•Alguien tiene que ceder

La Moncloa de Cobos

“Alguien tiene que ceder”. Es la última carta documento de Julio Cobos, el vicepresidente de la República y principal figura de la oposición al kirchnerismo.

23-08-2026 | 13:35

Alguien tiene que ceder”. Es la última carta documento de Julio Cobos, elvicepresidente de la República y principal figura de la oposición al kirchnerismo. Hastahoy, el texto suscripto por Cobos fue tomado con ligereza.Característica extraordinariamente dramática de la actualidad.

El título se inspira –“hasta el más devoto plagio”, diría Borges– en laromántica comedia homónima, Alguien tiene que ceder, escrita y dirigida por Nancy Meyers.Estrenada en 2003. Fabulosamente interpretada por Jack Nicholson y la encantadora DianeKeaton. Al contrario del film livianamente pasatista de Meyers, el texto ficcional de Cobos pasócasi inadvertido.

Los oficialistas, frontalmente descalificadores, aprovecharon para insistir en el objetivode renuncia del autor. Lo gravitante es que se prefirió, enbloque, suponer que a través de “Alguien tiene que ceder”, Cobosproducía, a lo sumo, otra cleteada. De las tantas cleteadas mediáticas. Como si fueracualquier maratón de fondo. Las que permiten sostenerse, al Cleto. Entre la sustancialidad de losdiarios. A los efectos coyunturales de desmarcarse de las tensiones quegenera la Ley –a esta altura hartante– de Servicios Audiovisuales. La Ley–para la indiferente posteridad– Anti Clarín.

Sin embargo, si alguien se toma el trabajo de leer la última cleteada, “Alguientiene que ceder”, podrá comprobarse que la Ley Anti Clarín no tiene un pepino quever con la temática del relato. Sólo brinda el marco histórico. Detrás del llamado al“gran consenso nacional”, se encuentra, en realidad, el recetario de Cobos parasalir del laberinto argentino. La receta de Cobos, para pulverizar el encierro, remite a unadeclaración programada, de principios y de objetivos. A través delconglomerado voluntarioso de las seductoras ideas generales, que Cobos planificaimplementar, en apariencias formales, después de 2011.

Sólo Ricardo Romano, el pensador positivista del peronismo, pugnaba, cinco años atrás,desde el desierto, por la necesidad de instrumentar, en la Argentina, una suertede Pacto de La Moncloa. Trátase, como punto de partida, de la ilusoria idealización de loacontecido en España. Indica la receta textual de Cobos: “Es hora de generar políticas deEstado consensuadas, para solucionar problemas estructurales… en el mediano y largoplazo.” “Hoy lo prioritario es que a ningún argentino le falte seguridad, salud,trabajo y educación.” “Tomemos la problemática de la pobreza como eje… de un GranConsenso Nacional… para no sólo achicar la brecha del ingreso, sino también la brecha delconocimiento.” “En fin, para hacer en el presente una Argentina con futuro”,Cobos considera que “alguien tiene que ceder”. Concluye, literariamente, en que“ese alguien somos todos”.

De acuerdo con las normas y formas constitucionales, el recetario estratégico de Cobospuede aplicarse, tan sólo, a partir de 2011. Salvo, probablemente, en la primera(tormenta) de cambio. La seducción de las ideas moncloístas, presentadas con el envoltoriodel luminoso celofán del consenso, para ser aplicadas en loinmediato, necesitan de un detalle nada menor. Que “alguien” , institucionalmenteimportante, “ceda”. Que ceda, por ejemplo –Dios no lo permita– La Elegida.Y que improbablemente parta, La Elegida, antes. Junto a El Elegidor.

En el mejor de los casos, que los cónyuges partan hacia El Calafate. Para radicarse y construir,en la ciudad de tarjeta postal, el paciente significado, altamente epopéyico, de lanueva Puerta de Hierro. Una residencia más confortablemente plácida, con seguridad, que laemblemática quinta de Gostanian. Destino dorado, en todo caso, el de la quinta de Gostanian.Si se atiende el deseo, expresamente destituyente, de los innumerables enemigos que losKirchner, con el tiempo, amontonaron. Derivaciones infortunadas de la sucesión de verdugueos.De los altivos ninguneos. De las postergaciones innecesarias. Los atropellos. Las corrupciones. Lashumillaciones que permitieron acumular cargamentos indescifrables de espeso rencor.

*Extraído de jorgeasisdigital.com.ar

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