•un abecedario mas simple

La inservible K debe ser apartada

Venimos con esta modesta proposición a sugerir la anulación de la K por su inutilidad manifiesta. Esta propuesta no debe ser considerada ni destituyente ni discriminatoria ni se propone ningún golpe de timón: se basa en el análisis crudo de la realidad y en antecedentes ilustres de la tradición académica española e hispanoamericana.

23-08-2026 | 23:55

Venimos con esta modesta proposición a sugerir la anulación de la K por su inutilidadmanifiesta. Esta propuesta no debe ser considerada ni destituyente ni discriminatoria ni se proponeningún golpe de timón: se basa en el análisis crudo de la realidad y en antecedentes ilustres de latradición académica española e hispanoamericana.
Aunque somos conscientes de que en materia de reformas ortográficas terminan teniendo máspeso los usos y la práctica que las normas y las prescripciones, este escrito está destinado aproponer un cambio de esa naturaleza. Porque lo cierto es que las regulaciones a veces ejercen suinfluencia.
Diecisiete años atrás, por ejemplo, la Unión Europea dispuso la virtual eliminación de la Ñ,apoyándose en la presunta practicidad de su ausencia en los teclados de las computadoras, postuladapor algunos fabricantes. La insólita resolución, además de ignorar que uno de los países miembrosde la UE ostenta la letra Ñ en su propio nombre, estaba pésimamente fundamentada: ¿qué cosa máspráctica puede haber que usar un solo signo gráfico para simbolizar sonidos que a otros idiomas lesrequieren dos letras?

La Real Academia Española (junto a una legión de hispanoescribientes) puso el grito en el cieloy España debió acudir a un recoveco del Tratado de Maastritch y a una ley de sus Cortes para salvara la Ñ bajo el paraguas de una excepción de orden cultural.
En este escrito no postulamos la proscripción de una letra, sino su total anulación. Nosreferimos a la K y la causa que invocamos para proponer su remoción es su total inutilidad.
Somos conscientes de que, al hacerlo, desafiamos nada menos que a uno de los padres de laortografía castellana, don Gonzalo Correa y Duhalde, que en el siglo XVII propuso –a lainversa– la entronización de la K y la eliminación de la C y de la Q en su famoso Ortografíakastellana nueva i perfetta (1630), que sostenía una reforma de la ortografía castellana basada enla fonética.
La ilusión de una ortografía simplificada recorre la historia de la lengua y en esa quimerahan incurrido grandes hombres como nuestro Domingo Faustino Sarmiento, el venezolano Andrés Belloy, más recientemente, el colombiano Gabriel García Márquez. En rigor, el autor de Cien años desoledad sostuvo en 1992 una postura mucho más radical que una reforma: alegó la necesidad, lisa yllana, de “sin más trámite, jubilar la ortografía”. Un siglo y medio antes, en 1843,Sarmiento sugería en Chile eliminar la Y (reemplazable por la I latina), la C y la Z, allí dondeéstas dos letras pudieran ser reemplazadas por la S: se escribiría “caserolaso”; o“situasión mui difísil”; “Sanola” o: “Estoi cansado delcabesón”.
La reforma de Sarmiento aspiraba a simplificar la grafía, dado que en español un solo fonemapuede escribirse con más de una letra: la Y o el signo dígrafo LL expresan en la Argentina un únicofonema (en “yo” o en “lluvia”); las letras G y J (y en “México”también X) expresan un mismo fonema en “Méjico, México, gema, jirafa o gente”.
Lo mismo ocurre con las letras C, K y Q, que encarnan un idéntico fonema en “crisis,Cristina, campo, piquetes, Clarín, Kirchner, corrupción, cárcel”.
En búsqueda de simplificación y de economía de recursos, es obvio que hay que eliminar la K.Primero: tiene usos reducidos. No es indispensable adscribir a escuelas proteccionistas paraadmitir que, puestos a poner prioridades, preferiremos a una letra genuinamente nacional por sobreuna que es importada. Anular la C, como sugería el gran Sarmiento parece un despilfarro:
¿Por qué privarnos de una letra que cumple con eficacia dos funciones fonéticas (por ejemplo:en “condena” y en “celda”)?
Es apreciablemente más sencillo y redituable apartar la K, que se inscribe en un reducidogrupo de palabras y en todos los casos puede ser sustituida por la Q.
No se trata de jubilar la ortografía, entonces: ni calvo, ni tres pelucas. Alcanza con poneren su lugar a la árida, redundante, inútil K. Ni más ni menos.

* Periodistas y analistas políticos.

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