•Derecha e izquierda

La inestabilidad de los grandes sistemas

Sabemos que la derecha comanda la producción de riqueza y que la izquierda se va quedando con el universal reclamo de justicia. Los hombres de izquierda conforman un gran pueblo mundial, consciente de la necesidad de solidaridad, de la justicia social y de ir aplicando reformas continuas para lograr una vida equitativa, vivible.

24-08-2026 | 12:47

Sabemos que la derecha comanda la producción de riqueza y que la izquierda se va quedando con eluniversal reclamo de justicia. Los hombres de izquierda conforman un gran pueblo mundial,consciente de la necesidad de solidaridad, de la justicia social y de ir aplicando reformascontinuas para lograr una vida equitativa, vivible. Creen que hay que hacer marchar la historia enel sentido de la justicia. Esa “gran conciencia mundial” –como la llamóMalraux– pudo haber perdido el primer round con el colapso del sistema socialista soviético ycon la sorprendente estrategia de China a partir de Deng Tsiaoping. Esos millones de hombres quesufren la desigualdad, la exclusión o simplemente la injusticia sienten que el dolor humano espredominante y que la inviabilidad vital es una realidad. Sienten que la “larga marcha”no terminó con la entrada de Mao en Beijing en 1949. Pese al optimismo de quienes creyeron llegadoslos tiempos del fin de la historia, la historia implacablemente reaparece con nuevos lenguajes,logros y violencias. Occidente y el todopoderoso capitalismo, sobreviviente triunfal de laoposición Este-Oeste que puso en jaque la paz del pasado siglo, se acaba de encontrar con la crisisfinanciera mayor de la historia del capitalismo. Esa superconcentración viciosa de poder financieroespeculador estalló de una forma que el mismo Marx seguramente no pudo imaginar al denunciar laposibilidad.

En estas dos últimas décadas es posible que estemos viviendo la agonía o la muerte de las dosgrandes corrientes filosófico-políticas que nacieron desde los hitos Adam Smith y Carlos Marx. Laimplosión del mundo soviético y la mutación de China se produjeron como casi serenas transicionesinexorables, sin mayores guerras o calamidades. Por inesperada vía implosiva. Algunos autoreseuropeos, como Niall Ferguson, se animan a anunciar señales implosivas en el sistema capitalistamundial. Para Ferguson, la historia de situaciones de decadencia demuestra que las caídas desistemas o de imperios se producen en forma rápida, inesperada, incalculada por los más afinadospolitólogos. Es como si una enfermedad espiritual prevaleciese finalmente sobre el hacer de quienesse creen definitivamente adueñados de la realidad. El crecimiento tecnológico-consumista es visibley espectacular; la decadencia espiritual es sutil, imperceptible, como un hábil criminal que nodeja huellas aparentes.

Casi estamos ante la necesidad de repensar el mundo y no tenemos pensadores. Los políticos delcapitalismo y los de la revolución en realidad no se movieron de las ilusiones del siglo XIX. Laarmonización entre justicia y democracia sigue siendo el mismo desafío de Albert Camus hace mediosiglo. El retorno a una sana austeridad, a la paz del alma y a caminos de vida diferentes, está muylejos. Los dos sistemas que nos dominaron partieron de una arrogante e ilusoria noción de un hombregeneral, un ente mundial inexistente. El viaje de la generalidad hacia lo particular y lo diferenteserá probablemente la aventura que nos espera.
Creemos haber heredado un mundo sólidamente construido, pero los jóvenes se aburren de sólopensar enfrentarlo, y más bien, como escribió Julius Evola, estamos caminando entre ruinas. Larevolución, con su matriz totalitaria, stalinista, y el desopilante capitalismo que termina en elmercantilismo descarado, ya no merecen respeto. Son falsos dioses.

Se abre un nuevo pensar del mundo que deberá superar los enfrentamientos de derecha y deizquierda, como juegos de una infancia perdida. La vieja política no termina de morir y la nueva noencuentra parteros que la hagan nacer. El desasosiego mundial que vivimos, sobre todo en la culturade Occidente, tiene que ver con un fracaso espiritual, algo que hemos creído secundario oimprobable o indiferente.
Todos estamos convocados a aportar nuestra palabra y a reflexionar sobre la calidad de vidaque deseamos. Nuestra América estuvo al margen de los grandes sistemas que dominaron y todavíaprevalecen casi por inercia. Hay que explotar caminos y soluciones inéditas fugando delconvencionalismo ideológico. Tomamos por dogmas ideas que son inventos, ocurrencias que fueronsacralizadas… Pensadores como Mangabeira Ungern, Steiner, Guillebaud, André Gorz, impulsan ainternarnos en el bosque maravilloso de lo aún impensado como nueva calidad y forma de vida,individual y comunitaria.

*Diplomático y novelista.

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