•Los ocho temas claves que la oposicion quiere discutir en el dialogo

La hora de los otros

“Nos está rajando.” Fue ésta la frase que pronunció, sorprendido, alguien de la cercanía de Sergio Massa cuando, el martes por la tarde, escuchaba al subsecretario de Medios, Alfredo Scocimarro, anunciar los cambios en el elenco ministerial de Cristina Fernández de Kirchner.

23-08-2026 | 02:31

Nos está rajando.” Fue ésta la frase que pronunció, sorprendido, alguien de lacercanía de Sergio Massa cuando, el martes por la tarde, escuchaba al subsecretario de Medios,Alfredo Scocimarro, anunciar los cambios en el elenco ministerial de Cristina Fernández deKirchner. El entonces jefe de Gabinete asistía pues, a través de la radio y la televisión, a laconcreción del castigo que Néstor Kirchner se propuso propinarle por considerarlo uno de lostraidores responsables de la dura derrota electoral del 28 de junio pasado.

A pesar de haber formado parte del equipo de fútbol de los viernes que el ex presidente enfunciones juntaba en la Quinta de Olivos, Massa nunca llegó a tener una buena sintonía con el Dr.Kirchner, quien, en general, respondió con indiferencia y desdén a la mayoría de las sugerenciasdel hombre que ahora volverá a ser intendente de Tigre y que, a su vez, “estaba harto de losgritos del ex presidente”, según cuenta un habitante del poder que ha sobrevivido al cambio.“Siempre jugó para él. Lo que le pasó se lo buscó”, narra otra voz desde dentro delgobierno que no dudó en su comentario lapidario hacia “Massita”.

La foto de la ceremonia de jura de los nuevos ministros fue una radiografía del sacudón queprodujo el resultado de la elección: intendentes que ya no estaban, empresarios que dijeron basta ypersonajes que prefirieron no mostrarse (Moyano y Moreno).

El anecdotario de la búsqueda del nuevo ministro de Economía es florido. No fue tarea fácil.Carlos Fernández ya no daba más ni daba para más. Hubo tanteos que fueron desde Martín Redradohasta Mario Blejer. Ambos respondieron con firmeza y sin dudar: no. En verdad, nadie tenía muchoentusiasmo en asumir ese puesto ahora.

Ninguno de ellos estaba dispuesto a seguir tragándose el sapo de tener que convivir conGuillermo Moreno. Finalmente, el que aceptó fue Amado Boudou, hombre de ascenso vertiginoso en elahora devaluado firmamento kirchnerista, quien, por las dudas, se apresuró a decir que no tieneningún problema con el omnipresente e ineficaz secretario de Comercio Interior. Martín Lousteau,que en un acto de honestidad intelectual hizo autocrítica de lo que fue su paso por el gobierno delos Kirchner, supo decir lo mismo. A esta altura, conviene recordar que Moreno ya ha sobrevivido acuatro ministros de Economía: Felisa Miceli, Miguel Peyrano, el citado Lousteau y Carlos Fernández.Se sabe que Julio De Vido le sugirió a Moreno la conveniencia de dar un paso al costado y derenunciar.

Ocurrió en los días en que Ricardo Jaime salió eyectado de su sillón de secretario de Transporteante la inminencia de un futuro que le augura, entre otras cosas, la frecuentación de los pasillosde los tribunales de la avenida Comodoro Py.

Este toque de realismo que momentáneamente mostró el ministro de Infraestructura y PlanificaciónFederal, quien tal vez también deba transitar por la calle Comodoro Py el día que deje la funciónpública, disgustó profundamente a Néstor Kirchner.

Lo cierto es que hasta el momento, y en el medio de especulaciones que salen del interior delGobierno y hablan de la inminente salida de Moreno, Néstor Kirchner se resiste a dejarlo caer. Enel “nuevo” gabinete, el del enroque, existe la esperanza –debería decirse, enverdad, el anhelo y deseo fervientes– de que en El Calafate haya algún acuerdo en elmatrimonio presidencial que le dé el adiós a este funcionario de cuya ineficacia ya nadie duda.

Es así como sigue funcionando el Gobierno. Néstor Kirchner sigue mandando con la anuencia de suesposa, la Presidenta. Todo es hermético y misterioso. Esto, a pesar de lo que expresan algunos delos “nuevos” ministros en el sentido de que “ahora sí comenzó a gobernarCristina”.

El problema es que hay medidas que tomar y que no se pueden dilatar. La situación económica escompleja. La campaña electoral se llevó la mayoría de los fondos públicos. Para peor, nadie puedeaseverar a ciencia cierta si esas promesas se habrán de cumplir. Muchos intendentes de la provinciade Buenos Aires, a los que desde el poder se les ha endilgado el mote de traidores, están atrapadospor la incertidumbre de no saber si esa plata llegará o no.


