En homenaje a la señora de Kirchner, empecemos con el “Por eso”, un latiguillofrecuente y hartante en sus discursos. En rigor, lo utiliza para enlazar primariamente un párrafocon otro y, para justificar en segundo término, en que tal decisión o medida se aplica “poreso”. Manual de la docente limitada. Puede amparar su insistencia en esa obscenidad para eloído en que nadie del entorno la advierte del detalle. O que se ha contagiado de esa rusticidad porculpa del periodismo escrito –tambien abusador de ese torturante recurso–, esaactividad que ella desea modificar para concederle mejor salud mental a la población. Al igual quetantos otros mandatarios, vecinos o no. Una mácula oral el persistente “por eso” en laspresentaciones de la Presidenta, quien por urgencias comprensibles carece de tiempo para corregiresos hábitos poco agradables, al igual que su marido, aún más desprolijo en sus alocuciones y ufanode esa recurrencia discursiva.
Se altera ella con la emergencia electoral, la multitud de tareas oficiales, hasta revela másdescuidos: agobiada, hace 72 horas sostuvo por la prisa de las palabras y la falta de revisión queMariano Moreno fue el creador de la Gaceta Mercantil. Lo dijo ante un grupo de editores yempresarios del sector que, por supuesto, saltearon esa falta de inspiración brasileña que podíaofenderlos, no la divulgaron por decoro o debido a que el gobierno les condonó una conmovedoradeuda impositiva (de la que se hará cargo, como siempre, el resto de los incautos contribuyentes).Tan política es la decisión –a pesar de que constituye un aporte razonable a la subsistenciade ciertos medios periodísticos pequeños– que le endilgan a Juan Carlos Mazzón la iniciativapara favorecer la economía de los medios, especialmente a un determinado multigrupo del interiorlitoraleño y de la Capital.
Mazzón, como se sabe, es un personaje clave en todas las administraciones peronistas, seanmenemistas, duhaldistas o kirchneristas: construye listas, desarma otras, formaliza acuerdos, sevuelve insustituible para negociar con facciones de todo el país, es factótum en la Casa Rosada detodas las etapas previas a las elecciones. Reúne por sus vínculos, además, otra condición notablede supervivencia: hoy es hombre de confianza de Néstor Kirchner y, también, de Carlos Reutemann.Sabe, por lo tanto, elegir. “Por eso”, utilizando esa perniciosa costumbre oral deCristina, hay que tomarlo en cuenta aun en decisiones técnicas que le corresponderían al ministrode Economía, Carlos Fernández, o a quien tal vez ejerza más ciertamente el cargo: Juan CarlosPezoa, el hombre que actualiza los números administrativos de los que se sirve Néstor Kirchner.
“Por eso”, no hay que evadirse de la moda presidencial, cuesta entender estaasistencia a los medios de comunicación justo cuando el Gobierno se arrebata por informaciones quejamás supo aclarar –por ejemplo, origen, desarrollo y destino de los fondos de SantaCruz–, y se rebela contra la prensa en general, a la que considera hostil. A la que acusa porno consultar fuentes oficiales cuando todo el mundo sabe que esas fuentes son inabordables desdeque los Kirchner ocuparon el poder. Y justo, además, cuando coinciden dos novedades que aparecenseparadas en los diarios y que, en rigor, deberían unificarse en una sola identidad política: lasexpropiaciones de empresas del sector privado y la búsqueda del control de las comunicaciones porparte de los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Tan amigas estas administraciones en la comunidad de intereses partidarios con la Argentina–al menos, en relación con los más distantes Chile, Uruguay o Colombia– que se tiende apensar en una misma desembocadura, en réplicas, aunque esa posibilidad sea negada desde la CasaRosada mientras más de un descreído piensa lo contrario con argumentos nada desdeñables.
