•medios y poder

La espiral viciosa

24-08-2026 | 15:12

Algo nuevo, importante y grave está ocurriendo hoy en el mundo, en varios regímenesrepublicanos, en cuanto a la relación entre los medios de comunicación y el sistema político. A lolargo del siglo XX (aproximadamente hasta fines de los años setenta), se fue consolidando la ideadel famoso “cuarto poder”: Watergate quedó como símbolo histórico. Fue la época de orodel periodismo contemporáneo, orientado por el concepto de objetividad: los medios informativosaparecían como el lugar de la trabajosa búsqueda del reflejo más fiel posible de la realidadsocial, mientras que la política era el campo de las ideologías y la lucha de intereses.

A partir de los años ochenta y por múltiples razones (entre otras, la entrada masiva del grancapital en el negocio de la prensa) la situación comienza a desestabilizarse y su sustentoideológico entra en crisis. Tal vez el llamado “giro lingüístico” en las cienciassociales haya jugado un papel en este proceso: las “ciencias del lenguaje” y lasemiótica ayudaron a conformar la idea de que los medios no son el reflejo de nada, sino queconstruyen la realidad social de la que nos hablan. El discurso periodístico presupone la creenciay la confianza tanto como el discurso político, aunque las trabaja de una manera diferente. Exit laobjetividad: si los actores políticos no tienen ningún acceso privilegiado a la“verdad”, los periodistas tampoco. Este cambio de paradigma, que con múltiplesambigüedades ocupó las dos últimas décadas del siglo pasado, dejó flotando problemas éticos yepistemológicos que están lejos de haber sido resueltos.

La clase política busca entonces un reacomodamiento que empieza a volverse visible a partir delnuevo milenio y que invierte los valores ideológicos. Por un lado, se proyectan sobre los mediosinformativos las características que antes eran propias del campo político: ideologías, intereses,parcialidad, negocios. La idea de que los medios contribuyen a la construcción de la realidadsocial se transforma en la idea de que los medios fabulan y nos cuentan lo que les conviene. Porotro lado, la clase política busca reabsorber la dimensión de la “verdad” que losperiodistas han perdido. Este aspecto se expresa en la distinción, muy apreciada por nuestrapresidenta, entre el país “virtual” de los medios (sinónimo de país falso, inventado,ficticio) y el país “real”, al que ella y los que piensan como ella –no se sabepor qué privilegio– tienen acceso.

La nueva situación comienza hoy a sentirse claramente en Europa. Los escándalos de corrupciónque los medios denuncian son, según el gobierno de turno, pura invención malintencionada. EnFrancia, las salpicaduras del caso de la dueña de L’Oréal, Liliane Bettencourt (evasiónimpositiva, cuentas en paraísos fiscales, financiación de partidos políticos), se están acercandopeligrosamente al propio presidente Nicolás Sarkozy. A propósito de Mediapart –el diarioelectrónico que difundió las grabaciones, hechas por un mayordomo, de las conversaciones de la Sra.Bettencourt con uno de sus más estrechos colaboradores–, el vocero oficial del gobiernofrancés calificó a Internet como “lugar del rumor y la difamación”. Mediapart, con elque se han solidarizado la mayoría de los diarios papel y electrónicos de Francia y también el NewYork Times y el Financial Times, ha sido acusado por el secretario general del partido del gobierno(la UMP), de usar “métodos fascistas”. En cuanto a Silvio Berlusconi, la multitud deacusaciones y denuncias que lo incriminan le inspiraron hace pocos días comentarios sobre“una prensa que desinforma, que no sólo distorsiona la realidad sino que desconocesistemáticamente el derecho sagrado de los ciudadanos a la privacidad, invocando para sí la‘libertad de prensa’, como si se tratase de un derecho absoluto. Pero en democracia noexisten los derechos absolutos”.

Se podría pensar que estos ataques de la derecha a los medios informativos en nombre de una“verdad política”, nos retrotraen a una situación de hace más de un siglo. Sí y no: esmás bien una espiral que un círculo vicioso. La historia no se repite: hoy existe la Red y ningúngobierno puede controlarla eficazmente. ¿El periodismo electrónico transformado en un arma eficazcontra los autoritarismos populistas del tercer milenio? Y si así fuese, ¿quién hubiera podidoanticiparlo hace unos pocos años?


*Profesor plenario. Universidad de San Andrés.

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