La felicidad

Me gustaría escribir una nota sobre la felicidad, pero no me animo. No es fácil. La tristeza, la desdicha, la tragedia, son mucho más accesibles: tienen recovecos que se pueden explorar hasta el hartazgo; se las mira desde distintos ángulos, o ni siquiera se las mira porque son terribles.

La felicidad
24-08-2026 | 08:05

Me gustaría escribir una nota sobre la felicidad, pero no me animo. No es fácil. La tristeza, ladesdicha, la tragedia, son mucho más accesibles: tienen recovecos que se pueden explorar hasta elhartazgo; se las mira desde distintos ángulos, o ni siquiera se las mira porque son terribles.Facilísimo. Con la felicidad es otra cosa porque, salvo después de enunciarla, ¿qué se puede hacer?Nada; nada como no sea repetir la descripción del panorama chato y bien iluminado de la dichatintineante, brillante, constante y sonante. Gran cosa. A los cinco renglones, quien estaba leyendotira el libro, revista o lo que fuere y se va a jugar a la pelota a paleta. Bueno, también se puederecurrir a algún subterfugio y hablar de la dicha como quien no quiere la cosa, o mejor, como quienestá hablando de otro tema y el de la felicidad se desliza por entre las letras y termina por estarahí sin que nadie se dé cuenta hasta que no es demasiado tarde. ¿Ve? Por ese lado quizá se podríaintentar la hazaña sin necesidad de que haya alguien que sea feliz y coma perdiz. Ejemplo: cómo sehace para llegar a ser feliz. Ah, pero eso es como los libros de autoayuda. ¡Alto ahí! Esas cosasde autoayuda no son libros. Tienen toda la apariencia de, pero son productos destinados a que losingenuos los compren y se los lleven a sus casas con el convencimiento de que los van a poner sobrela mesa ratona del living y desde allí van a salir los efluvios (como los de los vaporizadores deolor a lavanda para los baños, ¿no?) que sembrarán felicidad hasta en los rincones de la casa,horror. Así que no, por ese lado vamos mal. Pero si ya hemos abandonado el qué y acabamos de dejarde lado el cómo, pasemos entonces al agente productor. O sea: quién es el encargado de lafelicidad. El destino. Andá, yo no creo en el destino. Los dioses. Menos. Los astros. Salí,preguntale a la Squirru, salí. Bueno, entonces quién. Ah, depende del momento histórico. Sospechoque el Nearderthal era feliz. ¿Por qué no? El mundo estaba recién estrenado, había comida, aguas nocontaminadas, Nearderthalas divinas que andaban buscando guerra, casi toda la gente como uno estabadedicada a inventar el lenguaje y la música (recomiendo leer Los Neardertales cantaban rap, deSteven Mithen), los árboles daban frutos y no había dólares ni ejército ni dietas para adelgazar.Sí, ya sé, algo debe haber pasado porque el Homo Sapiens no era por lo visto tan Sapiens yextinguió a los dulces Neardertales y se apoderó de sus territorios. De ahí en adelante la cosa sepuso fulera y andando la historia el señor Aristóteles tuvo algo que decir al respecto. El señorMaquiavelo también pero el señor Maquiavelo era astuto y eficiente y sus puntos de vista le sacanronchas al ciudadano honesto y bien intencionado. Los Luises de Francia ni hablemos porque a losúnicos que querían hacer felices era a sí mismos y a sus favoritas tocadas de pelucas y de lunares.Y a los descubridores y conquistadores pasémoslos por alto no sea que nos contagien. Mala gente,sin duda; salvo uno que otro curita de por ahí, mala, muy mala gente a la que no le importaba lafelicidad si no venía pegada al oro de las Indias. Bueno, pero ¿y la otra gente, la que estaba enel lugar en el que se suponía que había oro a carradas? Tentada estoy de decir que eran tan felicescomo los Neandertales pero me acuerdo de los cuchillos de piedra pulida entrando a sacar loscorazones de los sacrificados y trato de ser menos apresurada. Caramba, ¿es que nadie en este mundoestá destinado a hacer felices a los demás? No, las iglesias tampoco, las religiones tampoco, queambas a dos parecen destinadas a someter a la culpa y la desdicha a sus pobres feligreses. Volvamosa los griegos, que siempre, por hache o por be, por alfa o por gamma se vuelve a los griegos.Eureka: los gobiernos son los que están destinados (por los dioses, pero tratemos de dejar a losdioses fuera del asunto) a hacer felices a sus gobernados. Qué bueno. Tenemos solucionado elproblema. Los gobiernos no están destinados a hacer su santa (malhadada) voluntad, sino a hacernosfelices. No tienen que meter la mano en la lata, sino repartir los denarios entre los pobres deeste mundo. No tienen que hacer ostentación de riqueza, belleza, elegancia, sino mantener unaspecto modesto, humilde y amistoso. No tienen que sentirse dueños sino servidores de las gentes alas que gobiernan. No tienen que habitar palacios, sino casitas de barrio. No tienen que guiarcarrozas, sino autitos de segunda mano. No tienen que gritar y aullar, sino hablar suavemente ytratar de convencer o aceptar ser convencidos. No tienen que insultar, sino alabar. No tienen quetener lameculos, sino amigos. Al fin y al cabo no era tan difícil este asunto de la felicidad.

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