El humor de Chávez
Se ajusta esta doble operación económica e intelectual en los países vecinos al honor deconsagrar el socialismo del siglo XXI, vernácula y montaraz expresión de quienes admiran y revivenparadójicamente el kruschevismo cubano (Stalin no merecería una comparación caribeña) del siglopasado. Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa repiten fórmulas añosas, como esos films clásicosque de tanto en tanto se reviven en la pantalla. En blanco y negro, por supuesto. Incautanempresas, les adosan personal, las pintan con los colores patrios, agravian a sus propietarios ysimulan que esas medidas beneficiarán al pueblo (como la aérea argentina que nunca voló). Al mismotiempo, como complemento, forjan medios de comunicación propios, anulan los ajenos y proponen unavoz única que traduzca un solo pensamiento a través de toda la prensa (deleznable intencionalidadque a veces manifiestan los grupos privados). Se diría que es una política regional y populistapara sostener en el poder lo que se logró en las urnas y a la que jura no adherir la AdministraciónKirchner. Por lo menos, en estos momentos. Aunque la necesidad en ciertos casos (evitar despidos,no perder mercado, bandera, por ejemplo), en ocasiones la obliga a cometer. Más, quizá, en elfuturo, si la recesión se agrava en el último semestre.
Afirma el preelectoral matrimonio Kirchner que esos proyectos de confiscación no figuran en sunómina de prioridades (son, sin embargo, el orgasmo alfa de muchos de sus exégetas), y, como sifuera un hallazgo capitalista a practicar, señala que no corresponde objeción ni reclamo alguno sia quienes se confisca se les paga un precio justo como compensación. Para adentro el juicio y,tambien, para afuera: así se ha consentido la sospechosa expropiación que Chávez le hizo a Techinten Venezuela, con una explicación argentina de usurero o de “patria financiera”: lo queimporta sólo es el precio del mercado, el dinero para sacar del mercado o del país a quien no esobediente.
No se contempla en esa depredación –por ejemplo– la naturaleza del emprendedor quese esforzó por ver un producto terminado, hecho con sus manos o su imaginación a través de lamáquina. Ni la de los trabajadores que acompañaron el proyecto. Autor de esa leyenda: el míticoconstructor de la Italia moderna, Luigi Einaudi, única frase en molde que exhibía en su espartanodespacho Agustín Rocca, hacedor de Techint (única multinacional argentina con cierto sabormilanés), enterrado por decisión personal en Campana junto a su primera fábrica de tubos. De esahistoria empresaria ni se acuerda el Gobierno; alguno de sus ministros dice miserablemente queantes de discutir con Chávez prefiere que el grupo consume un aumento de salarios al personal, elmismo que hasta dispone de una universidad modélica para sus hijos.
Hasta aceptó el Gobierno la bromista confesión de Chávez, quien en público se regodeó ante Lulaafirmando que él jamás estatizaría una empresa brasileña. Sí, en cambio, la de otros paíseshermanos e hispanoparlantes que le ofrecen techo y mejores intereses (aunque él, claro, devuelveparte de ellos, Antonini Wilson mediante). Curioso el sentido del humor de los Kirchner, ellos queno toleran las insignificantes caricaturas de Tinelli (aunque esa humanización cómica los beneficieen imagen); ni siquiera parece que hayan leido a Freud y su teoría sobre la no existencia delchiste. “Por eso”, nunca mejor el enlace que promueve oralmente el oficialismo; hayprevenciones en distintos sectores, el sector empresario en particular (hasta el sindicalista HugoMoyano se atacó con la ofensiva, madurando él una reflexión hacia el futuro: “Estamos con elmodelo, no importan los nombres”).
Ante el nerviosismo oficial, se reúnen los empresarios, critican a voz en cuello, convocan aldiálogo a la oposición, se pronuncian luego del silencio de un lustro y, por lo tanto, desafian aun gobierno intolerante con estos encuentros. Ven lo de Chávez como una represalia local por víaindirecta ejecutada por un extranjero, quizá porque Paolo Rocca, de Techint, se expresa desde hacepoco en la misma sintonía de Héctor Magnetto (Clarín), cuyos amigos y él mismo parecencondenados.
