La figura del cosmopolita

En su edición del domingo 10 de mayo, el diario Clarín informa sobre la Feria del Libro: “Las grandes editoriales facturaron más y vendieron más ejemplares, pero varias de las editoriales no tan masivas sostienen que sus ventas se retrajeron con relación al año pasado.

La figura del cosmopolita
22-08-2026 | 17:01

En su edición del domingo 10 de mayo, el diario Clarín informa sobre la Feria del Libro:“Las grandes editoriales facturaron más y vendieron más ejemplares, pero varias de laseditoriales no tan masivas sostienen que sus ventas se retrajeron con relación al año pasado. Elpúblico, sobre todo durante la primera semana, también mermó. Horacio García, presidente de laFundación El Libro, comentó que según las estadísticas parciales, la visita bajó un 7 porciento”. En su edición del día anterior, sábado 9 de mayo, el diario Clarín informa sobreotro tema, ligado al ámbito financiero. Con el título de “Telecom y Telefónica ganan más apesar de la crisis”, la nota advierte que “Telecom ganó un 21% más que el año pasado,en tanto que Telefónica aumentó casi 8% sus utilidades”. Algunas semanas antes, el sábado 18de abril, el diario La Nación, en su suplemento de Economía y Negocios, señala: “Tras lasequía. El mayor valor de 2009. La soja sube más y frena el impacto de la menor cosecha”. Yla nota agrega: “De hecho, los productores ya están esperando los ‘mágicos’ $1000por tonelada”.


Sin demasiada dificultad podrían encontrarse varias noticias más como éstas. Son informes quese presentan bajo el registro de las “buenas noticias”, datos que señalan un rumbofavorable, indicadores de un estado de expectativa, pero que en realidad encierran una absolutacarga de pesar, de dolor, de desdicha social. ¿Qué tienen en común? Todas informan sobre elformidable proceso de concentración económica que caracteriza nuestro tiempo. Más allá de losdiscursos, las cosméticas electorales, las operaciones de prensa, la redistribución del ingreso, yla banalidad ambiente, hay un club de ganadores, un club formado por siempre los mismos.
Siempre me interesó el momento en que algunas viejas palabras dejan de usarse, las huellas deesas viejas expresiones en otras, más actuales, más usuales, más engañosas. ¿Qué queda delimperialismo? ¿Y de la teoría de la dependencia? Pocos términos tuvieron un éxito tan definitivocomo globalización. Y, como es sabido, cada vez que un discurso triunfa, su primer acto es borrarlas huellas de que antes hubo una batalla discursiva. Todo ocurre como si la globalización notuviera nada que ver con estas cuestiones, sino con promesas agradables como“apertura”, “modernidad”, “oportunidad”, “riqueza”.Pero desde el punto de vista de la cultura (al fin y al cabo, estamos en la contratapa de unsuplemento de ese nombre) si algo se opone a la globalización es la figura del cosmopolita.


La globalización ha sido un poderoso sistema de homogeneización de las diferencias, de losimaginarios sociales, de las tradiciones locales (por supuesto que este proceso de homogenizaciónse da en una única dirección: del centro a la periferia). Esta tendencia generó en muchas partes untipo de reacción en el sentido literal del término: una vuelta a la búsqueda de una identidad pura,al nacionalismo, al racismo, al integrismo.


Entre esas dos posiciones, entre el imperialismo camuflado con nueva ropa, nuevas estéticas,nuevos publicistas, pero con viejos actores (el club de los ganadores de siempre), y elnacionalismo reaccionario, hay espacio para una práctica que ponga en cuestión ambas lógicasculturales: la figura del cosmopolita. Hay que tener una cosa en claro: el nuevo cosmopolita piensael mundo desde lo local, no al revés. Pero el mundo es ante todo un espacio de diferencias, de lamisma forma que lo local es ante todo una referencia sin esencias (defiende un mundo nohomogeneizado, una nación no nacionalizada).
El cosmopolita, en la era de la globalización, expresa el malestar porque el mundo tiende avolverse idéntico en todas partes, así como el malestar por la reacción de volver único a lo local.El cosmopolita, hoy, expresa el malestar frente a todo pensamiento único.

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