Tiene sentido que Copani exija que no se admitan comentarios alpie. Al oficialismo le gustan las alabanzas y Copani está presente en cada misa para alabar al señor. El progresismo es un culto quedemanda sacrificios. Y dice Copani que por esa, su actitud de compromiso, no le llaman a trabajaren otros medios.
“Estamos muy invisibilizados los que tenemos cierto pensamiento. Yo no encuentro unagrieta donde poder expresarme”, dice el cortesano, que deposita esperanzas en la Ley deMedios que habrá de garantizar la voz de aquellos a los que no se quiere oír. La promesa de una claque cautiva estimula las glándulas salivales de Copani. El Estado no sólonos garantiza educación y salud, ahora también público. ¡Minga de revolución y qué se chupen esa mandarina lossandinistas! Muchas cosas han cambiado desde el exilio mexicano.
En aquellos últimos años de la dictadura, las tertulias en el pedregal de San Angel semultiplicaban. La posibilidad del retorno se alimentaba de la nostalgia y la nostalgia semanifestaba en la canción, en las consignas. Copani frecuentaba toda reunión acompañado de suguitarra, abusando el cancionero latinoamericano. Era un tipo querido, pero pesado; bueno, peroaburrido. Se parecía a un curita de barrio, de esos que uno escucha porque no junta el coraje dedecirle: “No, padre, ahora no me venga a romper las pelotas que me espera una mina en laesquina”.
Tal vez con la Ley de Medios el cantautor consiga que el púlpito se consagre a Su militancia.Entonces, sí habrá triunfado. Habrá gente que lo escuche, espacio para alabar al señor, para lavarlas afrentas del hereje. “Es sólo cuestión de espacio”, piensa el evangelista soñandocon una esquina a su medida. “Es sólo cuestión de espacio”, asegura Copani con suguitarra a cuestas, mientras haya quien aplauda a la diva, al impío. Si tan sólo todos fueranmilitantes… “Copani lamenta que muchos artistas no expresen su“beneplácito” con el Gobierno, pero los entiende.” Es comprensible. Yo también loentiendo a Copani, y su entrañable fe militante.
*Cineasta y periodista.





