•dramatico caso de trata de mujeres

La nena que desapareció dos veces

Claudia Barrientos vive con la angustia de que su hija Federica, de 12 años, vuelva a desaparecer mientras comprueba que la investigación no avanza y que quienes ya se apropiaron de la nena, continúan buscando mujeres para la prostitución a través de Internet. Cómo actúan los “reclutadores” con sus ofertas de trabajo, tan atractivas como falsas, y sus juegos de seducción.

24-08-2026 | 04:15

Federica tiene 12 años y vive con su madre, Claudia Barrientos, en el barrio porteño de Boedo,cerca de Inclán y avenida La Plata. El sábado 28 de noviembre de 2009, salió de su casa a lascuatro de la tarde. Dijo que se iba a encontrar con Abel, un amigo, y no volvió. Cuando la mamá,Claudia, habló con él, Abel le aseguró que no veía a Federica desde hacía meses.
El lunes 30, a las dos de la tarde, dos vecinas reconocieron a Federica en Inclán y Muñiz, aunas pocas cuadras de su casa. La encontraron en estado de shock, mareada, sucia, la ropaembarrada, con una magulladura en el mentón y marcas de dedos en el hombro derecho. No tenía sucorpiño. Cuando veinte minutos después su madre se reencontró con ella, Federica, con la miradaperdida, no la reconoció al momento. Después sí, y entonces tuvo un acceso de llanto convulso comolos que aún hoy la acometen a menudo. Luego contó que no había comido en dos días y eso fue todo loque dijo sobre esas horas de ausencia.
Desde entonces, la nena se niega a estar sola, le teme a la oscuridad y no quiere que sumadre salga sola porque “te puede pasar algo”, según contó Claudia Barrientos a PERFIL.Días pasados, le preguntó a una psicóloga legista si hay “un método para olvidarse de lascosas”. También le dijo Claudia: “Me hubiera muerto, me ahorraba un montón detrámites”.
La madre, por su lado, vive con la angustia de que se la vuelvan a llevar, como ya le sucedióuna vez. Mientras, ve que la investigación no avanza.
Cuando Federica apareció aquel lunes, después de una inmediata y extendida movilizaciónpopular, un comisario, uno de los tantos policías con quien Claudia trató en esos días, le dijo:“Señora, usted armó tanto quilombo que la nena les empezó a quemar en las manos”.
¿A quiénes?

Trampas en Facebook. En la computadora de Federica quedaron registrados chateos con un tal PabloSantos. En ellos, él le dice que la quiere, que van a estar juntos para siempre. También le prometepresentarle un fotógrafo profesional para hacerla modelo. En su página de Facebook, publica unafoto suya: es un hombre de entre 25 y 30 años. La misma fotografía aparece en otra página, a nombrede Matías Larralde, nacido, según dice, en 1977. Federica tiene archivada una foto de ella con esehombre.
Santos, o Larralde, cuenta fastuosidades de sí mismo en Facebook: que tiene un automóvilPorsche, que pasó sus últimas vacaciones en Nueva Zelanda, que practica deportes de riesgo.
En la causa también aparece un tal “Yuki”, cuyo celular responde monótonamentecon la voz del contestador. Una sola vez desde que ocurrió aquello, Claudia logró hablar con“Yuki” y el muchacho (tiene unos 18 años) le preguntó: “Estoy en problemas¿verdad?”. “Vos sabrás”, le contestó la madre de Federica.
“Yuki” y Santos/Larralde aparecen juntos, otra vez en Facebook, durante unafiesta de Halloween.
Según pudo averiguar Claudia, esas personas paran habitualmente en la galería Bond Street, enSanta Fe y Rodríguez Peña, de moda entre jóvenes de clase media alta gracias al auge de lostatuajes, body painting, piercings, comics y la moda alternativa.
Federica volvió a desaparecer, esta vez por casi cuatro horas, entre las 4.20 de la madrugaday las 8.15 del 17 de diciembre.
Claudia, que apenas dormía desde la primera desaparición, se había acostado a las 3.30 y alas 6.00 se levantó. En la cama de la nena, unos muñecos acomodados bajo las sábanas intentabansimular su presencia dormida.
Claudia gritó. Cuenta que pensó en la posibilidad de que alguien hubiera entrado en eldepartamento para llevársela. Enseguida, bajó con un vecino a la calle y le preguntó por la chicaal policía de consigna. El agente la había visto salir y subir a un taxi. “No lareconocí”, explicó.
De la computadora de Federica surge que ese día había chateado con Christopher Christiansen,un nombre de fantasía, y éste le dijo que fuera a una casa de la calle Ayacucho “945 o954”. “Es un portón negro, enfrente de los chinos, Ayacucho y Lavalle”, leindicó. En esa dirección no hay portón negro alguno y Lavalle está al 400/500 de Ayacucho, no al900.
Federica volvió a las 8.15 con las mismas marcas en el mentón y en el hombro. Como antes, senegó absolutamente a contar lo sucedido durante su ausencia. Cinco minutos después, a las 8.20,Claudia recibió un llamado desde un número desconocido y una voz de hombre le dijo: “¿Viste?Te la llevamos cuando queremos y te la devolvemos cuando nos da la gana. Y si no queremos, no te ladevolvemos más”.
Ese llamado hizo reflexionar a un comisario: “Ahora sí, éstos son de una red detrata”.

