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La Iglesia y el sexo II

La Iglesia y el sexo II
24-08-2026 | 15:24

La semana pasada conté cómo me fui alejando de la práctica del catolicismo. Quiero profundizaralgunos temas. Mi abuela materna era descendiente de franceses bretones; rezaba mucho el rosario.En la mesa de luz, tenía una de esas vírgenes que brillaban en la oscuridad. Con mis hermanas laponíamos bajo el foco de 100 watts y después apagábamos la luz para ver cómo brillaba. Fue miprimera sensación de milagro. Una vez mi hermana menor tenía un dolor de muelas que la hacíallorar. Mi abuela se puso a rezar el rosario a su lado, cerrando fuerte los ojos, invocando a todoslos santos del cielo con una intensidad que daba miedo. No funcionó. Mi hermana aullaba de dolor yle pedía a mamá que callara por favor a la abuela.

Hace unos años, al ver cómo se duchaban semivestidos los participantes de un reality show, meacordé de mi abuela, porque nos contaba que en el colegio de monjas la hacían bañarse con camisón.El pudor de las monjas llegaba a no poder mirarse su propio cuerpo desnudo, era un pudor total bajoel gran ojo de Dios. Las monjas les repetían a las alumnas estos versos formativos: “Mira quete mira Dios,/ mira que te está mirando,/ mira que vas a morir,/ mira que no sabes cuándo”.Los participantes del reality, bajo el gran ojo del rating, también se bañan por partes, sindesnudarse del todo. Quizá sea una misma necesidad de sentirnos mirados, la necesidad de queninguno de nuestros gestos sea en vano. Las monjas y las alumnas vivían dentro del gran realityshow del catolicismo. La madre superiora las convocaba para decirles que estaban nominadas.

Siempre me impresionó que los católicos dejen la educación sexual de sus hijos en manos de genteque niega su sexualidad, o que la desconoce. Sobre todo, porque la pubertad es un momento devulnerabilidad absoluta. A esa edad, cualquier opinión, cualquier actitud sexual tiene muchainfluencia sobre nosotros. Es extraño: los curas no pueden casarse pero pueden dar cursos deorientación matrimonial. Uno de los logros de la Iglesia es la enseñanza de la culpa, no así de laabstinencia, objetivo en el que viene fracasando hace siglos. Si el sexo se practicara sólo confines reproductivos y dentro del matrimonio, los católicos nos habríamos extinguido hace tiempo.Pero somos legión. “Todo espermatozoide es sagrado”, canta uno de los Monty Pythonentre sus cien hijos irlandeses.

No estoy hablando de la espiritualidad del cristianismo sino del catolicismo aplicado, bajado areglas sociales; es decir, qué hacen los curas con esos dogmas, qué enseñan en la comunidad, cómoleen la Biblia, cómo intentan controlar los cuerpos y las conciencias. Por suerte, la sexualidad seabre paso siempre. Hasta Santa Teresa de Avila en la soledad de su claustro tuvo su gran orgasmomístico cuando, según su testimonio, un ángel con una flecha dorada de punta encendida la penetróhasta las entrañas haciéndola gemir con una mezcla de dolor y de dulzura que no deseaba queterminara. Son sus palabras textuales.

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