•MENOTTI-BILARDO, O LA AGONiA DE UNA DIALECTICA FUTBOLERA

La larga noche del dinosaurio

La larga noche del dinosaurio
24-08-2026 | 17:51

Comencé muy alto y he sabido labrar mi propia decadencia.”

Orson Welles (1915-1985); actor, director, guionista, productor. Genio.

Unitarios o Federales. Braden o Perón. Gatica o Prada. Florida o Boedo. Laica o Libre. Reforma orevolución. Liberación o dependencia. Privada o estatal. Sarli o Leblanc. Tita o Rhodesia. ¡Menottio Bilardo!

Por absurdo que parezca, pocas dicotomías nativas duraron tanto y dividieron tan apasionadamentelas aguas de la patria como estos estilos opuestos para encarar el juego y la vida.Incondicionales, los admiradores de los dos únicos entrenadores que levantaron una Copa del Mundohan logrado el milagro de mantener viva esta furiosa dialéctica durante cuatro generaciones. Ni elcruel paso del tiempo, ni los fracasos después de tanta gloria habían logrado quebrarlos. Hastaahora, claro.

Este curioso cargo de mánager por el que ambos transitaron –importado de la ricaEuropa– es al fútbol argentino lo que el Senado a los viejos políticos que, ya pasado sucuarto de hora, intentan mantenerse a flote en las brumosas aguas del poder. Un lugar seguro dondehacer la plancha. Pero nada es tan fácil en el viscoso ambiente de la pelotita. Como históricamenteha sucedido con nuestra economía, allí todo falla si puede fallar… y si no, también.

A Menotti lo dejó expuesto el fracaso total del proyecto que ideó para Independiente, que eyectóde su cargo al primario pero efectivo Tolo Gallego e impulsó a Dany Garnero, un chico con más ganasque espaldas para sostener un equipo a la deriva. A Bilardo lo aniquiló su incalificablegenuflexión al lado –¿al lado?– de Maradona. Confuso, contradictorio, temeroso, suimagen quedó reducida a menos que cero y así sigue, obnubilado con un poder que, se ve, ni siquierapuede sostener. No hubo fusible que los salvara del incendio.

César Luis Menotti, tan PC, arrastra en su historia la dura contradicción de su “apoyocrítico” durante el Proceso. Es paradójico y sin duda cruel para un hombre de izquierda serestigmatizado como “el director técnico del Proceso”, pero eso pasó: nunca es triste laverdad, lo que no tiene es remedio. Sus idas y vueltas incluyen la ceremonia de coronación conVidela, su firma en una solicitada de 1979 que reclamaba por los desaparecidos, su crítica alagónico gobierno militar en 1982 y el astuto “abrazo del oso” posterior de Galtieri. Detodo, como en botica. De regreso al llano, hubo algunas copas ganadas en Barcelona con Maradona,mucho ruido… y pocas nueces. Escucharlo hablar siempre es un placer, aunque su tolerancia ala crítica no es la mayor de sus virtudes. En ellas, oh no, suele intuir la maliciosa influenciadel enemigo resultadista. Incomodidades de la guerra permanente.

Si es cierto que existe una estética menottiana con la que me siento cómodo y una bilardista queme llena de pavor o perplejidad, confieso que la eficiencia técnica del obsesivo doctor siempre meha parecido admirable. Cuando decretó la muerte de los wines y armó sus defensas con líbero ystopper, por ejemplo, fue tan incomprendido como Beethoven después de su Grosse Fugue, y que Diosme perdone por la comparación. Bilardo no fue un genio, pero sí un predicador irrenunciable. Uncruzado del dogma que heredó de su maestro, Osvaldo Zubeldía. Su cabeza es, literalmente, unapelota de fútbol. Nada existe fuera de eso. Ni siquiera él.

¿Hay alguna frase del hoy balbuceante Bilardo que sea capaz de definir su esencia? Sí, una de suviejo libro Así ganamos, garabateado en agosto de 1986, en plena euforia: “Creo en un fútbolganador; una manera de jugar que no necesite justificativos porque estos están dados por losresultados”. ¿Qué tal? Un Bilardo auténtico, en estado puro. ¿Qué opino de su manera depensar? Seré brutalmente sincero: si la idea es ganar sin reparar en la forma, ya no haydialéctica, ni juego, ni sistema: sólo salvados y excluidos. Pasa en el fútbol y pasa en la vida,muchachos. Y no me gusta.

Los dos se amaron y se odiaron con Maradona, como casi todos. Menotti lo descartó en 1978 y lotuvo a los 22, en España: fue un fracaso. Bilardo se ató a él, en lo bueno y más que nada en lomalo. Hoy, superada esa Santísima Trinidad futbolera, solo queda el show, el espectáculo comoprioridad y único valor. Sobre cualquier idea, el brillo. El oropel del vencedor. Como le sugirió aStallone su dulce novia Adriane, que la tenía re clara: “Win Rocky, ¡win!” Después delOscar, vemos.

Uno pontifica, el otro balbucea. Uno lee, el otro baila. Uno piensa, el otro planifica. Los dosviven encapsulados en la verdad que les alquiló el Poder. No simpatizo con ninguno, lo confieso,pero reconozco en ellos la huella de un país que, al menos, se atrevía a discutir ideas, o algoasí. Gente ilusa batallando por lo intangible, lo abstracto. Nada que pueda comprarse en cómodascuotas ni ser regalado por Ricardo Fort.

Menotti y Bilardo, los ex. Un par de desaforados que todavía se odian por culpa de una idea, deun estilo, de una manera de ser o sentir la vida. Si me disculpan, y en estos tiempos de máximacrueldad… lo más parecido al amor.

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