“Daniel, ahora dedicate a la gestión. Lo de la presidencia del PJ no te lo creas porquete van a pasar por arriba” es lo que varios de esos intendentes le dicen al gobernador de laprovincia de Buenos Aires. Quienes han estado reunidos con él en estos últimos días han notado quede Néstor Kirchner no se habla más. “Ya fue”, coinciden en señalar muchos de ellos, quea su vez advierten que si en el justicialismo no se da un proceso de democratización serio, laschances máximas en 2011 serán para Julio Cobos.


En este marco, la Presidenta lanzó el jueves pasado desde Tucumán un llamado al diálogonacional. Lógicamente, el anuncio ha sido más que bienvenido y ha abierto una expectativa que erareclamada por la sociedad.

Las dudas, claro, son también muchas. La memoria nos trae el recuerdo de aquellas palabras quepronunciara Cristina Fernández de Kirchner en la noche triunfal del 28 de octubre de 2007, cuandohabló de dejar de lado la soberbia e hizo un llamado destinado a generar consensos. La historiadespués demostró que ésas fueron sólo palabras. Es imprescindible que ahora las cosas seandiferentes.

Uno de los primeros en reaccionar positivamente ante esta iniciativa fue el vicepresidente de laNación. “Por fin. Vengo hablando de la necesidad de diálogo con todos los sectores desde elepisodio de la 125. Pero claro, cuando lo pedía yo, era un traidor. Ahora que lo hace laPresidenta, es un gesto patriótico”, se le oyó decir a Julio Cobos, quien ya hizo saber quesi es llamado va a concurrir a dialogar y que ese diálogo debería ser con la Presidenta. Desde elGobierno ya hay voces que reconocen que no invitar al vicepresidente sería un contrasentido.

Desde la oposición todos miran con recelo. Nadie, en su sano juicio, podría rehuir a laconvocatoria del Gobierno, la que, por otra parte, han venido reclamando.

El tema de discusión pasa pues por el temario y la forma de implementar la iniciativa.

Este no es un tema menor. El diálogo implica una actitud de respeto hacia el otro. Significareconocerle entidad. Esto de por sí es muy bueno. Sin embargo, si queda sólo en eso, resultainsuficiente. Debe tener, además, objetivos de concreción. Lo peor que podría ocurrir es que sedesarrollara un diálogo alrededor de la nada. En el caso particular de este momento del país, seimpone que la agenda tenga que ver con la realidad. Al respecto, se conoce que la oposición haestado trabajando en un temario que tiene, entre otros puntos, los siguientes:

Eliminación de los superpoderes.

Limitación de los decretos de necesidad y urgencia.

Modificación de la coparticipación federal.

Modificación del Impuesto al Cheque.

Modificación del Consejo de la Magistratura.

Reconstrucción del INDEK.

Discusión de las retenciones a las exportaciones agropecuarias.

Reforma de los partidos políticos con la reinstalación de las internas abiertas.


Está claro, por lo que evidencian los hechos de estos primeros días del gabinete de enroque,que habrá un protagonismo importante de Aníbal Fernández. La duda reside en ver cómo encajará eneste momento dialoguista del Gobierno quien trató a Mauricio Macri y a Francisco de Narváez devagos, a Elisa Carrió de loca y a Felipe Solá de traidor.


En el medio de todo esto, están las urgencias. La actividad económica ha caído.

Además, mucha gente está siendo castigada con aumentos de las tarifas de gas y de electricidadque son exorbitantes, más allá de las increíbles desmentidas que se empeña en dar el arquitecto DeVido, quien, antes de hablar, debería ver algunas de las facturas que les están llegando a muchosusuarios que no saben cómo podrán pagarlas.

El nuevo ministro de Economía pasa el fin de semana largo en Mar del Pata. Hay definiciones quese aguardan para los primeros días de la semana que viene. Marcarán la impronta de su gestión.Están en análisis las necesidades que tiene la Argentina para acceder a fuentes de financiamientoexterno, hoy cerradas. Para reabrirlas, el Gobierno debe tomar decisiones sobre tres asuntosfundamentales:

Reapertura del canje de deuda para los bonistas que quedaron afuera de esa operación, losfamosos holdouts.

Solución de la deuda con el Club de París.

Algún tipo de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.


Esto ya ha sido conversado por Amado Boudou con el ministro de Economía real de estegobierno, el Dr. Néstor Kirchner, de quien depende la decisión final.

Néstor Kirchner ha sido hasta aquí el principal enemigo del gobierno de su esposa. La Presidentaha sido corresponsable de esta circunstancia aberrante.

Si todo lo que se converse y acuerde con la oposición deberá ser sometido a la aprobación o nodel ex presidente en funciones, las cosas seguirán igual.

Será, al fin y al cabo, una demostración de la vigencia de aquel famoso eslogan de la campañapresidencial de 2007, que tuvo la virtud de la sinceridad, y que prometía que el futuro gobierno deCristina Fernández de Kirchner habría de ser “el cambio que no cambia”.


Producción periodística: Guido Baistrocchi.

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