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La obamamanía llegó a Ginebra

Como en muchos otros frentes, la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca ha representado un giro de 180 grados en la diplomacia estadounidense hacia Ginebra. A sus ofertas de diálogo al mundo islámico, incluyendo a países del “eje del mal” como Irán, o su propuesta de relación con Cuba, se suma la reincorporación de Washington al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un foro que, ante su ausencia, lo condenaba una y otra vez, mientras eximía de toda responsabilidad a gobiernos dictatoriales de cualquier signo. La influencia de Estados Unidos ya se hace sentir en sus resoluciones.

23-08-2026 | 00:11

El arribo de Estados Unidos al Consejo de Derechos Humanos de la ONU tuvo sigilosamente lugar elviernes 19 de junio de 2009 en Ginebra, poniendo en evidencia el talante franco y preciso de laflamante diplomacia del presidente Barack Obama. Sucesor en 2006 de la histórica Comisión deDerechos Humanos de la ONU, este Consejo resulta el máximo órgano de Naciones Unidas en la materia,compuesto por 47 Estados elegidos a traves del voto secreto de la Asamblea General de la ONU, quese van rotando anualmente según una distribución equitativa por zonas del planeta. Sus decisionesson inapelables, virtual tribunal supremo de jurisdicción sin fronteras. Estados Unidos, Noruega yBélgica reemplazan a partir de ahora a Canadá, Alemania y Suiza dentro del grupo occidental quenuclea a la Unión Europea y América del Norte. Por América latina y el Caribe, fueron reelegidosCuba, Uruguay y México, constituyendo un grupo regional con Bolivia, Nicaragua, Brasil, Chile yArgentina. Lo coordina Colombia, pese a no formar parte del Consejo, aunque participa de losdebates, en pie de igualdad con los 192 Estados integrantes de la ONU, habilitada para hacer uso dela palabra, aunque sin voto a la hora de arbitrar.

La irrupción del gigante norteamericano se concretó al cierre de una importante sesión de tressemanas del Consejo, marcada por el deterioro de la hegemonía de los países islámicos, cuyo dominioreinaba en el seno de una corriente fundamentalista, conservadora y tolerante con las violacionesde los derechos humanos, que ha comenzado a fragilizarse progresivamente. Afianzada en Asia, esliderada por sus mentores políticos: Pakistán, Egipto, Argelia e Irán. Venía triunfando asistidapor Cuba y Rusia, relativamente influyentes en América latina y el este de Europa. Pero la vueltade los Estados Unidos al redil reafirma una alternativa forjada en los últimos meses, progresista,democrática y hostil a las violaciones de los derechos humanos. Allí se alinean los paísesoccidentales, Japón, Corea del Sur, la mayoría de los latinoamericanos, emancipados de lainfluencia nefasta de Cuba, y un buen número de gobiernos africanos que han roto la subordinaciónpara con el integrismo islámico, y resisten a la estrategia imperial y reaccionaria de Africa delSur en el continente.

Desde su puesta en marcha y bajo la égida musulmana, el Consejo se ha pronunciado por unasolución desequilibrada de los conflictos en Oriente Medio, descargando escencialmente sobre Israellas responsabilidades de la guerra en el Líbano y durante los enfretamientos en Palestina. Halimitado la legítima injerencia que podía ejercer contra los regímenes autoritarios en Corea delNorte, Bielorrusia, Uzbekistán y Turkmenistán, sin olvidar la falta de convicción sobre launiversalidad de los derechos humanos para afrontar las crisis en el Congo, Myanmar, Sri Lanka y elTíbet. Pero intentando sumar a esa deficiente foja de servicios el lavado del genocidio en Darfour,los países islámicos acaban de ser derrotados en su aventura de blanquear los crímenes de lesahumanidad cometidos en Sudán. Perdieron una doble votación el 18 de junio de 2009. Los doblegó unaconcertación diplomática de la que no fue ajeno Estados Unidos, en las vísperas de su entradaformal en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Egipto, portavoz del grupo africano en el Consejo, que congrega 13 de los 47 votos de susEstados miembros, y álter ego en las circunstancias de los 57 países de la Organización de laConferencia Islámica dispersos en Asia y en el Movimiento de los No Alineados que encabeza Cuba,propuso aquel día un proyecto de resolución, otorgándole a un inoperante “foro” localdar seguimiento a la situación en Darfour, aboliendo el mandato de la relatora de Naciones Unidaspara Sudán, la afgana Sima Samar. Las relatorías y grupos de trabajo en la ONU para derechoshumanos son mecanismos de investigación y monitoreo sobre casos específicos, procedimientos que lepermiten a la comunidad internacional mantener una vigilancia sobre dichos casos mediante expertosindependientes elegidos por el propio Consejo. Son personalidades de moral incuestionable y deformación especializada, que trabajan benévolamente en los temas que se le ecomiendan, ya seanpaíses o problemáticas especiales como la tortura, indígenas, ejecuciones extrajudiciales,detenciones arbitrarias, extrema pobreza o migrantes. La eliminación de Sima Samar significaba quela ONU perdía su observadora en un drama que acusa de limpieza étnica a fuerzas armadas oficiales ymilicias paramilitares adictas, las dos de obediencia islámica, por haberse cobrado alrededor de300 mil víctimas y más de 2,5 millones de desplazados, con el gobierno de Sudán obstinado ensalvaguardar la impunidad, presidido por Omar Al-Bashir, objeto de un pedido de captura de la CortePenal Internacional (CPI).

