratapas, y sobre todo de las citas de autoridady recomendaciones de las contratapas de los libros. Por lo general son opiniones sacadas decontexto o gentiles favores de un amigo escritor a otro. Lo que no está necesariamente mal,teniendo en cuenta otras estrategias de promoción literaria (publicidades encubiertas, entrevistasarregladas, premios literarios). Hay, por ejemplo, un escritor argentino que viene repitiendo entodas las ediciones de sus libros una cita escueta y austeramente favorable de Roberto Bolaño–y quién le va a discutir algo, ahora que el chileno es considerado el mayor autorlatinoamericano de la última década, y se encuentra convenientemente muerto.

El último libro de cuentos de la canadiense Alice Munro (Ontario, 1932), Odio, amistad,noviazgo, amor, matrimonio, trae una exultante recomendación de Jonathan Franzen: “Eldescubrimiento de alguien como Munro supuso para mí una conmoción. En mi opinión, es quien mejorescribe en América del Norte hoy en día”. Franzen no es dado a los elogios gratuitos: ¿cuáncierta será la cita? ¿Qué hacer en estos casos? ¿Comprar el libro a ciegas, o huir como de lapeste? Con los autores conviene hacer como con los autos: primero un análisis general, luego unvistazo más detallado, no olvidar nunca tirarse al piso y mirar el suelo y el chasis por dentro.Ver la tapa, la editorial a cargo de la edición, abrir el ejemplar en cualquier página y ensayaruna lectura al azar. “Eran dos seres sin campo intermedio, nada que separase la cortesíaformal de la intimidad devoradora”. Nada mal. Otra: “La voz de Kitty salta ahora, comoun pájaro en un cable”. Una rápida mirada al autor de la traducción al castellano: MarceloCohen. Todo parece en orden.

El lugar común de la prensa literaria gusta de llamar a Munro “la Chejovcanadiense”. Algo que, a esta altura, con la legión de imitadores (algunos buenos, tantosmalos) del escritor ruso no quiere decir mucho. Mejor sería ubicarla en la tradición de narradorasde la familiaridad, la domesticidad, la vida en pueblos y suburbios retirados donde lo ominososiempre está al acecho: Katherine Mansfield, Flannery O’Connor, Carson Mc Cullers. Mejor aún,John Cheever: pero un Cheever atravesado por la fantasía, la neurosis, la imaginería femenina.

Si bien Munro escribe desde que era adolescente, cuando tenía poco más de veinte años ya estabacasada y con tres hijos. Publicó su primer libro de cuentos en 1968, pero recién a los 45 años,luego de una agobiante vida familiar (que atraviesa buena parte de su obra), pudo dedicarse delleno a la literatura. Y lo bien que hizo: escribió una novela y una decena de volúmenes de relatosque le valieron, entre muchas distinciones, nada menos que tres premios Booker. Los cuentos de esteúltimo libro, publicado en inglés en 2001, son novelas condensadas, universos ficcionales quepueden recorrer sin dificultad una vida o la de varias generaciones en apenas veinte o treintapáginas. Munro dijo alguna vez que cuando empezaba sus historias creía que iban a convertirse ennovelas, pero luego adoptaban la forma del relato. Mejor: en la mayoría de los casos no les faltani les sobra una palabra. Desde hace años, además, la escritora (hoy de 77 años) amenaza conretirarse. No hay que creerle: para agosto de 2009 ya está anunciado su nuevo libro de cuentos, Toomuch happiness.

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