•EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

La falta de política económica

24-08-2026 | 14:26

La riqueza no carece de ventajas, pero constituye una implacable enemiga de la inteligencia. Laescasez genera una visión precisa del problema y de su remedio: no se tiene suficiente y senecesita más.

Por el contrario, la abundancia permite identificar distintas necesidades y, por lo tanto, unamultiplicidad de respuestas. En este caso, el riesgo emerge cuando no se aprende a administrar losrecursos y subyace una perceptible tendencia a emplearlos en fines equivocados.

Un claro ejemplo en este sentido es el manejo de política económica argentina durante losúltimos años. Aunque puede resultar contraintuitivo, pocas veces en la historia se ha registradouna alineación tan particularmente favorable de recursos para manejar con holgura la direccióneconómica.

Históricamente la Argentina ha padecido el estrangulamiento externo generado por una cuentacomercial deficitaria. Este no es el escenario actual: los términos de intercambio récord permitensostener un flujo de dólares que debería transformarse en un seguro para épocas de turbulencia yuna fuente estable de financiamiento productivo. De hecho, si los precios internacionales fueranlos de los noventa el saldo sería nulo.

El viento de cola no sólo es comercial, también las tasas de interés de los principales centrosfinancieros se ubican en mínimos. Lógicamente han surgido episodios de estrés, pero nunca seráncomparables a los ochenta o los noventa en términos de restricción crediticia para Latinoamérica engeneral y para la Argentina en particular.

Este marco significa capital disponible no sólo para el financiamiento público sino que tambiénaumenta el atractivo de los proyectos de inversión en estas latitudes.

Otro aspecto positivo es la reestructuración de la deuda de 2005 que generó un perfil deobligaciones plenamente compatible con la capacidad de pago del Estado Nacional. La deuda públicaha estado en el epicentro de distintas crisis autóctonas y ha sido un ceñido corset para eldesarrollo de políticas públicas independientes.

De hecho, todas las herramientas de política económica están disponibles para generar un entornomacroeconómico previsible. El Banco Central puede desplegar una política monetaria independiente yel Tesoro cuenta con recursos para ceñir o soltar el gasto según lo requiera la coyunturamacroeconómica. Incluso el tipo de cambio es una variable manejable. Estos grados de libertad sonactivos estratégicos que no han estado siempre disponibles.

El plano geopolítico también suma. Los países emergentes han adquirido relevancia como motoresfundamentales del crecimiento global y alzan su voz con mayor autoridad frente a las nacionesdesarrolladas. En este sentido Brasil, nuestro principal socio comercial, se está proyectando condecisión como potencia global.

Si bien no es posible afirmar que esta particular alineación se va a perder en el corto plazo,tampoco resulta prudente proyectar que seguirá jugando a favor en los próximos años. La abundanciapuede ser transitoria y nuestra experiencia así lo ratifica. En otros términos, lo que preocupa esla falta de conciencia sobre la oportunidad histórica que tiene el país y, en última instancia, delo poco que se está aprovechando.

Por ejemplo, cuando se evalúa el de-sempeño de los principales indicadores macro de los últimoscinco años se podría argumentar que los resultados no han sido tan malos. El PBI ha acumulado uncrecimiento significativo, el desempleo se ubica en los umbrales del dígito y la actividad serecuperó rápidamente del shock financiero de 2009.

Este enfoque parcial omite una parte fundamental del análisis que es la magnitud de los recursosutilizados y lo excepcional del contexto en el cual se lograron estos resultados. Cuando seincorporan estos aspectos difícilmente se puede disimular la mediocridad con la que se haadministrado la abundancia.

Desde 2006, el gobierno nacional dirige los recursos en forma consistente con las necesidadespolíticas de la coyuntura, sin reparar en las implicancias de mediano y largo plazo. Lógicamente,esta estrategia tácita, tiende a generar problemas de creciente complejidad y costos de ajuste cadavez mayores.

La política fiscal es, tal vez, la evidencia más palpable de esta dinámica. Se aumentó lapresión fiscal al límite, se consumió el superávit fiscal, se nacionalizaron los recursos de lasAFJP y se utilizaron recursos del Banco Nación. Aún así, no fue suficiente y se avanzó sobre elBanco Central. Las reservas internacionales y el impuesto inflacionario están siendo los últimosrecursos para financiar un gasto que sigue creciendo a un ritmo muy elevado.

Pero a pesar de la magnitud de los recursos volcados en la economía no se ha generado un cambioestructural.Desde 2005 el gasto ha crecido 175% en términos nominales o nueve puntos porcentualesdel PBI, de casi 14% a algo menos de 23% del PBI. A todas luces un salto fenomenal. Sin embargo, lacalidad de los bienes públicos (seguridad, educación, entre otros) no ha mejorado sustancialmente.Tampoco lo han hecho los indicadores sociales desde 2007. Estos son sólo algunos aspectos en losque el progreso debería ser evidente.

Los resultados son muy magros incluso en los frentes de acción que han sido definidos comoprioritarios. El reciente canje de deuda no ha cumplido con los objetivos explícitos de acercar elcosto de endeudamiento argentino al de sus pares de la región (por caso, Brasil o Uruguay). Eraobvio, pues lo que genera el castigo de los inversores es la manipulación de las estadísticasoficiales y la falta de previsibilidad de la política oficial y no la situación de los holdouts. Dehecho, hasta la intervención del Indec el Estado nacional tenía acceso al mercado voluntario dedeuda y llegó a tener el mismo spread de riesgo crediticio que Brasil.

Incluso otras variables claves para el esquema oficial como las reservas internacionales seubican muy por debajo de su potencial. Si se hubiera generado un clima de negocios menos hostil yvolátil, los activos del Central sería casi el doble. Los dólares que se fugaron desde 2007acumulan un monto similar al stock actual de reservas (US$ 50 mil millones).

De más está decir que temas verdaderamente importantes para el progreso social y la equidaddistributiva como el combate a la inflación aún no forman parte de la agenda oficial y, por ende,no registran ningún avance.

Aun así nada indica que haya riesgo de una crisis en el horizonte económico local. Pero hay queser conciente de cuanto del merito es propio y cuanto es prestado. Evidentemente la falta depolítica económica es un lujo sólo posible con este margen de maniobra.

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