Las disposiciones en la ONU estipulan que los proyectos de resolución se abordancronológicamente en orden a la fecha y hora de registro. Y en la eventualidad de que se proponganenmiendas, éstas se votan antes para saber cuál es el texto definitivo que luego se somete alescrutinio. La Unión Europea, cuyo proyecto de resolución quedó inscripto exactamente un minutodespués que el africano, planteó entonces enmendar el texto patrocinado por Egipto, que se trataríaprimero, insistiendo en rescatar la idea del mandato de Sima Samar, que se deseaba voltear,pidiendo nombrar un nuevo experto independiente para Sudán por un año. El diseño era impulsadoentre bastidores por los Estados Unidos, al margen de que recién ingresaría públicamente al Consejoal día siguiente. A la enmienda le alcanzaron 20 votos para ganar, 19 en contra y 8 abstenciones. AEgipto se le quebró la retaguardia, sobre todo en Africa, con dos países que votaron a favor,República de Mauricio y Zambia, y otros cuatro que se abstuvieron (Burkina Faso, Ghana, Nigeria ySenegal). La Unión Europea, con un nutrido apoyo latinoamericano de México, Argentina, Brasil,Chile y Uruguay, solicitó inmediatamente que el proyecto enmendado se aprobara por consenso. Terco,Egipto insistió en ir a votación y volvió a perder por 20 votos en sostén de la resoluciónenmendada, 18 en contra y 9 abstenciones, debiendo lamentar el paso de Angola del no a laabstención.

Al bloque islámico le daba coherencia ideológica a la tenacidad en forzar la creación de unanorma internacional que castigue la supuesta “difamación de religiones”, veladaintención que bajo el rótulo de una generalizada defensa de las religiones, persigue blindar laimposición mundial de las reglas del islam, queriendo acallar a sus opositores. Sabiendo que elderecho internacional no ampara las religiones en tanto creencias sino a los fieles que lasprofesan en su derecho a practicarlas, y a los agnósticos y ateos, que no les dan crédito, latentativa buscaba implantar la censura en perjuicio de los autores de escritos o caricaturascríticas del islam, una sutil manera de coartar la libertad de expresión. No obstante, estareivindicación clave de los países identificados con la fe musulmana se desbarrancó en la recienteCumbre contra el Racismo celebrada en Ginebra en abril pasado, conocida como Durban II, que diocontinuidad al cónclave precedente llevado a cabo en la ciudad sudafricana del mismo nombre en2001.

En efecto, la declaración proclamada en Ginebra ratifica la libertad de expresión. Dejó en claroque no es tarea de la comunidad internacional defender una religión ni crear un nuevo delito aescala mundial, sino preservar los derechos humanos de las personas, sean o no creyentes. Eldocumento subrayó lo que ya estaba prohibido por los pactos de la ONU, es decir la aberranteapología en que pudiera caer cualquier individuo incitando al odio nacional, racial o religioso,quien debe ser penalizado por la Justicia interna de cada país. Durban II estableció que no hacefalta ampliar el arsenal legal internacional, extendiéndolo al presunto fenómeno de la“difamación de religiones”, obligando por efecto cascada a los Estados a promulgarleyes suplementarias, cerrándole así el camino al pretendido principio tendiente a consagrar unafalsa infracción. Esa victoria contra el islamismo fue obtenida por una alianza entre los paísesoccidentales, la mayoría de los latinoamericanos y algunos de Africa, casi la misma que acaba desalvar ahora la relatoría de la ONU para Sudán.

La evolución de ciertas condiciones políticas y la remodelación del perfil de algunos actoresestatales han modificado el panorama en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Son considerableslas desavenencias de Egipto con Hezbollah (Partido de Dios) en el Líbano, y en la Franja de Gazacon Hamas (Movimiento de Resistencia Islámico), ambos fogoneados por Irán, cuya autoridad se haquebrantado a raíz de las protestas ahogadas en sangre por los resultados de las eleccionespresidenciales, insubordinación popular que cuestiona reubicar en sus funciones al fanáticoantisemita Mahmud Ahmadinejad. No menos relevante es el apaciguamiento de la virulencia diplomáticade Pakistán por el agravamiento de su combate intestino contra los talibanes. Tampoco pueden pasardesaparecibidos los serios y persistentes abusos de represión interna sin solución a la vista enMyanmar y Sri Lanka. La rebelión de los Estados africanos solidarios con las víctimas en Darfourtambién han desgastado a los países islámicos en la escena internacional.


*Desde Ginebra.

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