La poeta irreversible

Leo todo lo que se publica de Marina Tsvetáieva, o acerca de ella. Sin ir más lejos, el otro día abrí al azar El clan de los insomnes, de Vivian Abenshushan, y como epígrafe de uno de los cuentos aparece una de sus frases perfectas.

La poeta irreversible
24-08-2026 | 11:17

Leo todo lo que se publica de Marina Tsvetáieva, o acerca de ella.

Sin ir más lejos, el otro día abrí al azar El clan de los insomnes, de Vivian Abenshushan, y como epígrafe de uno de loscuentos aparece una de sus frases perfectas: “Y pronto todos nosotros dormiremos bajo latierra; nosotros que nunca dejamos a los demás dormir en ella”. Eso alcanzó para que el librome gustara, dato corroborado, por cierto, cuando leí los cuentos: El clan de los insomnes es ungran manual de relatos deformes, o mejor dicho, de personajes deformados por el insomnio, un pococomo aquella frase de Blanchot: “La gente que duerme mal siempre parece más o menos culpable:¿qué hacen? Hacen presente la noche”. Publicado por Tusquets en México –ciudad en laque en 1972 nació Abenshushan– provoca cierta perplejidad que un libro de esa radicalidad nose distribuya en Argentina. Pero no hay por qué preocuparse: tarde o temprano, la literaturatermina quebrando la mano invisible del mercado y encontrando finalmente sus lectores. En cambio,se consigue en las librerías locales Marina Tsvetáieva, mi madre, escrito por Ariadna Efron,obviamente su hija, recientemente publicado por la editorial española Circe. Es absolutamenteirritante que la traducción no provenga directamente del ruso, sino de la versión francesa. Así,cada cita de un poema que leemos en castellano pasó primero del ruso al francés y luego a nuestroidioma. ¿Qué estamos leyendo? No lo sabemos, como parece no saberlo tampoco la traductora que, paracolmo, nos llena de galicismos como “hablaron de todo y de nada” (típica expresiónfrancesa –“parler de tout et de rien”– que en Buenos Aires traduciríamoscomo “hablar de bueyes perdidos”) y otros por el estilo, arruinando aún más el libro.Libro, por cierto, ya de por sí poco interesante: Efron se detiene en detalles insignificantes,llenos de lugares comunes sobre la relación entre poesía y vida, como si no lograra asir lacomplejidad de la obra de su madre. Entre tanto, ¿hace falta presentarla? Marina Tsvetáieva nacióen Moscú en 1892 y se suicidó en 1941 en Elábuga, al regreso de un largo exilio, hastiada de lapersecución stalinista sobre su familia. Entre medio, escribió poesía, teatro y notas ensayísticasde una infinita ironía triste, casi melancólica, cruzada con una meditación sobre el estatuto mismode lo poético y del transcurrir del tiempo. Su obra ha sido abundantemente traducida al castellano,incluso en Argentina, donde la editorial Paradiso publicó Cazador de ratas, una serie de largospoemas traducidos por Irina Bogdaschevski. Y si yo tuviera alguna influencia sobre la editorialAnagrama convencería a su editor para que reeditara urgentemente El poeta y el tiempo, mi librofavorito, publicado por ese sello en 1990, traducido directamente del ruso, agotado desde haceaños. Allí Tsvetáieva escribe una frase crucial para entender su estética: “A propósito delos que supuestamente llevan un retraso de uno o tres siglos, citaré un solo ejemplo: el del poetaHölderlin, que por los temas que trata, por sus fuentes e incluso su vocabulario, es un poeta de laantigüedad, es decir, llegó a su siglo XVIII con un retraso no de un siglo, sino de dieciocho.Hölderlin, que solamente ahora comienza a ser leído en Alemania, es decir después de que hantranscurrido más de cien años, ha sido adoptado por nuestro siglo, y ciertamente no es antiguo.Tras haber llegado a su siglo con un retraso de dieciocho, se ha revelado contemporáneo de nuestrosiglo XX. ¿Qué significa este milagro? Significa que en el arte es imposible llegar tarde; que noimporta de qué se nutra, ni qué busque resucitar, el arte es de por sí mismo avance. Que en el arteno hay retorno, que es movimiento continuo, es decir, irreversible”.

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