Entre la burocracia y los cortes de calles. El sábado 28 de noviembre, Claudia Barrientospresentó la denuncia por la desaparición de su hija un par de horas después de ocurrida. No le fuebien en esos trámites.
En la comisaría 10ª, en la calle Muñiz, debajo de la autopista, la derivaron a la 34ª. Ahí,un ayudante de apellido Salcedo refunfuñó: “¿Cómo, no se la tomaron? Es la jurisdicción deellos”. Después de mucho insistir, en la 34ª abrieron una carpeta por “averiguación deparadero”, aunque no querían hacerlo porque Claudia no tenía con ella la partida denacimiento de la nena, “para acreditar el vínculo”.
Luego, sobrevinieron las preguntas de siempre: si se llevaba bien con la nena, si la chicatenía novio, si consumía drogas, si hubo peleas.
Hasta hoy, según averiguaron las abogadas que asisten a Claudia, Silvana Gracián y ClaudiaFerrero, el expediente no registra movimiento. La madre también soportó un peregrinaje poredificios tribunalicios. En la Comisaría, le habían dicho que no podían distribuir la foto de lanena sin un previo pedido de habeas corpus, pero en Tribunales le rechazaban el pedido porque,según le dijeron en la guardia, ese recurso sólo corresponde “a detenidos políticos o pararesguardar la integridad de un preso”.
Claudia todavía recuerda los sarcasmos de un funcionario del Juzgado 37. Toda esa desatencióntuvo una consecuencia: el comisario Cancio López, de Asuntos Internos de la Federal, llamó aClaudia para informarle que se abrió un sumario interno por el maltrato que recibió.
Mientras tanto, quienes sí tomaron la cuestión entre manos, decididamente, fueron los vecinosde Claudia y sus compañeros docentes, junto con diversos organismos (no estaban entre ellos niMadres ni Abuelas, que no quisieron atenderla, según informó).
Hubo cortes de calle en Avenida La Plata, con reparto de volantes y fotos a losautomovilistas, manifestaciones frente a la fiscalía y en el colegio de Federica y la movilizacióniba en aumento cuando Federica reapareció.
Por eso, aquel comisario le dijo a Claudia: “Usted armó tanto quilombo que la nena lesempezó a quemar las manos”.
Hasta el 17 de diciembre, cuando Federica desapareció de nuevo por cuatro horas, para que unavoz le dijera a su madre por teléfono: “Te la llevamos cuando queremos, y si no queremos note la devolvemos más”.
Como para recordarle que siguen ahí

También en Perfil