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La Guerra Fría no terminó

La novela de espías del siglo XXI demuestra que Estados Unidos y Rusia siguen acechándose. Tráfico de influencias y secretos valiosos. Los topos van por más.

La Guerra Fría no terminó
24-08-2026 | 15:12

El 13 de junio pasado, en su casa y junto a su mujer Helen, a los 53 años, murió inesperadamenteSergei Tretyakov, el protagonista del libro de Pete Earley Camarada ‘J’: los secretosnunca contados de un maestro de espías rusos en Estados Unidos luego del final de la GuerraFría.

Por pedido expreso de su esposa, la noticia del deceso sólo fue hecha pública casi un mesdespués; hay quienes piensan que Tretyakov podría haber sido víctima de sus ex colegas de laSluzhba Vneshney Razvedki (SVR), Servicio de Inteligencia Exterior, el organismo que reemplazó a laKGB. Pese a que todo parecería indicar que se trató de un ataque cardíaco masivo, la batería deestudios autópsicos en curso sobre los restos del Camarada ‘J’ recién se concretará enun reporte definitivo a finales de julio.

En el libro de Earley, un oficial de la Oficina Federal de Investigación (FBI)catalogó aTretyakov como “el más importante espía para los Estados Unidos desde el colapso de la UniónSoviética”. Mucho de lo que aportó todavía está siendo usado por agentes decontrainteligencia norteamericanos y, por eso, deberán pasar décadas para que la verdaderadimensión de su contribución pueda salir a la luz, si es que esto alguna vez sucede.

El 11 de octubre de 2000, mientras era el segundo al mando de la KGB/SVR en Nueva York ysupervisaba todas las operaciones rusas de espionaje sobre Estados Unidos y dentro de NacionesUnidas, desertó junto con Helen y su hija Ksenia. Se cree que durante los tres años anteriores usódos sombreros: el de coronel de inteligencia ruso y el de agente de los Estados Unidos. A pesar deque, cuando se hizo pública su historia, muchos temieron por su vida, Sergei Olegovich Tretyakovoptó por vivir con su nombre y sin protección, mientras continuaba vituperando a sus viejoscolegas, en particular, al primer ministro Vladimir Putin.

Cuando recientemente estalló el denominado “escándalo de los ilegales”, algunasfuentes habitualmente bien documentadas vieron la mirada de Tretyakov (y copiosos archivadores detips off, informes confidenciales) detrás de la investigación que condujo al hallazgo. El domingo27 de junio se puso a disposición de la Justicia a más de una decena de residentes en EstadosUnidos acusándolos de estar implicados en actividades de espionaje a favor de Rusia. El martes 29,Moscú reaccionó con aspereza. Andréi Nesterenko, el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores,calificó de “infundadas” y de “malintencionadas” a las acusaciones. DesdeJerusalén, el Ministro Serguéi Lavrov dijo en una rueda de prensa, en compañía del ministro deExteriores israelí Avigdor Lieberman, que no se les había “explicado nada sobre elasunto” y esperaba “que lo hicieran”. Adicionalmente, hizo referencia a lamalignidad con que había sido elegido el momento de la revelación: el presidente Dmitri Medvédev,acababa de volver de los Estados Unidos, país que visitó antes de asistir en Canadá a las cumbresdel G8 y el G20, exhibiendo una cándida armonía con Barack Obama.

Entre los “ilegales” se destaca Anna Chapman, no sólo por el rostro bello, burlón ycruel que asoma bajo su cabellera rojiza, sino por su biografía, cincelada con detalles de alcoba ycon fotografías insinuantes. El 13 de julio, ya en Rusia, se supo que Anna Chapman, nacida comoAnya Kushchenko en Volvogrado, la ciudad del tenista Nikolái Davydenko, podría pretender una bancaen el Parlamento local en 2011. Como marketing político, la incursión de Chapman en el espionaje yen el canje de espías entre Estados Unidos y Rusia, no deja de ser un aporte.

Algo que el Camarada ‘J’, Sergei Olegovich, solía repetir era que la Guerra Fríanunca terminó. “Es como un virus, uno suministra la medicina y el virus desarrolla susdefensas y continúa”. Solía alertar acerca de que Rusia estaba cubriendo Estados Unidos deespías deep cover (encubiertos, o “células dormidas”).

La Usmlm (U.S. Military Liaison Mission, Misión Norteamericana de Enlace Militar) fue unareliquia de la Conferencia de Potsdam de 1945, en la que los jefes de Gobierno de la UniónSoviética, el Reino Unido y los Estados Unidos se reunieron para decidir cómo administraban a laderrotada Alemania. Creada oficialmente para coordinar esfuerzos en el seguimiento de ladesmilitarización y el desarme germanos, terminó convirtiéndose en un observatorio norteamericanodel avance bélico soviético. Los oficiales de enlace estadounidenses centraron sus esfuerzos enestudiar los órdenes de batalla soviéticos y en transmitir observaciones de primera mano sobre elequipamiento militar. El objetivo era “encontrar un lugar no registrado y estudiar de qué setrataba, desde plataformas para el despegue de aviones hasta la velocidad de rotación de losradares”, según recuerda John J. Miller, colaborador de la revista on line National Review.John A. Fahey, quien sirvió en la Usmlm durante los 60, dice no tener ninguna duda de que los rusosusarían actualmente armas nucleares tácticas en un eventual conflicto. “Pude seguir lasmaniobras de los juegos de guerra soviéticos y ver los pequeños hongos que simulaban detonacionesatómicas”.

Pese a que Putin ha dicho reiteradamente que tanto Rusia como los Estados Unidos deben restaurarsus lazos económicos, incluyendo cooperación en la construcción de aeronaves, barcos, energíaatómica y transporte, los editores del sitio Family Security Matters, una organización orientada ainformar a los norteamericanos sobre cuestiones vinculadas con la seguridad nacional, sostienen quelos planes rusos tendientes a reducir el arsenal nuclear occidental tiene motivos ulteriores,diferentes de la proclamada protección del mundo.

Mientras tanto, Helen Tretyakov espera el resultado final de la autopsia que se realiza sobrelos restos del Camarada ‘J’. Es probable que algunos rostros acompañen sus horas devigilia. El del presidente ucraniano pro occidental Victor Yuschenko, cuya cara fue devastada en2004 por la cantidad de dioxina tóxica encontrada en su torrente sanguíneo. El del disidente y exagente de a KGB, Alexander Litvinenko, asesinado en Londres en 2006 con el isótopo radiactivoPolonio-210. El de Anna Politkovskaya, quien escribió contra los grupos favorables al Kremlin quecrearon un reino de terror en Chechenia, y fue muerta a balazos en el pecho y la cabeza el 7 deoctubre de 2006.

Seguro es que no olvida el lema de su difunto marido: “La Guerra Fría nuncaterminó”.

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