La Ferrari es mía

Los aviones. La quinta de Olivos. El dinero de la publicidad. En la Argentina de 2009 se ha concretado una fenomenal transferencia de recursos públicos a un conjunto de ciudadanos a los que la sociedad contrató sólo para hacerse cargo temporalmente de los asuntos del Estado.

La Ferrari es mía
21-08-2026 | 23:55

Los aviones. La quinta de Olivos. El dinero de la publicidad. En la Argentina de 2009 se haconcretado una fenomenal transferencia de recursos públicos a un conjunto de ciudadanos a los quela sociedad contrató sólo para hacerse cargo temporalmente de los asuntos del Estado.

Los capítulos de la saga se suceden sin que el poder político vigente atine a explicar, almenos, con qué criterios razona y de acuerdo a qué normas procede.

Es notable el caso de la residencia presidencial de Olivos, reconvertida en la sede de lastratativas partidarias del ex presidente de la Nación, cuyo único cargo conocido en la actualidades el de presidente del Partido Justicialista.

Inútiles han sido comentarios ácidos y críticas abiertas: Olivos es un espacio físicopolíticamente neutral, habilitado para que viva un primer mandatario y su familia, u ocasionalmentepara que un presidente en funciones la use para sus actos de gobierno. No puede ser sede de unafracción política, ni tampoco el lugar donde a gobernadores, intendentes y legisladores les bajalínea el jefe del partido.

Sin embargo, el oficialismo no se mosquea ante las objeciones y Olivos es hoy cuartel generaldel espacio político gobernante donde un ex presidente ejerce, de hecho, la conducción política delEstado. En un sentido literal, es una auténtica usurpación, pero que ha sido naturalizada, parte deun fenómeno de anomia anestesiante: ya nada asombra y nada enoja demasiado.

No es el único caso. La escandalosa sustracción de un avión oficial para que Julio Cobos nopudiera viajar y constituirse en Tartagal después del calamitoso alud, es un caso de libro detexto. Le birlaron el transporte para que dos ministros llegaran a Salta antes que él, con lamediática ayuda oficial. Hasta se fotografiaron dentro del aparato, para rociar de sal lahumillante decisión contra el vicepresidente. Horas más tarde, recién llegada del boato monárquicomadrileño, la Presidenta también voló a Tartagal, donde se fotografió con las pantorrillasemba-rradas.

Nada nuevo en el peronismo, claro, porque el vaciamiento de la vicepresidencia tieneantecedentes de fuste. En 1973, Perón echó a los mandatarios electos (Cámpora y Solano Lima), sacódel país a su sucesor en la línea presidencial (José Antonio Allende) y consagró presidentetemporario al impresentable Raúl Lastiri, el yerno de López Rega, hasta hacerse elegir enseptiembre y asumir en octubre.

Las instituciones y las normas constitucionales nunca fueron una limitación verdadera para losproyectos políticos del pe-ronismo, que impulsó dos reformas (en 1949 y 1994) para ajustar la leyprincipal a sus apetitos particulares. Pero haber decretado la muerte civil de Cobos, que alproducirse el alud de Tartagal ejercía formalmente la presidencia de la Nación, es un acto demezquindad y rencor de sordidez sin antecedentes.

La flotilla de aviones del Estado, fatigada de ir y venir los fines de semana al paradisíacoCalafate para permitir la oxigenación sureña del matrimonio presidencial, es usada como patrimonioprivado y excluyente. Es otro caso de usurpación magna.

Ahora, la Justicia acaba de garantizar un derecho que sólo la afiebrada pretensión de poder delas autoridades podía ignorar y violar. Efectivamente, la negativa del Gobierno a permitir que laspublicaciones de Editorial Perfil participen, como el resto de los medios, de las campañas decomunicación del Gobierno mediante sus habituales pautas publicitarias, revela cómo se procedía enla materia hasta ahora.

Desde el segundo semestre de 2003 y hasta ahora, los US$ 100 millones por año que el Gobiernogasta como promedio en avisos son asignados por los funcionarios políticos de la Casa Rosada demanera personal, discrecional y arbitraria. Han usado esos fondos para premiar y castigar, promovery vaciar, como si se tratara de cajas privadas cuyo uso es competencia caprichosa de quienes firmanlos cheques.

La obsesión oficial por manejar esa caja de manera arbitraria no tiene paralelos en el pasado.El destino de las pautas publicitarias de los organismos del Estado es hoy fiscalizado, medio pormedio, programa por programa y periodista por periodista, por el ex presidente, que bocha y bendiceen función del acatamiento de cada quien a las necesidades del poder. Es penoso lo que sucede, paracitar apenas sólo un ejemplo, en el Banco de la Nación Argentina, donde su presidenta, MercedesMarcó del Pont, una profesional competente y proba, siguió los pasos de su predecesora FelisaMiceli: la publicidad del banco se maneja, caso por caso, en la Casa Rosada y Olivos, sin que latitular del BNA pueda intervenir, ni quejarse, ni cuestionar nada.

Con estos dineros de la publicidad estatal se produce el mismo fenómeno que con los aviones y eluso de los edificios. El grupo gobernante se maneja con el criterio de que lo que es del Estado, esde ellos.

No son rasgos que sólo se encuentran en el Gobierno nacional. Durante su prolongadísimacontinuidad como funcionario de varios gobiernos peronistas, Felipe Solá manejó similaresconceptos. Como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, la pauta publicitaria de ese distritola manejó él del mismo modo, con igual y arbitraria discrecionalidad, sin criterios profesionalesni cumplimiento de elementales normas de pluralidad.

Es lamentable, pero no novedoso. Hace muy pocos años, otro presidente justicialista, CarlosMenem, se negó a deshacerse de una impresionante Ferrari Testarossa que le habían dado unosempresarios coimeros y que condujo a velocidades ilegales hasta Pinamar. Se la quería quedar comopropia y cuando le dijeron que la máquina había sido entregada al Estado argentino, no a él,vociferó su inolvidable “¡la Ferrari es mía!”.

Es casi constitutivo de un modo de ocupar el poder. Cuando el peronismo, desde siempre, se ufanade que asegura gobernabilidad, lo que garantiza en realidad es que su ocupación del aparato delEstado es tan maciza y total, que lo conduce, sí, pero al precio de convertir un mandato ciudadanoen un título de propiedad.

Los gobiernos peronistas asumen y gestionan con la sincera convicción de que lo público esprivado, de ellos, y que el mobiliario, los transportes del Estado y los recursos financieros estánpara ser usados por quienes, en verdad, sólo han sido contratados por la sociedad por un lapsodeterminado.

¿Hay excepciones en el peronismo? Claro que sí, pero muy ocasionales y precisas, y el caso deDaniel Scioli es uno de ellos. Por lo demás, la pauta es para amigos y siervos, Olivos se usa comounidad básica, y los aviones son sólo para los cortesanos, melancólicas muestras de una ferozdecadencia civil que ilustran una manera aldeana, primitiva y anticuada de conducir a un país.


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