Ya son muchos los que se imaginan en una lista de espera para ser nominados en la crucifixión,como aquellos aztecas que aguardaban su sacrificio humano en honor del Sol y de su autoridadantropófaga. Hoy, están desnudos en su enemistad frente a Kirchner, pero él tampoco está cubiertoante ellos: las partes avanzan hacia una inevitable colisión. No hay desvios ni con los resultadosdel 28 de junio: todos creen que el Gobierno perderá las mayorías parlamentarias, pero se impondráen el distrito bonaerense para ventilarlo como si fuera un triunfo en todo el país. Lo que no serácierto y aumentará la tensión, y también la velocidad del choque. “Por eso”, las cartasestán echadas y Reutemann aparece –si gana– como una alternativa de pacífica concordiajunto a gobernadores que tampoco desean ofrecerse a la inmolación que caracterizó parte de lacivilización previa a la conquista española.
Tropiezos de campaña
Pero Néstor respira. Mejor, ahora. Gracias al pulmotor aportado por sus rivales más peligrosos.Cuando menos se esperaba, la oposición del peronismo disidente en la provincia de Buenos Airesempezó a languidecer, la oleada exitista que interpretaba se contuvo. Varias razones: demasiadosproblemas internos en la conducción colegiada (De Narváez, Macri, Solá); improvisación en lacampaña; tropiezos con la Justicia Electoral; y desavenencias con los principales aliados.Demasiadas dificultades a pocos días del comicio, que se pagan en las encuestas. Vale un desglosede esta prematura crisis que, por ejemplo, De Narváez intenta reparar con esforzadas y metódicasgiras por todo el interior de la provincia, casi un ejemplo de actividad partidaria que ni elpropio Kirchner puede emparejar. Aunque nadie sabe si la intensidad de ese trabajo essuficiente.Veamos:
l) Para el cuestionamiento interno, una noticia que ya es vieja: al día siguiente de laselecciones, explota el comando tripartito. De un modo u otro, ya lo dejó trascender Solá, unpostergado en la campaña, disminuido y desalentado por sus dos compañeros de mando, quienes debidoa la influencia de las encuestas –recomiendan el no acercamiento al ex gobernador, nisiquiera como invitado a sus cumpleaños– marcaron diferencias y se apartaron como si tuvieragripe porcina. Tampoco contribuyó el propio Solá con su personalidad: siempre atrasado para llegara las reuniones con gente de horarios estrictos, molesta cuando aterriza y promueve revolverdecisiones ya tomadas, plantea quejas por su extrañamiento, discute el agujero del mate (expresiónque no le corresponde al cronista) y exige que le respeten el 33% de responsabilidad que lecorresponde y solo –a regañadientes– le fue respetado en la confección de listas.Vendría a ocupar el devaluado rol de la Aeronaútica frente al Ejército y la Marina si pudieraencontrarse un símil con el manejo del poder en tiempos de los militares de la década del 70.
Ménàge a trois político
Para el peronismo tradicional, no resulta tentadora esa dispersión del mando: el ménàge a troissólo vale en la cama. En rigor, Macri se preocupó por armar un incipiente partido en el distritomás grande del país y De Narvaez, quizá sorprendido por su crecimiento de los últimos meses, noalcanzó a erigirse como la cabeza o líder del conjunto.
2) Algún impacto interno se advirtió también en el alejamiento forzado de sectores duhaldistas,lo que se comprueba en la hilera final de candidatos, obra de eliminación que impulsó Macri, no fuedefendida por Solá y, menos, por De Narváez. Se suponía que al “Colorado”, el máscercano al otrora caudillo bonaerense, le correspondía un alegato más firme ante lasdiscriminaciones. En rigor, los tres dirigentes se sometieron a pie juntillas ante los consejos delasesor Durán Barbas, un hombre que abrumó con las respuestas provenientes de grandes sectoresurbanos y otros menos periféricos. Nadie discutió sus dotes de conocimiento sobre el denso ycomplejo universo de Buenos Aires, el “profundo” o “prepolítico” con el quese suele denominar al segundo y tercer cordón de la provincia.
