Todo el episodio del Banco Central nos muestra el renacimiento incipiente de los controlesrepublicanos en medio de la situación de mayor debilidad del kirchnerismo.
La Justicia avanzó al decir con toda claridad que sobre la voluntad política se encuentra laley, algo que en medio de la gran confusión general es visto como un problema al que se le ha dadoel nombre de judicialización de la política (liso y llano control constitucional).
El mayor problema de nuestro sistema político es que con un gobierno que avanza sobre la ley,quienes están llamados a controlarlo duden. Se preguntan mil veces si están haciendo lo correcto,en algunas oportunidades piden perdón y retroceden. Se dejan atrapar por planteos de valores falsoscomo el problema de la “gobernabilidad” o la “investidura presidencial”. Lamayor gobernabilidad se da en un sistema totalitario; la legalidad, por lo tanto, siempre es unproblema para la gobernabilidad y es bueno que así sea. La investidura como concepto confunde,porque lleva a pensar que el poder es inherente a una persona investida y no a una institución.
El sistema republicano es un sistema de equilibrios. A una avanzada desequilibrante le deberesponder una acción equilibrante. Si las formalidades no alcanzan, en tanto están pensadas paracircunstancias legales y no ilegales, la acción debe pasar por encima de ellas, para restablecer lalegalidad. La república no es un sistema de suicidio en función del mantenimiento de un credo. Elobjetivo es acotar al poder. Nada hay por encima de esta cuestión porque es para eso que el poderes dividido. Las reglas deben cumplirlas todos, pero cuando alguien tira la pelota fuera de lacancha, hay que buscarla fuera de la cancha. Por eso es que frente a un gobierno inescrupuloso,priorizar el cumplimiento de tradiciones como fue el caso de las designaciones de autoridades de laCámara de diputados o dudar sobre la posibilidad de la autoconvocatoria, son formas de contribuiral desequilibrio y poner en juego el sistema.
Si no se tienen en claro los valores tampoco se tendrán en claro las acciones. La república esun sistema de gente con sangre caliente defendiendo la libertad, no de patos pensando en su próximocargo. Tampoco está en la cima de los problemas el propio financiamiento del Estado. Las excusas degobernadores y legisladores que siguen instrucciones de ellos para acceder a cualquier artilugiopara recibir fondos del Estado nacional son inaceptables, debieran ser tratadas como un delito delesa república.
El valor para la república no es la voluntad del poder, sino la legalidad constitucional. Palosen la rueda es lo que necesita este país para liberarse de la irresponsabilidad de todo tipo detiranos. Hay que afectar a la gobernabilidad de una buena vez y recuperar un sistema sinsalvadores.
Más allá de cómo terminó el episodio Redrado en sí, inclusive de cuánto puedan tentar con unpedazo de la torta a gobernadores y opositores para avanzar sobre las reservas del Banco Central,hemos visto fluir a la república en tiempos de ingobernabilidad porque contrariamente al paradigmaque venimos arrastrando históricamente, según el cual necesitamos un Poder Ejecutivo fuerte,nuestro mayor desafío es tener una Constitución invencible. Eso requiere más acción quecontemplación. Hemos probado mucho con gobiernos fuertes, civiles y militares, durante todo nuestroperíodo de fracaso como país. Alguien pensará en el caso de Fernando de la Rúa como el ejemplo delgobierno débil, pero más que por la debilidad se caracterizó por la ineptitud y una ineptitudonmímoda es siempre peor que una ineptitud acotada.
Muchos se asustan cuando un presidente se encuentra con un obstáculo, porque sólo conocen, comoen las cavernas, una versión de la seguridad que es la política. La que el país necesita es laseguridad jurídica que es la que está a disposición de cualquiera todos los días cuando rigenreglas y no voluntades. El gobierno debe ser débil en comparación con la ley; si se quiere, con unadebilidad a la altura de nuestros patos, dado que es todo lo que tenemos.
*Periodista, abogado, máster en Economía y Ciencias Políticas.




