En Historia de la locura en la época clásica, Michel Foucault rescata el mito de la nave de loslocos o nef des fous, un extraño barco ebrio que transportaba su cargamento insensato por los ríosde Renania. En 1492, Sebastian Brant escribió su obra maestra, Das Narrenschiff (La nave de loslocos), en la que relata el viaje al país de la locura (Narragonia) de personajes de diferenteextracción social, cada uno de los cuales encarna un vicio humano. Cuenta Foucault en su libro, yen el capítulo que precisamente llamó Stultifera navis (Nave de los necios), que en la Edad Mediase había colocado a la locura en la categoría de los vicios que predecían el reino de Satán y elfin de los mundos. Los pasajeros de la incontrolable nave eran “aquellos que se entregan a laorgía y el desorden e interpretan mal las Escrituras”.
Esa es la impresión que tengo sobre el Gobierno y su política de medios: que interpreta mal lasEscrituras. Que los operadores que utiliza para instrumentarla son de “diferente extracciónsocial” pero cada uno “encarna un vicio humano”, como contaba Brant de su Nave delos locos. Y que con sus crecientes intervenciones en los medios, coronadas esta semana con elposible levantamiento del programa radial de Nelson Castro, va camino a crear un perfecto manicomioperiodístico.
¿Adónde va, comprando radio tras radio y publicación tras publicación? ¿No comprende que es unalocura, que no puede engañar a periodistas, anunciantes y audiencias, y que, como a la nave de loslocos, se lo rechaza en cada puerto que atraca?
Esta embarcación es una poderosa metáfora de múltiples significados, entre ellos el del viaje deexpulsión que emprenden dementes y lunáticos que no pocas veces conforman una tripulaciónrelacionada con el poder, lo que motivó decenas de ensayos y libros que interligaron locura y poderpartiendo del mito de la Stultifera navis.
Si no es desde el desapego de la razón, ¿de qué otra forma explicar que en el canal público detelevisión se censure explícitamente la participación del vicepresidente y el gobernador de Córdobadurante el festival folclórico de Jesús María, como hizo Canal 7 el sábado pasado?
Quienes tienen llegada al Gobierno sostienen que hay dos líneas dentro de aquellos queconstruyen o ejecutan la comunicación de éste: los materialistas y los ideológicos. Entre losprimeros se encontrarían Pepe Albistur, secretario de Medios del Gobierno nacional, y SergioSzpolski, propietario de las revistas 7 Días, Veintitrés, Miradas al Sur y la edición local deNewsweek, más los diarios El Argentino y Diagonales, de La Plata, y el diario económico BAE, quienrecientemente compró una parte de Radio del Plata, donde se estaría levantando el programa deNelson Castro, también acaba de adquirir las radios América y Aspen y le adjudican haber compradoel diario El Atlántico, de Mar del Plata, y radios de esa ciudad.
En el segundo sector, el de los ideológicos, se encuentran varios de los impulsores del grupointelectual Carta Abierta, quienes dicen horrorizarse al ver al Gobierno aliado con canales comoC5N y Radio 10. Ellos critican la política de comunicación oficial, quizá sin comprender que no setrata de la política de comunicación sino de la política a secas, porque el mismo maridaje que sedespliega con medios ideológicamente en las antípodas de un pensamiento progresista se concreta conAldo Rico dentro de su partido. Este sector de intelectuales, sin duda más coherente y sólidoideológicamente, tiene como referente y ejemplo al exitoso director del Canal Encuentros y actualpresidente del Sistema Nacional de Medios Públicos, Tristán Bauer, de quien depende el Canal 7 quecensuró a Cobos y Schiaretti.
Cada vez que apelan a la censura para silenciar a un medio, un periodista o un político, logranel efecto contrario y esa persona es elevada en la consideración del público. Cada vez que lanzan ocompran un medio de comunicación, sólo logran conectarse con una mínima audiencia y hacerinsignificante su prédica. ¿Hay otra causa, aparte de la necedad, que justifique que no se aprenda,de una vez por todas, que esa estrategia no sirve? ¿Algo más que un alejamiento de la realidad yuna vida encerrada en el círculo de adulones sin contacto con lo objetivo podría explicar tantarecurrencia en el error?
Lo mismo que hoy le hacen a Nelson Castro le hicieron a Pepe Eliaschev, Alfredo Leuco y VíctorHugo. Los resultados están a la vista: a pesar de que las persecuciones del Gobierno producen dañosen el corto plazo, el prestigio profesional de todos estos periodistas y la adhesión que despiertanen sus audiencias no paran de crecer.
Tapar el sol con las manos y duplicar la apuesta son tácticas cortoplacistas que se derrumbansolas. Por ejemplo, en diciembre de 2008, la revista Veintitrés publicó una nota de tapa con unasolicitada promovida por ella misma y firmada por algunos artistas que manifestaban su repudio a unartículo de la revista Noticias sobre los pagos del Gobierno a los artistas que contrató paraeventos especiales. Pocas ediciones después, esa misma revista publicó que yo era el ideólogo de unthink tank originado en una fundación filogolpista que integraban, entre otros, el ex generalSuárez Mason, usando como único sustento que esa fundación me había otorgado un premio. Cansado porla repetición del ataque, aclaré que nada tenía que ver con esa fundación y mucho menos con el exgeneral Suárez Mason. Y respecto de la solicitada en contra de la revista Noticias, me constaba almenos el caso de una artista, Graciela Borges, que no la había firmado a pesar de que la revistaVeintitrés decía que sí lo había hecho.
A la semana siguiente, la revista Veintitrés publicó que Graciela Borges había llamado a laredacción para desmentir lo escrito en esta contratapa y que la falsedad de PERFIL era doble,porque además yo había recibido el premio de la fundación que dije no haber recibido.
Finalmente, Veintitrés tuvo que publicar una carta aclaratoria de Graciela Borges, donde elladice “no firmo solicitadas” y “no haría de hecho nada en contra de PERFIL porqueme une con Fontevecchia una vieja amistad de más de veinte años”. Respecto a la segunda“falsedad” sobre que yo recibí un premio que dije no haber recibido, Veintitrésreproduce la primera parte de mi párrafo: “Ni fui a recibir el premio”, omitiendo laque dice: “Por una mínima cuestión de buena educación, acepto que los entreguen en laeditorial u otra persona los reciba en mi nombre, como fue en este caso”.
Así es la política de comunicación del Gobierno: inconsistente como su ideología, lábil,gaseosa, sinuosa, también brutal y agresiva, pero con pies de barro. Nelson Castro, uno de losperiodistas más creíbles del país, no saldrá silenciado, sino al revés: su voz se verá amplificadapor la torpeza de un Gobierno que siempre “interpretó mal las Escrituras”, como loslocos de la Stultifera navis.