En verdad, luego de atender el último reportaje de este gurú electoral (diario Clarín, estasemana), habrá de rescatarse un pensamiento obvio, semejante al de una señora gorda del BarrioNorte porteño, más que al de un habitante de La Matanza. Este dato sobre deserciones obligadasinteresa por la cesación del servicio que podría dar, el día de las elecciones, lo que queda del“aparato” duhaldista: hoy ese núcleo se siente desanimado (por utilizar una metáfora dela indignación, ya que el miércoles a la noche hubo rebelión, trompadas y piedras frente a laspuertas de la delegación en la calle Báez, de Palermo, sede del comando, donde gritonearon conbombos peronistas desplazados).
Un agregado a esta improvisación de laboratorio: se suponía, por instrucción de los publicistascontratados, que el mensaje para convocar fiscales para los comicios recogería voluntades al pormayor, que sobrarían las anotaciones democráticas para velar por la transparencia de los votos.
Sin embargo, la cosecha imaginada –y pagada en los avisos– fue más decrépita que ladel agro castigado por la sequía: apenas dos mil inscriptos para ese ejercicio futuro, de loscuales –como corresponde– una buena parte debe ser sospechada como agentes encubiertosdel kirchnerismo. Salvo, entonces, el aporte exiguo del sindicalista Gerónimo “Momo”Benegas para revisar la elementalidad de boletas, cuarto oscuro y conteo final, no parecesuficiente la organización para enfrentar hábitos y picardías de intendentes profesionales en esasjornadas memorables (quienes, como se sabe, se rigen con una máxima que el peronismo copió de losconservadores: “Si no controlan las urnas, nos vemos obligados a cometer fraude”).
3) Para litigar en la Justicia Electoral, frente a un juez Blanco que apodan “elNegro” –lo que explicaría una dualidad intrínseca afiatada a través de los años–,el trio De Narváez-Macri-Solá optó por dos apoderados jóvenes, sin experiencia, que hasta ahorapenan y pecan como ingenuos, juntan orines en antesalas, soportan requisitorias de domicilios yresidencias, les demoran y complican presentaciones, hasta les pierden las listas por ellosentregadas.
4) El clima de fronda cupular se extiende suspicaz a los aliados: dentro del propio seno delterceto se erizan ante la posibilidad de que fracciones consideradas afines al duhaldismo le restencaudal de votos, sean las de Aldo Rico o las del confinado ex comisario Luis Patti. Si bienrechazaron estas adhesiones en su momento por razones de estética y ética –al revés de lo quehace el desprejuiciado kirchnerismo–, entienden que esas formaciones políticas les quitaránvotos sólo a ellos. Entre 2 y 3 puntos, un volumen fundamental cuando la distancia entre loscompetidores no es gigantesca.
Ya Duhalde y su señora, algo molestos con la persecución inesperada que padecieron –enverdad, la supresión de representantes propios, sean notorios como Mercuri o Brown, o postulantesmenores en concejalías o diputaciones provinciales–, parecen enojarse más con estasimputaciones probables. Más desde el día que le transmitieron a quien inventó a De Narváez, comoantes hiciera con Kirchner, que su presencia y su nombre en las inmediaciones de las listasprovocaban un efecto nocivo en los votantes. Se equivocó la forma de transmisión: en lugar de untécnico que sugiriese alejamientos con datos y números, se optó por delegar en José Luis Manzano laresponsabilidad política de recomendarle a Duhalde que se prescindiera de la campaña. “Miráquién me vino a decir –le comentó a sus amigos– que yo soy un indeseable en la políticade Buenos Aires. Justo él.”






